A Ella, símbolo
del Eterno Femenino
CORAZÓN GENTIL
No
hay
día
en
que
no
recuerde
aquel
día.
Aún
miro
tus
ojos
desde
aquí.
Por
vos
resplandece
mi
corazón
extraviado.
DE LUZ
"El sol sale sobre las avenidas" (Melina)
Poco a poco,
levantarnos de nuevo,
una vez más.
Es preciso seguir.
Es preciso salir de
la tristeza.
"Espero -me
dijiste- "ese rayito de sol
que me dé
calor".
Vos quedate junto a
mí.
Ayudame a pasar este
tiempo de prueba,
a encontar personas
que acepten
y compartan mi
fragilidad.
Permanecé junto a mí:
que el dolor no
prevalezca sobre la alegría.
Tu luz me ha vuelto
más sensible a los demás,
capaz de mayor
comprensión,
más atento al
sufrimiento de los otros.
Me enseñaste a dar
vida, presencia que permanece.
Porque ninguno vive
sólo para sí mismo.
Vivimos para los
demás y para Dios.
EL ADIÓS
Un dulce azul te
rescata del olvido.
Una barca dorada mece
tu sueño.
Tu frente está
cargada de una corona de violetas.
Tu sueño es el
silencio de caudalosos manantiales,
a la sombra de álamos
y recuerdos infantiles.
Serena flor amarilla:
¡a cuantos siglos
estoy de vos,
el pecho colmado de
preguntas sin respuestas!.
Hierática, habitás tu
mundo.
Entonces, ¿con qué
derecho susurro mi pasión tardía?
¿Quién soy para
irrumpir en tu paraíso
pleno de dulzores,
descubrimientos y primaveras?
Serena flor: nunca te
acerques al Triste.
Si recordara mi
camino
no me dolería tu
ausencia.
AZUL TRISTE
mi ángel guardián
mi sol rojo
mi dios escondido
mi árbol dorado
mi sola nube sobre
fondo azul
(triste azul)
ya estás
en tu paraíso lejano
inaccesible,
mientras
la alegría
se abroquela
en
una
tierna
madrugada
A LA MAGA
cuidame
del ensueño y la
huida
de la nostalgia y sus
frutos
de las esquinas sin
destino
del mar grávido
de las flechas del
mal amor
del sueño eterno y de
los mortales
de tus ojos de
cansancio y niebla
del eclipse emocional
y la hora extraña del
silencio
de mi pasión tardía
VI CAMINAR UNA MUJER
vi caminar una mujer
-delicados hombros al
nocturno-
yendo de mirada en
mirada
de boca en boca
de pupila a voz
la vi junto a la
pared
en sueños
o tal vez
en vigilia afiebrada
en desconcierto
la vi húmeda
frutal
trémula contra la
sombra
oculta para otros
iluminada
yo la vi
la vi fulgurar
para mi cantar
doliente
para alimento de
celebración
para mi reino de
ceniza
EL DULCE SOÑAR
"Acuérdome del tiempo
en que viniste a visitar mi pecho".
Giácomo Leopardi. La vida
solitaria
Anhelo de
perduración:
ojos cargados de una
noche diáfana de primavera,
de una luz más pura
que aires de jardines en octubre.
Esa imagen es mi
alma, como nunca mi alma.
¡Imágenes que unen
pasado y presente
para ir remontando
por un mundo
donde perduran lunas,
magnolias,
barrios antiguos y coronas
de azahares!
¡Acuérdome de ese
tiempo,
tiempo en que
llegaste a habitarme!
Pero no me engañé:
presentí que rozando
la estatua edificada
con fuego y viento,
sólo quedaría la noche,
la otredad, la
perdición.
Entonces ya no me
habitarás.
Bajo el sol negro de
las ausencias
me pondré a salvo de
tus poderes.
LLAMADO AL TRISTE
Algún día…algún día…
volverás, ¿no?
La piedra azul
descenderá sobre un mar calmo
sin lágrimas
iluminado desde su
centro
en el fondo del
estanque donde crecen corales rojos
Has zozobrado en casi
todo
ella era lo único
bueno y santo que te quedaba
pero ¿por qué estás
llorando?
¿por qué llora el
alma?
¿no se regocija en la
hora del véspero?
¿o sólo otea esta
realidad de error, confusión e iniquidad?
Levanta tu cabeza
como el león,
bebe del día, del
rostro
de la muchacha de
ojos grises,
de los golpes de
tambores al ritmo de tu ansia
Hay que mirarse de
cerca, frente a un espejo,
para ir bien al
fondo, a fondo
y apretar las muelas
hasta que la
mandíbula duela.
Y gritar con el pecho
descubierto
y resistir
y reconstruirse
AMARILLO SOL, OCRES
INESPERADOS
A Luis, de la isla Saint Michel
Vida a la intemperie
Paraísos de la calle
Hipólito Yrigoyen a la altura de Almagro
Ya comienza el otoño
Edificios nuevos
Casas derruidas.
Fábricas y galpones
que fueron.
Y a pesar del óxido
en las vigas
Es hermoso contemplar
el ocre de las hojas
El amarillo sol y los
verdes deslucidos
Las altas ventanas de
la Inspectoría
Salesiana
El baño de amarillo
sobre los ocres inesperados
Herido de vida
Luis sufriente
Arrullo esta escena
de barrio
Con devoción casi
religiosa
(Vendrá mañana
tal vez borrosa
Y en sombras)
Y a pesar del óxido
en las vigas
Es hermoso contemplar
el ocre de las hojas
El amarillo sol y los
verdes deslucidos
Sin responder al
llamado de dioses temblorosos
PATRIA INTERIOR
A los manes
que nos precedieron en el viaje
No hay beatitud más
grande
Que el haberlos
conocidos, almas queridas que partieron.
El paso de los años
las hace más cercanas:
En el soplo de vida
que infunden,
Por la prudencia que
masticaron
con dientes de
piedra,
Por la templanza
que forjaron a golpe
de martillo,
En los recuerdos
redivivos
que aletean junto a
las ventanas cada tarde.
Sobre los hombros del
dolor,
Anchas espaldas
pacientes,
Nos protegieron,
dieron al viento de
la calle,
al susto de la noche,
al andar agitado,
(esas veredas, esas
baldosas -cada una un mundo-
con sus resquebrajaduras,
retículas blancas, guardas ocres,
hilos de agua,
pigmentos de acero y musgo).
Los invoco y llamo:
Luis, Donato, Ramón,
Juan, Jacinto,
Enrique,
Angel, Cholo,
Leonardo,
Para que el viento
que los trae y lleva,
Golpee furiosamente
mi corazón adormilado.
Sí, los presiento,
manes agrarios
de la patria interior
que me arrebata,
Arcadia feliz,
tierra abisal de ira
donde brota el héroe,
el santo,
el loco,
el nómade.
Corazón: escúchalos y
arde.
EL AJENO
No ha de darnos
tregua este viaje.
No es cosa de andar
con llanto y castigo.
Ya el desprecio es
suficiente.
¿Para qué tanto
perdón y mensajes que no devolverán?
De tanto en tanto me
pregunto: qué metal les ha recubierto el cuero,
qué cuero les ha
recubierto la piel,
qué piel los ha vestido,
No hay palabra,
agujeta o abridor de lata que pueda meter cisura o rasguño.
Respiro profundo y me
sigo inquiriendo.
Persisto centrado en
símbolo: cruz, rosa, flama.
Ellos no están allí
–tierra de lo consagrado- en ofensas,
desdenes, risas de hienas
y declaraciones.
RESPUESTAS AL
CRISANTEMO
Digo que sí, flor de
muerto, flor de santo.
Las rosas son
peligrosas, pero no por sus espinas.
Pronto se marchitan y
nos dejan sin despedirse.
El amor no es
diamante, coronaria insomne,
No hay que ir a
buscarlo.
Tarde o temprano,
llega a nosotros
Como hiedra venenosa.
Vive sola, manzanilla
dulce de ojos albos.
Soporta el dolor y
las macetas con malvones.
Aguanta la
humillación de los agapantos extendida por decenios.
No debes cambiar por
la exigencia del otro.
Crea tu propia
leyenda, eterna estrella blanca y oro.
Trabaja la semilla
sin precio de venta.
Por fin, antimonia,
vierte tus colores generosos.
EL ASOMBRO
“El verdadero viaje de
descubrimiento no consiste en buscar nuevos paisajes sino nuevos ojos”.
Marcel
Proust
Durante siglos la
lluvia ha caído
Sobre nosotros
Lloviendo y
lloviendo, hemos visto deambular
Los cuerpos
encendidos, las madrugadas y los trenes.
Ellos nos llevaron
por caminos de viento.
Partimos hacia donde
el llamado de la sangre
Nos convocara.
Prevalecieron el
sueño, el dolor, y apenas, la dicha.
Yo lo sé porque he
mirado desde el corazón.
Desde el sitio de tus
ojos he mirado.
Desde el tibio río de
tus ojos he mirado.
Y sigo mirando.
Desde una copa vacía,
en albas desoladas
He mirado.
Transitando las
calles de una ciudad humana
He mirado.
Y he mirado tu
pasado: reconstruyendo los días de lluvia,
Los días de
adolescencia y los tiempos del primer amor,
Cuando, ¡oh
pasajera!, te dormías en atardeces arbóreos.
Si me preguntaras
–porque todo lo preguntás- cómo lo sé,
Te diré: a través de
tus ojos lo he mirado.
Desde el tibio río de
tus ojos he visto
Antiguos universos en
expansión,
Los azules árboles
reverdecer,
El viento posarse en
las avenidas,
Los trabajos de la
existencia humana,
Las edades,
El núcleo de la Tierra enfriándose,
Los asteroides caer a
mil corazones de energía.
También visto el
llanto.
Abrazar la piedra,
Cubrir la vida con un
océano de vida,
Deambular por
pasillos y paredes blancas,
Entrar a cuartos
asépticos
Y celebrar el
bautismo de un nuevo día.
Durante milenios,
siglos y días
La lluvia ha caído
sobre nosotros.
Lloviendo y lloviendo
sobre el alma,
Tantas veces a la
intemperie porque no hay
Refugio donde
cubrirla,
No hay descanso para
concederle,
No existe conjuro que
aleje el odio
y las devastaciones.
Como animal herido
Me alimento de mis
poderes,
Me nutro del agua del
temporal,
Suelo acostarme en
los empedrados y en las plazas,
y duermo la vigilia
de mis sueños.
Me expongo a la
lluvia.
Quiero la lluvia.
Aunque tu luz va poco
a poco secando los goterones
Y alejando los
aguaceros.
Aunque el resplandor
de estos días
Me desnude las
excusas.
Porque, con tanta luz
¿cómo guardaré mi
Transfigurada
melancolía?
¿qué preguntas
fingiré a la desterrada tristeza?
¿Qué canción o elegía
recitaré?
¿Cuánta muerte
arrojaré en su lugar?
Iluminás mi mirada
pluviosa,
Hacés brillar mi
espejo nocturno,
Poblás de sol mis
jardines abandonados.
Pero yo no te exalto,
Ni creo alrededor
tuyo un ídolo
Al cual adorar.
Agradezco que haya
amanecido.
Doy gracias por el
día.
Doy gracias al
equilibrio inestable
De luz y noche,
De alegría y
desdicha,
De lo solar y lo
lunar,
De lo fasto y lo
nefasto.
Yo te agradezco que
me ayudes
A mirar por tus ojos,
Descubriendo nuevos
abismos
Y cielos a los que no
creí llegar.
