lunes, 4 de abril de 2011

LIBIA Y LAS CRISIS QUE SE AVECINAN - REBELIÓN

Entrevista a Noam Chomsky
Stephen Shalom y Michael Albert -Znet

1. ¿Cuáles son las razones que mueven a EE.UU. en las relaciones internacionales, en el sentido más amplio? Es decir, ¿cuáles son las razones dominantes y los temas que se pueden detectar casi siempre en las opciones de las políticas de EE.UU., en cualquier lugar del mundo? ¿Cuáles son las razones más concretas, aunque también dominantes, y los temas de las políticas de EE.UU. en Oriente Próximo y el mundo árabe? Y, por último, ¿cuáles cree usted que son los objetivos más inmediatos de la política de EE.UU. en la situación actual en Libia?

Una manera útil de abordar la cuestión es preguntarse cuáles NO son las razones de EE.UU. Podemos averiguarlas de diferentes maneras. Una de ellas es leer la literatura profesional sobre relaciones internacionales: con bastante frecuencia, su relato de la política es lo que la política no es, un tema interesante que no voy a desarrollar aquí.

Otro método, muy relevante en este caso, es escuchar a los líderes y comentaristas políticos. Supongamos que se dice que las razones de la acción militar han sido humanitarias. En sí misma, esta afirmación no contiene información: prácticamente todos los recursos a la fuerza se justifican en esos términos, incluso lo hacen los peores monstruos, que pueden, con total irrelevancia, llegar a convencerse de la verdad de lo que están diciendo. Hitler, por ejemplo, pudo creer que se estaba apoderando de partes de Checoslovaquia para poner fin a los conflictos étnicos y llevar a su pueblo los beneficios de una civilización avanzada, y pudo creer también que su invasión de Polonia iba a poner fin al “terror salvaje” de los polacos. Los fascistas japoneses que arrasaron China probablemente creían que estaban su desinteresada iniciativa iba a para crear un “paraíso terrenal” y proteger a la doliente población de los “bandidos chinos”. Incluso Obama puede haber creído lo que dijo en su discurso presidencial el 28 de marzo sobre las razones humanitarias para su intervención en Libia. Y otro tanto puede decirse de los comentaristas.

Se las puede someter, sin embargo, a una prueba muy simple, para determinar si las nobles intenciones pueden ser tomadas en serio: ¿llaman los autores a la intervención humanitaria y la “responsabilidad de proteger” a las víctimas de sus propios crímenes o a las de sus clientes? Tomemos, por ejemplo, a Obama: ¿convocó a una zona de exclusión aérea durante la asesina y destructora invasión israelí, respaldada por Estados Unidos, de Líbano, en 2006, sin ningún pretexto creíble? ¿Acaso, no explicó con orgullo durante su campaña presidencial que él había patrocinado una resolución del Senado de apoyo a la invasión, en la que se pedía el castigo de Irán y Siria por impedirla? Fin de la discusión. De hecho, prácticamente toda la literatura de la intervención humanitaria y el derecho a proteger, escrita o hablada, desaparece tras esta prueba sencilla y adecuada.
Por el contrario, de las razones REALES poco se habla, y uno tiene que escudriñar los archivos documentales e históricos para descubrirlas, sea el Estado que sea.

¿Cuáles son entonces las razones de EE.UU.? A un nivel muy general, la evidencia me parece que demuestra que no han cambiado mucho desde los estudios de planificación de alto nivel iniciados durante la Segunda Guerra Mundial. Los planificadores en tiempo de guerra daban por sentado que EE.UU. saldría de la guerra en una posición de dominio abrumador, e instaron al establecimiento de una Gran Zona en la que EE.UU. mantuviera un “poder incuestionable” con “supremacía militar y económica”, que garantizase al mismo tiempo la “limitación de cualquier ejercicio de la soberanía” por parte de otros Estados, que pudiera interferir con sus designios globales. La Gran Zona debía incluir el Hemisferio Occidental, el Lejano Oriente, el Imperio británico (que incluía las reservas de energía de Oriente Próximo) y la parte de Eurasia que fuera sea posible, al menos su centro industrial y comercial en el Oeste del continente europeo. Está muy claro, basándose en registros documentales que “el presidente Roosevelt tenía por objetivo la hegemonía de Estados Unidos en el mundo de la posguerra”, para citar la precisa valoración del respetable historiador británico Geoffrey Warner. Y, más importante, los minuciosos planes de tiempo de guerra se llevaron a la práctica poco después, como podemos leer en los documentos desclasificados de los años siguientes, y como podemos observar en la práctica. Las circunstancias han cambiado, por supuesto, y las tácticas se han ajustado en consecuencia, pero los principios básicos son bastante estables, hasta el presente.

Con respecto a Oriente Próximo –la “región de mayor importancia estratégica del mundo”, en palabras del presidente Eisenhower– la principal preocupación ha sido y sigue siendo sus incomparables reservas energéticas. El control de éstas daría el “control sustancial del mundo”, como vio muy pronto el influyente asesor liberal A.A. Berle. Estas preocupaciones suelen ocupar un lugar prominente en los asuntos relativos a esta región.

En Iraq, por ejemplo, cuando las dimensiones de la derrota de Estados Unidos. ya no podían ocultarse, la retórica fue desplazada por un honesto anuncio de los objetivos de la política. En noviembre de 2007, la Casa Blanca emitió una declaración de principios en la que insistía en que Iraq debía conceder a las fuerzas militares de EE.UU. el acceso por tiempo indefinido, y también en que se debía dar preferencia a los inversores estadounidenses. Dos meses más tarde, el presidente informó al Congreso que iba a pasar por alto cualquier legislación que pudiera limitar el estacionamiento permanente de las fuerzas armadas de EE.UU. en Iraq o “el control por parte de Estados Unidos de los recursos petrolíferos de Iraq”, exigencias que abandonó poco después ante la resistencia iraquí, al igual que tuvo que abandonar los objetivos anteriores.

Si bien el control del petróleo no es el único factor en la política de Oriente Próximo, ofrece en cambio algunas directrices bastante acertadas, antes como ahora. En un país rico en petróleo, a un dictador de confianza se le garantiza una libertad de acción casi total. En las últimas semanas, por ejemplo, no ha habido reacción alguna cuando la dictadura de Arabia Saudí utilizó la fuerza masiva para aplastar cualquier signo de protesta. Otro tanto en Kuwait, donde unas pequeñas manifestaciones fueron aplastadas al instante. Y en Bahrein, cuando las fuerzas armadas dirigidas por Arabia Saudí intervinieron para proteger al monarca de la minoría sunita de las demandas de reformas por parte de la población chií reprimida. Las fuerzas gubernamentales no solo desmantelaron el campamento de la Plaza de la Perla –la Plaza Tahrir de Bahrein– sino que llegaron a demoler la estatua de la Perla que es el símbolo de Bahrein y de la que se habían apropiado los manifestantes. Bahrein es un caso particularmente sensible, ya que alberga la Sexta Flota de EE.UU. la fuerza militar más poderosa, con mucho, de la región, y también porque el Este de Arabia Saudita, en la puerta de al lado, es también en gran parte chií y tiene las mayores reservas petroleras del reino. Por un curioso accidente de la geografía y la historia, la mayor concentración de hidrocarburos del mundo rodea la parte norte del Golfo, en regiones de mayoría chií. La posibilidad de una alianza tácita chií ha sido la pesadilla de los planificadores desde hace mucho tiempo.

En los estados que carecen de grandes reservas de hidrocarburos, las tácticas varían, aunque por lo general se ajustan siempre al mismo esquema estándar cuando uno de nuestros dictadores tiene problemas: apoyarlo el mayor tiempo posible y, cuando resulta imposible, hacer pública declaración de amor a la democracia y los derechos humanos, tratando a la vez de salvar la mayor parte del régimen que sea posible.

El escenario es aburridamente familiar: Marcos, Duvalier, Chun, Ceasescu, Mobutu, Suharto y muchos otros. Y hoy, Túnez y Egipto. Siria es un hueso duro de roer y no hay una alternativa clara a la dictadura que apoye los objetivos de EE.UU. Yemen es un cenagal en el que la intervención directa probablemente crearía problemas aún mayores a Washington. Así que ahí la violencia estatal sólo produce declaraciones piadosas.

Libia es un caso diferente. Libia es rica en petróleo, y aunque EE.UU. y el Reino Unido han proporcionado con frecuencia un apoyo notable a su cruel dictador, hasta ahora, éste no es de confianza. Preferirían un cliente más obediente. Además, el vasto territorio de Libia está poco explorado, y los especialistas de la industria petrolera creen que puede haber abundantes recursos petrolíferos sin explotar, que un gobierno más previsible podría abrir a la explotación occidental.

Cuando comenzó un levantamiento no violento, Gadafi lo aplastó violentamente y estalló una rebelión que liberó Bengazi, la segunda ciudad más grande del país, y parecía a punto de asediar la fortaleza de Gadafi en el Oeste. Sus fuerzas, sin embargo, cambiaron el curso del conflicto y llegaron a las puertas de Bengazi. Una masacre era probable, y como el asesor de Obama para Oriente Próximo, Dennis Ross, señaló “todo el mundo nos culparía por ello.” Eso sería inaceptable, al igual que una victoria militar que potenciase el poder y la independencia de Gadafi. Ante esta tesitura, EE.UU. se unió a las Naciones Unidas en la resolución 1973, que establece una zona de exclusión aérea a cargo de Francia, el Reino Unido, y EE.UU., en la que este país podría tener un papel secundario.

No se hizo ningún esfuerzo para limitar la acción a la creación de una zona de exclusión aérea o siquiera a mantenerse en el mandato más amplio de la resolución 1973.

El triunvirato interpretó inmediatamente la resolución como una autorización para su participación directa del lado de los rebeldes. Se impuso por la fuerza un alto el fuego a las fuerzas de Gadafi, pero no a los rebeldes. Por el contrario, se les dio apoyo militar a medida que avanzaban hacia el Oeste, y enseguida se hicieron con las principales fuentes de producción de petróleo de Libia, y estuvieron listos para seguir adelante.

El flagrante desprecio de la resolución 1973 de las Naciones Unidas pronto comenzó a causarle dificultades a la prensa, ya que era demasiado grave ignorarlo. En el New York Times, por ejemplo, Karim Fahim y David Kirkpatrick (el 29 de marzo) se preguntaban “cómo podrían justificar los aliados sus ataques aéreos contra las fuerzas del coronel Gadafi en torno a [su centro tribal de] Sirte si, como parece ser el caso, goza de amplio apoyo en la ciudad y no representa una amenaza para los civiles.” Otra dificultad técnica es que la resolución 1973 del Consejo de Seguridad exige un embargo de armas que se aplique a todo el territorio de Libia, lo que significa que cualquier aporte externo de armas a la oposición tendría que ser encubierto (pero, de otro modo, no problemático).

Hay quien argumenta que el petróleo no puede ser una razón, porque las compañías occidentales ya disfrutaban de acceso al botín bajo Gadafi. Este razonamiento ignora las preocupaciones de EE.UU. Lo mismo podría haberse dicho de Iraq bajo Saddam, o de Irán o Cuba durante muchos años, y aún hoy en día. Lo que Washington pretende es lo que Bush anunció: control o, por lo menos, clientes de confianza. Documentos internos estadounidenses y británicos subrayan que “el virus del nacionalismo” es su mayor temor, no sólo en el Oriente Próximo sino en todas partes. Regímenes nacionalistas que pudieran llevar a cabo ilegítimos ejercicios de soberanía, violando los principios de la Gran Zona. Y que pudieran tratar de dirigir los recursos a cubrir las necesidades populares, como Nasser amenazaba ocasionalmente con hacer.

Vale la pena señalar que las tres potencias imperialistas tradicionales –Francia, Reino Unido, EE.UU. – están casi aisladas en la realización de estas operaciones. Los dos principales estados de la región, Turquía y Egipto, probablemente podrían haber impuesto una zona de exclusión aérea, pero sólo ofrecen un tibio apoyo a la campaña militar del triunvirato. Las dictaduras del Golfo estarían felices de ver desaparecer al errático dictador libio, pero a pesar de estar sobrecargadas de hardware militar de último modelo (servido generosamente por EE.UU. y Reino Unido para reciclar los petrodólares y asegurar su obediencia), sólo se atreven a ofrecer una participación simbólica (Qatar.)

Si bien apoyan la resolución 1973 del Consejo de Seguridad de la ONU (UNSC), los países africanos –aparte de Ruanda, aliado de EE.UU.– se oponen en general a la forma en que aquélla ha sido interpretada, a toda prisa, por el triunvirato, y en algunos casos esta oposición es muy firme. Para conocer las políticas de cada uno de los estados africanos véase el artículo del keniata Charles Onyango-Obbo (http://allafrica.com/stories/201103280142.html).

Más allá de la región hay poco apoyo. Al igual que Rusia y China, Brasil se abstuvo de en la votación de la ONU de la resolución 1973, instando en cambio a un completo alto el fuego y al diálogo. India también se abstuvo en la resolución, basándose en que las medidas propuestas pueden “agravar una situación ya difícil para el pueblo de Libia”, y también pidió medidas políticas y no el uso de la fuerza. Incluso Alemania se abstuvo. Italia también se mostró reacio, en parte quizá porque es muy dependiente de los contratos petroleros con Gadafi. Además, podemos recordar el genocidio que llevó a cabo Italia en el este de Libia, la zona ahora liberada, tras la primera Guerra Mundial, del que tal vez conserven algunos recuerdos .



2. ¿Puede alguien contrario a las intervenciones, que además cree en la autodeterminación de las naciones y las personas, apoyar una intervención ya sea realizada por la ONU o individualmente por algunos países?

Hay dos casos a considerar: (1) una intervención autorizada por la ONU, y (2), una intervención sin autorización de la ONU. A menos que creamos que los Estados son sagrados en la forma que se han establecido en el mundo moderno (por lo general mediante una violencia extrema), y que están dotados de derechos que anulan todas las consideraciones imaginables, entonces la respuesta es la misma en ambos casos: sí, al menos en principio . Y no veo motivo para discutir esta creencia, por lo que la voy a dejar de lado.

En lo que respecta al primer caso, la Carta (de las Naciones Unidas) y las resoluciones posteriores otorgan al Consejo de Seguridad una considerable latitud para la intervención, y ésta se ha llevado a cabo, por ejemplo, en el caso de África del Sur. Esto, por supuesto, no implica que todas las decisiones del Consejo de Seguridad deban tener la aprobación de “alguien contrario a las intervenciones, que además cree en la autodeterminación de las naciones y las personas”; otras consideraciones entran en juego en casos específicos, pero, una vez más, a menos que otorguemos a los Estados contemporáneos un estatus de entidades prácticamente sagradas, el principio es el mismo.

En cuanto al segundo caso –el que se plantea con respecto a la interpretación que hace el triunvirato de la resolución 1973, junto a otros muchos ejemplos– la respuesta es otra vez afirmativa, al menos en principio, a menos que tomemos el sistema estatal global como algo inviolable en la forma establecida en la Carta de las Naciones Unidas y otros tratados.

Siempre hay, por supuesto, una carga de la prueba muy pesada que es preciso soportar para justificar la intervención por la fuerza, o cualquier otro uso de la fuerza. La carga es especialmente alta en la segunda hipótesis, en casos de violación de la Carta, al menos para los Estados que profesan el respeto de la ley. Debemos tener en cuenta, sin embargo, que la potencia hegemónica mundial rechaza esta postura, y se autoexcluye de las Cartas de las Naciones Unidas y de la OEA, junto a otros tratados internacionales. Al aceptar la jurisdicción de la Corte Internacional de Justicia, cuando ésta se estableció (conforme a la iniciativa de EE.UU.) en 1946, Washington se excluyó de los cargos de violación de los tratados internacionales, y posteriormente ratificó el Convenio para la Prevención y la Represión del Genocidio, de 1948. con reservas similares. Todas ellas confirmadas por los tribunales internacionales, ya que su procedimientos requieren la aceptación de la jurisdicción. De manera más general, la práctica de EE.UU. es introducir reservas cruciales a los tratados internacionales que ratifica, eximiéndose en la práctica de los mismos.

¿Es soportable la carga de la prueba? No tiene mucho sentido discutir esto de manera abstracta, pero hay algunos casos reales que podrían ayudarnos. En el período posterior a la Segunda Guerra Mundial, hay dos casos de recurso a la fuerza que, aunque no pueden considerarse como intervenciónes humanitarias, podrían ser legítimamente compatibles: la invasión por parte de India de Pakistán Oriental, en 1971, y la invasión vietnamita de Camboya, en diciembre de 1978; en ambos casos, para poner fin a atrocidades masivas. Estos ejemplos, sin embargo, no entran en el canon occidental de intervención humanitaria, ya que sufren de la falacia de la institución errónea: no los llevaron a cabo los occidentales. Es más, EE.UU. se opuso a ellos encarnizadamente, en el momento álgido de las atrocidades, y luego castigó severamente a los “malhechores” que terminaron con las matanzas de la actual Bangladesh y de la Camboya de Pol Pot. Vietnam no sólo fue duramente condenado, sino también castigado con una invasión china apoyada por Estados Unidos, y con el apoyo militar y diplomático británico-estadounidense a los jemeres rojos camboyanos en sus ataques desde sus bases de Tailandia.

Si bien la carga de la prueba se puede soportar en ambos casos, no es fácil pensar en otros. En el actual caso de intervención por el triunvirato de potencias imperiales que están violando en estos momentos la resolución 1973 de las Naciones Unidas de 1973, la carga es muy pesada, dado su horrible historial. Sin embargo, sería demasiado fuerte sostener que nunca se puede soportar, en principio. A menos, por supuesto, que consideramos los estados-nación en su forma actual como esencialmente sagrados. La prevención de una masacre probable en Bengazi no es poca cosa, con independencia de lo que uno piense sobre las razones.

3. ¿Puede una persona interesada en que los disidentes de un país no sean masacrados en su búsqueda de la autodeterminación, oponerse legítimamente a una intervención que tiene por objeto, sean cuales sean sus razones, evitar una masacre?

Aun aceptando, por pura hipótesis, que la intención es genuina, que cumple el criterio simple que he mencionado al principio, no veo cómo responder a este nivel de abstracción: depende de las circunstancias. Podríamos oponernos a la intervención podría oponerse, por ejemplo, si ésta es probable que conduzca a una masacre mucho peor. Supongamos, por ejemplo, que los líderes de EE.UU., real y honestamente, hubieran tenido la intención de evitar una masacre en Hungría en 1956 y hubieran bombardeado Moscú. O que el Kremlin, genuina y honestamente, hubiera tenido la intención de evitar una masacre en El Salvador, en la década de 1980, mediante el bombardeo de EE.UU. Teniendo en cuenta las consecuencias previsibles, todos estaríamos de acuerdo en que esas acciones –inconcebibles– podría ser legítimamente contestadas.

4. Muchos ven una analogía entre la intervención en Kosovo, de 1999, y la actual intervención en Libia. ¿Puede explicar las principales similitudes, en primer lugar, y también las principales diferencias, en segundo lugar?

De hecho, muchas personas perciben esta analogía, lo que es un homenaje al increíble poder de los sistemas de propaganda occidentales. Da la casualidad de que contamos con excelente documentación de los antecedentes de la intervención en Kosovo, que incluye dos detalladas recopilaciones del Departamento de Estado, extensos informes sobre el terreno de los observadores –occidentales– de la Misión de Verificación de Kosovo, fuentes de la OTAN y la ONU, una comisión de investigación británica y muchos más elementos. Los informes y estudios coinciden estrechamente en los hechos.

En resumen, podemos decir que no se había producido ningún cambio sustancial sobre el terreno en los meses previos al bombardeo. Tanto las fuerzas serbias como la guerrilla del ELK habían cometido atrocidades –las de esta última fuerza, de mayor gravedad, en ataques desde la vecina Albania– durante el período en cuestión, al menos de acuerdo a las más altas autoridades británicas (Gran Bretaña fue el miembro más agresivo de la alianza). Las grandes atrocidades en Kosovo no fueron la causa de los bombardeos de la OTAN sobre Serbia, sino su consecuencia, una consecuencia totalmente previsible. El comandante en jefe de la OTAN, el general estadounidense Wesley Clark, había informado a la Casa Blanca semanas antes de los bombardeos de que éstos provocarían una respuesta brutal por las fuerzas serbias sobre el terreno, y, al comienzo del bombardeo, dijo a la prensa que esta respuesta era “previsible”.

Los primeros refugiados kosovares registrados por la ONU se producen en fechas muy posteriores al comienzo de los bombardeos. Con una sola excepción, la acusación de Milosevic, durante los bombardeos, basada en gran medida en informes de inteligencia anglo-estadounidenses, se limitó a los crímenes cometidos después del bombardeo, y sabemos que no podía ser tomada en serio por los líderes de Estados Unidos y Reino Unido, que en ese mismo momento estaban apoyando activamente crímenes aún peores. Además, había buenas razones para creer que una solución diplomática estaba al alcance; en efecto, la resolución de la ONU impuesta después de 78 días de bombardeo fue más bien un compromiso entre la posición serbia y la de la OTAN al comienzo.

Todo esto, incluso estas impecables fuentes occidentales, lo trato con cierto detalle en mi libro A New Generation Draws the Line. Nuevas informaciones que corroboran todo ello han aparecido desde entonces. Por ejemplo, Diana Johnstone informa de una carta a la canciller alemana, Angela Merkel, el 26 de octubre de 2007, que le envía Dietmar Hartwig, ex jefe de la misión europea en Kosovo antes de que fuera retirado el 20 de marzo con el anuncio del bombardeo, que estaba en una posición muy buena para saber lo que estaba sucediendo. Éste escribe:

No hay un solo informe presentado en el período comprendido entre finales de noviembre de 1998 y la evacuación en vísperas de la guerra que mencione que los serbios hayan cometido delitos graves o sistemáticos contra los albaneses, ni tampoco ha habido un solo caso que se refiera a incidentes o delitos de genocidio o asimilables a éste. Por el contrario, en mis informes he registrado en repetidas ocasiones que, teniendo en cuenta los ataques del ELK cada vez más frecuentes contra el Gobierno serbio, se ha demostrado que la aplicación de la ley por parte de éste ha sido hecha con una notable moderación y disciplina. El objetivo claro y citado a menudo por el Gobierno serbio ha consistido en observar rigurosamente el acuerdo Milosevic-Holbrooke [de octubre de 1998] para no dar ninguna excusa a la comunidad internacional para intervenir. (...) Hubo enormes “diferencias de percepción” entre lo que las misiones en Kosovo han estado informando a sus respectivos gobiernos y capitales, y lo que éstos han filtrado posteriormente a los medios de comunicación y al público. Esta discrepancia sólo puede ser vista como un elemento de preparación a largo plazo para la guerra contra Yugoslavia. Hasta el momento en que abandoné Kosovo, nunca había ocurrido lo que los medios de comunicación y, todavía más, los políticos afirmaban sin cesar. En consecuencia, hasta el 20 de marzo 1999 no había ninguna razón para la intervención militar, lo que hace ilegítimas las medidas adoptadas posteriormente por la comunidad internacional. El comportamiento colectivo de los Estados miembros antes y después del estallido de la guerra da pie a serias preocupaciones, porque la verdad fue liquidada y la UE perdió fiabilidad.”

La historia no es física cuántica, y siempre hay un amplio margen para la duda. Pero es raro que las conclusiones tengan un respaldo tan firme como en este caso. De un modo muy revelador, es totalmente irrelevante. La doctrina que prevalece es que la OTAN intervino para detener la limpieza étnica, aunque los partidarios de los bombardeos que toleran al menos un guiño a los abundantes elementos fácticos califican su apoyo al decir que los bombardeos eran necesarios para detener las posibles atrocidades: debemos actuar aun produciendo atrocidades a gran escala para detener las que se podrían producir si no bombardeásemos. Y hay justificaciones aún más impactantes.

Las razones de esta práctica unanimidad y pasión son bastante claras. El bombardeo se produjo en una virtual orgía de autoglorificación y pavor por parte de las potencias, que podría haber impresionado a Kim il-Sung. Lo he analizado en otro lugar, y no deberíamos permitir que siga en el olvido este notable momento de la historia intelectual. Después de este espectáculo, el desenlace tenía que ser simplemente glorioso. La noble intervención en Kosovo proporcionó este desenlace, y esta ficción debe ser celosamente mantenida.
Volviendo a la pregunta, hay una analogía entre las representaciones autocomplacientes de Kosovo y Libia: ambas intervenciones están animadas por nobles intenciones, según la versión novelada. El inaceptable mundo real sugiere en cambio analogías bastante diferentes.

5. Del mismo modo, mucha gente ve una analogía entre la actual intervención en Iraq y la intervención en curso en Libia. En este caso, ¿puede explicar las similitudes y las diferencias?

No veo las analogías significativas aquí tampoco, excepto que dos de los Estados participantes son los mismos. En el caso de Iraq, las metas son las que al final acabaron por reconocer. En el caso de Libia, es probable que el objetivo sea similar, al menos en un aspecto: la esperanza de que un régimen cliente fiable apoye los objetivos occidentales y proporcione a los inversores occidentales un acceso privilegiado a la riqueza petrolera rica de Libia, que, como he señalado, puede ir mucho más allá de lo que se conoce actualmente.

6. ¿Qué espera usted, en las próximas semanas, que suceda en Libia y, en ese contexto, ¿cuáles cree usted que deberían ser los objetivos de un movimiento, en Estados Unidos, contra la intervención y la guerra con respecto a las políticas de EE.UU.?

Por supuesto, es incierto, pero las perspectivas probables –hoy, 29 de marzo– son o bien una partición de Libia en una región oriental, rica en petróleo y dependiente en gran medida de las potencias occidentales imperiales, y una región occidental pobre bajo el control de un tirano brutal de limitadas capacidades; o bien una victoria de las fuerzas respaldadas por Occidente. En cualquier caso, lo que el triunvirato presumiblemente espera es un régimen menos problemático y más dependiente en lugar del actual. El desenlace probable es el que se describe con bastante exactitud, creo que por el diario árabe con sede en Londres Al-Quds Al-Arabi, en su número del 28 de marzo. Si bien se reconoce la incertidumbre de la predicción, prevé que la intervención puede dejar en Libia “dos estados, uno para los rebeldes en el Este, rico en petróleo; y uno, pobre, en manos de Gadafi en el Oeste (...) Una vez asegurados los campos de petróleo, podemos encontrarnos ante a un nuevo emirato petrolero en Libia, un país escasamente habitado, protegido por Occidente y muy similar a los estados-emirato del Golfo Pérsico.” O bien, la rebelión apoyada por Occidente podría continuar hasta el final para eliminar al irritante dictador.
Los que se preocupan por la paz, la justicia, la libertad y la democracia debe tratar de encontrar maneras de prestar apoyo y asistencia a los libios que tratan de forjar su propio futuro, libre de las limitaciones impuestas por las potencias extranjeras. Podemos tener esperanzas sobre la dirección a seguir, pero el futuro debe estar en sus manos.

ÁFRICA: EL LEGADO IMPERIALISTA DE GUERRAS, MISERIA Y HORROR

África: el horror

La situación actual del continente africano es la mayor condena del sistema capitalista, refleja de una manera gráfica y exacta la definición que hizo Lenin del capitalismo, un sistema de “horror sin fin”. El sufrimiento de las masas africanas aparece esporádicamente en los medios de comunicación, cuando la situación de hambruna, dolor o genocidio llega a tal nivel que es difícil de ocultar. Las guerras, la devastación, la pobreza, todas las calamidades que afligen a las masas africanas no tienen nada que ver con su supuesta naturaleza “salvaje”, no está arraigado en su cultura ni en su historia, sólo son el legado que ha dejado el colonialismo y el imperialismo.


Al final de la Segunda Guerra Mundial sólo había tres países independientes en todo el continente, durante los años sesenta la gran mayoría consiguió la independencia, décadas después es más que evidente que la independencia era sólo “formal”, sólo cambió la forma de dominio social y económico.

La “independencia” no fue un regalo altruista de las potencias imperialistas, sino que fue consecuencia de las luchas de las masas africanas que se incorporaron como un vendaval al proceso de la revolución colonial. En muchos casos, estos movimientos provocaron la aparición de regímenes bonapartistas que intentaban seguir el modelo de Moscú (Etiopía, Somalia, Mozambique, Angola…), y permitieron ciertas mejoras en las condiciones de vida de las masas de estos países.

Pero el derrumbamiento de la Unión Soviética también tuvo consecuencias desastrosas para el continente. La simple existencia de la URSS servía de freno a las ambiciones depredadoras de las potencias imperialistas, pero una vez desapareció se abrió la caja de Pandora. Durante los años ochenta se perdieron las pocas conquistas conseguidas anteriormente y desde entonces el empobrecimiento de todo el continente ha sido continuo. La fuente de esta pobreza no es “natural”, como muchos intentan convencernos, no tiene nada que ver con las sequías, las inundaciones, la falta de maquinaria adecuada, etc., todo esto, en última instancia, agudiza los problemas y las consecuencias de estas calamidades. La pobreza es producto directo de la economía capitalista, un ejemplo supremo del proceso que Marx describió en El Capital: “La acumulación de riqueza en un polo es al propio tiempo acumulación de miseria, tormentos de trabajo, esclavitud, ignorancia, embrutecimiento y degradación moral en el polo opuesto, esto es, donde se halla la clase que produce su propio producto como Capital” (Carlos Marx, El Capital. Libro I. Cap. 23).

Enorme riqueza y enorme miseria

África es quizá el continente más rico del planeta. En su subsuelo se encuentran una enorme cantidad de recursos naturales que permitirían que estos pueblos pudieran vivir en la abundancia. ¿Por qué esta riqueza no se utiliza en beneficio del pueblo africano? La economía mundial está dominada por los países más ricos y las multinacionales (500 controlan el 70% del comercio mundial). Este dominio es uno de los principales factores que bloquea el desarrollo económico de todos los países ex coloniales, ya sea en África o en América Latina.

Durante los años de dominio colonial ninguno de los países imperialistas se preocupó por el desarrollo industrial y económico de sus colonias. Las mantuvieron conscientemente subdesarrolladas, convirtiéndolas en economías dedicadas casi exclusivamente a la exportación de materias primas a Occidente. Pero los precios de las materias primas son determinados por las multinacionales (controlan más del 50% del comercio de los países ex coloniales) y los países ricos, y éstos los mantienen bajos porque así podrán fabricar sus productos con un coste menor. Pero al mismo tiempo, obligan a los países del Tercer Mundo a comprar sus productos manufacturados a precios de Occidente, provocando un comercio desigual y muy desfavorable para los países más pobres.

La losa de la deuda

El endeudamiento del continente africano es una enorme losa que impide cualquier avance por mínimo que sea. La deuda ha crecido en todo este período cuatro veces más que los ingresos conseguidos por exportación. La carga de la deuda supera dos veces a la de cualquier otra región del mundo. Según el Banco Mundial, África recibe cada año 13.000 millones de dólares en concepto de ayuda y al mismo tiempo anualmente devuelve 15.000 millones de dólares en concepto de repago de la deuda. El continente africano se ha convertido en un país exportador de capital neto al mundo desarrollado. Actualmente la deuda de todo el continente supera los 300.000 millones de dólares.

A esto se debe añadir los programas de ajuste estructural (PAE) impuestos por el FMI y el Banco Mundial. Los PAE son programas a los que obliga el FMI a todos aquellos países que piden préstamos, excepto a EEUU que es el mayor deudor del planeta. Desde 1980, 36 países africanos han aplicado estos programas con efectos devastadores para sus respectivas economías. Entre las medidas que imponen están la reducción drástica del gasto público, es decir, gastos sociales, aumentar la exportación de materias primas a Occidente a bajos precios, privatización de las empresas públicas y libre acceso de las multinacionales.

En Gana, por ejemplo, el gobierno tuvo que privatizar más de 130 empresas para satisfacer los requisitos del FMI, incluida la minería que es la principal fuente de ingresos del país. Eliminó todas las barreras arancelarias y acabó con las subvenciones a la sanidad y la educación. ¿Cuál fue el resultado de todas estas medidas? Una tasa superior al 20% de desempleo, subida de la comida y los servicios básicos. El PIB per cápita en 1998 era inferior (390 dólares) al de 1975 (411 dólares). El 78,4% de la población vive con un dólar al día y el 75% no tiene acceso a los servicios sanitarios. ¿Quién se benefició? Las multinacionales que poseen ahora el 85% de la industria minera y que repatrían el 95% de los beneficios al extranjero.

Zona estratégica para la supervivencia del capitalismo

En los últimos veinte años África se ha convertido en una zona estratégica para el imperialismo. En una situación de declive del sistema capitalista la lucha por los mercados y esferas de influencia entre las distintas potencias imperialistas ha adquirido un carácter violento y donde mejor se expresa este proceso es en el continente africano. El subsuelo africano cuenta con el 9% de las reservas mundiales de petróleo (100.000 millones de barriles) con unas características geológicas extraordinarias, el índice de éxito de las perforaciones es del 50% mientras que en el resto del mundo es de un 10%. Cuenta con el 90% de las reservas mundiales de cobalto, el 90% de platino, el 40% de oro, el 98% de cromo, el 64% de manganeso y un tercio de las reservas de uranio. Además las multinacionales y los países imperialistas, con la ayuda de los corruptos regímenes africanos, extraen estos recursos a un coste ridículo con mano de obra prácticamente esclava, entre la que se incluyen miles de niños.

Este continente también es la región del mundo más golpeada por las guerras. En la década de los noventa 32 de los 53 países que forman el continente sufrieron algún tipo de conflicto armado. Durante estos últimos años hemos visto imágenes aterradoras de las consecuencias de estas guerras, genocidios como el que vivió Ruanda, guerras civiles sangrientas como las de Angola, Mozambique o el Congo. Muchos pretenden que se trata de un destino inexorable, donde el “hombre blanco” no puede hacer nada. Pero no es así.

En cada una de las guerras que han asolado el continente africano estas últimas décadas ha estado detrás una u otra potencia imperialista. En las doce últimas guerras EEUU proporcionó armas y entrenamiento militar a once de los participantes. En 2002 el World Policy Institute, con base en Nueva York, publicó un informe que revelaba que EEUU había enviado 1.500 millones de dólares en armas y formación militar a África durante la guerra fría (1950-1989). Desde 1991 a 1995 EEUU proporcionó ayuda militar a 50 países de África y entre 1991 y 1998 la venta de armas y programas de formación militar a África ascendió a 227.000 millones de dólares.

La guerra en la República Democrática del Congo

Quizá el mejor ejemplo del papel que juega el imperialismo en las guerras africanas sea la guerra que en la República Democrática del Congo (RDC) que, en sus seis años de duración, causó más de tres millones de muertos. Este país se encuentra en pleno corazón de África y es el más rico del continente en cuanto a recursos naturales, cuenta con el 30% de las reservas mundiales de cobalto, el 10% del cobre, además de oro, uranio y lo más importante, petróleo. Además por su territorio pasa el Río Congo, comparable al Amazonas, y que contiene el 40-50% de las reservas de agua del continente, la central hidroeléctrica de Inga podría suministrar luz a todo el cono sur.

Un ejemplo de la riqueza mineral es que la media mundial de extracción de oro por tonelada de tierra removida es de 11 gramos, en el Congo es de 6-7 kilos, pero hay zonas en las que llega a 16 kilos. Sólo con la mitad del oro extraído de la mina Sezere se podría pagar la deuda externa del país. El cobre y el cobalto que se encuentran en los residuos de la mina de Kolwezi están valorados en 16.000 millones de dólares. Y lo más importante, el coltán, un mineral escaso en el planeta, fundamental (por su poco peso y sus propiedades superconductoras) para la fabricación de móviles, satélites, reactores nucleares, misiles, piezas de naves espaciales… hasta hace unos años se conseguía en Tailandia, Canadá, Brasil, Bolivia y Australia. Hasta que se descubrió que el suelo congoleño contaba con el 80% de las reservas mundiales de este mineral.

El conflicto se inició cuando en 1998 Ruanda y Uganda (dos gobiernos títeres de EEUU) ocuparon una parte del territorio congoleño con la intención de controlar las minas de coltán. Ruanda, por ejemplo, en 18 meses consiguió unos beneficios de 250 millones de dólares con la venta de este mineral. Al final en la guerra participaron siete países: Zimbabue, Angola, Zambia, Namibia, Ruanda, Uganda y el propio Congo, esta guerra se denominó la “primera guerra mundial africana” y detrás de cada uno de los ejércitos estaba una u otra potencia imperialista intentando meter sus zarpas en la riqueza mineral de este país. ¡EEUU envió armas y ayuda militar a los siete ejércitos!

Empresas como Nokia, Sony, IBM, Intel, etc., pusieron sus ojos en este país y crearon toda una serie de empresas, en algunos casos “fantasmas”, para conseguir los contratos de explotación. La mayor parte del coltán que se extrae tiene como destino EEUU, Alemania, Bélgica y Kazajistán. Los beneficios son enormes, en las minas trabajan más de 20.000 mineros en condiciones infrahumanas, ganan 10 dólares por cada kilo de mineral que después se cotiza en Londres a 250 o 300 dólares.

A pesar de su enorme riqueza el país está hundido en la miseria. De los 60 millones de habitantes el 75% vive con un dólar diario, menos del 20% tiene acceso al agua potable y a la luz. Hace dos años terminó “oficialmente” la guerra y el país disfruta de cierta “estabilidad” política y crecimiento económico. Kabila, que acaba de ganar las elecciones, ha conseguido reducir la inflación, sigue siendo la más alta del mundo, reactivar la minería y que la economía crezca, en 2005 el PIB creció 5 puntos. Pero la situación es extremadamente inestable y en cualquier momento puede reiniciarse la guerra.

Darfur

También recientemente ha salido a la luz la terrible situación que se sufre en la región de Darfur en el sur de Sudán. Esta guerra ya ha causado 300.000 muertos, 2.400.000 desplazados y 200.000 refugiados en Chad. Esta provincia durante los últimos años ha sido castigada por las sequías y la consiguiente hambruna. Esta situación se agravó con la política discriminatoria del gobierno sudanés que creó un enorme resentimiento entre la población que se sentía discriminada tanto políticamente como económicamente. En 2003 las tribus de la región se unieron en dos movimientos guerrilleros (Ejército de Liberación Sudanés y el Movimiento por la Justicia y la Igualdad).

Estos dos movimientos iniciaron su lucha contra las fuerzas gubernamentales, y contra las milicias nómadas (fuerzas paramilitares formadas por el gobierno) conocidas como yauyawids (árabes nómadas). Aunque en mayo del año pasado se llegó a un acuerdo para acabar el conflicto, Acuerdo de Abuya, no se han cumplido ninguno de sus términos, empezando por el desarme de ambas partes.

En el trasfondo de este conflicto también está la riqueza petrolera de la zona. Hace unos años China invirtió 300 millones de dólares para ampliar la refinería más grande de Sudán y duplicar así su producción. En 2004 comenzó la producción en Darfur y CPNC tiene el 41% de las acciones petroleras en el campo de Mahit Basin. EEUU ve con malos ojos esta presencia china y por eso ahora, de repente, se ha dado cuenta de que existe un genocidio en Darfur y en este caso parece que su apuesta es favorecer la independencia de la región creando así un nuevo estado que puedan controlar.

La entrada de China en escena

Al imperialismo norteamericano y europeo les ha salido una dura competencia, no sólo en África, sino en el resto del mundo. Desde hace unos años China ha aumentado significativamente su presencia en el continente africano. El comercio con África ha aumentado más de cinco veces desde 2000 y el año pasado alcanzó la cifra de 55.500 millones de dólares. Para 2010 se calcula que alcanzará los 100.000 millones de dólares.

En los años noventa países como Burkina Faso no mantenían ningún tipo de relación comercial con China y hoy envía dos tercios de sus exportaciones a este país, sobre todo algodón para los textiles chinos. En 2005 Angola superó a Arabia Saudí como principal suministrador de petróleo al gigante asiático. China importa algodón, cobre, hierro, oro, platino y petróleo de África, al mismo tiempo que está haciendo inversiones en infraestructuras para poder facilitar la extracción y el transporte de las mercancías. El pasado mes de noviembre se celebró el Segundo Foro Chino-Africano con la presencia de la mayoría de los países africanos, entre otros proyectos se decidió la construcción de una planta procesadora de aluminio en Egipto, otra de cobre en Zambia o una autopista en Nigeria. En los próximos tres años China concederá 33.000 millones de dólares en préstamos preferenciales y otros 2.000 millones en créditos. Paul Wolfowitz (presidente del Banco Mundial) criticó estos “préstamos suaves” chinos, porque rivalizan directamente con el papel que tienen organismos como el Banco Mundial o el FMI en la esclavización de estos países y en velar por los intereses del imperialismo estadounidense en la región. Pero la relativa “suavidad” de China no debe confundirnos porque sus intereses son similares, el control de los recursos naturales, pero en la medida que ha entrado más tarde en la escena del mercado capitalista necesita este tipo de política que la diferencia del imperialismo norteamericano y europeo con sus rudos métodos de explotación y dominio. Sólo basta un ejemplo. En 2006 China adelantó a Zimbabue un préstamo de 200 millones de dólares, más o menos un año después el gobierno de Zimbabue devolvió a Sudáfrica un crédito que le había concedido este país valorado en 500 millones de dólares, porque las condiciones que imponía el gobierno sudafricano, siguiendo órdenes del FMI, eran la liberalización de la economía y eso suponía un riesgo para el inestable régimen de Robert Mugabe. China prestó el dinero al mismo interés pero sin esas condiciones. Esto provocó las iras del gobierno sudafricano.

Pero la presencia china en África está provocando tensiones no sólo con el imperialismo europeo y norteamericano, también con los distintos regímenes africanos porque China ha conseguido, además, introducir sus productos en el mercado africano. Por ejemplo, en Etiopía el 90% de los productos que se venden en el principal mercado de la capital están fabricados en China. Esto ha provocado toda una serie de comentarios, empezando por el gobierno sudafricano, denunciando demagógicamente el papel imperialista de China, en realidad lo que están haciendo es defender los intereses económicos de sus respectivas empresas que están sufriendo la competencia de los productos chinos que inundan sus mercados a precios más baratos, como ocurre en el resto del mundo. Recientemente el gobierno sudafricano ha introducido cuotas a la exportación de textiles chinos.

Pero además ha empezado a surgir otro problema más serio para el gobierno chino, las protestas de los trabajadores africanos. Las empresas chinas en África imponen unas condiciones laborales draconianas, no sólo ritmos de producción, escasas medidas de seguridad sino que además prohiben cualquier actividad sindical. En la última visita de Hu Jintao hace unas semanas al continente tuvo que suspender su viaje a Zambia por las protestas de los trabajadores.

En este país la empresa minera estatal china, China Non-Ferreus Metal Mining (Group) compró una mina en el cinturón del cobre, en Chambishi, en 1998, es verdad que eso generó empleos e inversiones. Pero los nuevos dueños chinos impusieron nuevas condiciones laborales y prohibieron la actividad sindical. En 2005 hubo una explosión que provocó decenas de muertes debido a la falta de medidas de seguridad, no es casualidad que China tenga la tasa más alta del mundo de muertes en la minería. Fue el peor desastre laboral de la historia del país. Los empresarios ni siquiera indemnizaron a las familias. Al año siguiente estalló una protesta laboral en la misma mina contra las condiciones de vida y los trabajadores se encontraron con la feroz represión de los vigilantes privados de la mina que asesinaron a cinco trabajadores. Esto ha provocado un gran resentimiento con el gobierno chino. Y este descontento con las condiciones impuestas por las empresas chinas no es algo aislado de Zambia sino que empieza a generalizarse.

Zimbabue, Egipto, Guinea Conakry… el proletariado comienza a despertar

Aunque la principal actividad económica del continente africano todavía es la agricultura, hay países como Sudáfrica, Egipto, Zimbabue o Nigeria que cuentan con un proletariado formado por millones de trabajadores y que será determinante para el futuro de la revolución en el continente. Igual que en los sesenta y setenta vimos la irrupción de las masas africanas en la lucha, de la misma forma en el futuro veremos como los trabajadores y campesinos africanos se incorporarán a la lucha por el socialismo.

En Marruecos desde hace unos meses está habiendo luchas importantes en sanidad, pensionistas, estibadores y el año acabó con un movimiento generalizado de los trabajadores y los campesinos marroquíes contra la subida de los precios. El 17 de enero se inició en Guinea Conakry una huelga general que duró 18 días, era la tercera huelga general en un año. Este país es el primer productor mundial de bauxita, produce oro, diamantes y tiene decenas de miles de acres de cultivos destinados a la exportación. Un país rico donde la mayoría de la población vive con menos de 2 dólares al día. A pesar de la brutal represión, oficialmente 56 muertos, la huelga continuó hasta que el gobierno aceptó las condiciones de los sindicatos, que no sólo estaban relacionadas con los precios de la gasolina o el arroz, sino que además consiguieron que aceptara el cambio de gobierno. Como el gobierno no cumplió el acuerdo se reinició la huelga, pero con un carácter aún más ofensivo, con ocupaciones de edificios públicos, etc., parece que finalmente han llegado a un acuerdo.

Otro país que está viviendo una auténtica explosión social en el momento de escribir este artículo es Zimbabue. Este país lleva años gobernado por Robert Mugabe que cuando se ha visto en la cuerda floja no ha dudado en recurrir a políticas populistas, como hace unos años, cuando expropió a los granjeros blancos teóricamente para repartir la tierra entre los campesinos pobres. Estas expropiaciones tenían un carácter puramente demagógico porque después no puso ningún medio para que los campesinos pudieran cultivar estas tierras quedando en su mayor parte sin cultivar. Situación que se agravó por las sanciones económicas impuestas por el imperialismo.

El país lleva seis años hundido en la crisis económica, con una tasa de inflación del 1.600% y con una tasa de paro del 70%. Hay escasez de combustible, cortes de luz, faltan medicinas. Las luchas empezaron en el sector público cuando los funcionarios iniciaron una huelga para conseguir una subida salarial que compensara la inflación y les permitiera salir de la pobreza. La represión policial ha sido feroz. Una vez más Mugabe intenta recurrir al populismo y para calmar la situación ha anunciado que nacionalizará la industria de diamantes.

Y por último, otro de los países que también está sufriendo un aumento importante de la lucha de clases es Egipto. Este país además es importante por las repercusiones que tiene dentro del mundo árabe. Mubarak gobierna el país desde hace años con mano de hierro, sin ningún tipo de derecho democrático. En las últimas semanas ha estallado una oleada de huelgas, comenzando con los trabajadores de la mayor empresa estatal del textil del país y que se han extendido como un reguero de polvo a otras empresas del sector, al cemento y la minería entre otras. Decenas de miles de trabajadores están participando en las huelgas y lo más importante de todo, vinculando sus reivindicaciones laborales con la exigencia de los derechos democráticos. Hasta ahora los dirigentes sindicales, en su mayoría puestos por el gobierno, han sido incapaces de controlar la explosión social y se han visto relegados a un lado. Esta situación es preocupante para el imperialismo estadounidense ya que Egipto es el país que más ayuda militar recibe de EEUU y uno de sus principales aliados en la región y hasta ahora también de los más estables, pero parece que esta situación ya ha llegado a su final.

África es el mejor ejemplo de la corrección de la brillante teoría de León Trotsky sobre la revolución permanente. En el próximo período los trabajadores y las masas pobres africanas demostrarán su potencial, como ya vimos hace años con la heroica lucha de las masas sudafricanas contra el apartheid. La verdadera liberación de las masas africanas de la dominación y explotación imperialista, la mejora de sus condiciones de vida, el final de las guerras sangrientas que han devastado y seguirán asolando la región, sólo se podrá conseguir con el socialismo.

Fuente: Rebelión. 18.03.07 Autora: María Castro

domingo, 3 de abril de 2011

A 35 AÑOS DEL ASESINATO DE BERNARDO ALBERTE

 

La primera víctima, un símbolo

Por Bernardo Alberte (h)

El teniente coronel Bernardo Alberte fue edecán de Perón en 1954 y su delegado personal desde comienzos de 1967 hasta marzo de 1968. En las primeras horas del 24 de marzo de 1976, un grupo de militares y policías uniformados violentó su departamento y lo asesinó arrojándolo por una ventana. El ex delegado de Perón terminaba de escribir una carta al jefe del Ejército, Jorge Rafael Videla, en la que le advertía del error que significaba un nuevo golpe militar. Su historia y la carta.
La Argentina tiene el triste privilegio de haber introducido la categoría sociológica y política del desaparecido. La dictadura cívico militar ejecutó un plan sistemático de exterminio de seres, de los cuales sólo debía saberse que desaparecieron. Ello pertenece a esa necesidad de que el vencido no tenga memoria, no tenga historia, no haya existido. La rememorización de estos arquetipos no es solamente una vuelta al pasado, sin memoria, sin rememoración el sujeto no existe. Por eso es tan importante la memoria, si no se ejercita desaparecemos, es por ello que los vencidos no tienen historia. Y es por eso que no nos sentimos derrotados.
Bernardo Alberte, mi padre, junto a miles de compañeros no fueron derrotados, fueron asesinados por fuerzas antinacionales. Alberte murió por ser impulsor y partícipe activo de una revolución, lo asesinaron porque comprendió la realidad e intentó modificarla. Hoy estos arquetipos aparecen como símbolos presentes a los que hay que imitar.
Bernardo Alberte fue un militante revolucionario que supo combinar la teoría política con la dignidad de una práctica revolucionaria, que no dudó en sostener con su propia vida a pesar de que tanto la amaba.
Cada vez que se mata a un militante hay un mensaje que se silencia. Cuando estos asesinatos son los primeros de una etapa, cuando las organizaciones criminales eligen a su primera víctima, buscan en ella el sentido simbólico de aquello que quieren destruir. Por eso no puede sorprender que el entonces Mayor Bernardo Alberte haya sido la primera víctima del proceso militar.
A 35 años de su asesinato, nosotros, militantes del campo popular rendimos nuestro homenaje, no en un sentido restrictivo, partidista, sino en un sentido amplio, abarcativo. Es decir, no se rinde homenaje a Alberte porque fue peronista. Se rinde homenaje a Alberte porque siendo militar combatió al golpismo y a las dictaduras militares y se rinde homenaje a Alberte porque siendo peronista se opuso al participacionismo y se opuso a la domesticación del Peronismo y se opuso al liberalismo económico en el Peronismo, que ya actuaba en vida de Alberte, bajo el gobierno de Isabel Martínez y López Rega. Porque siendo peronista se opuso a la Triple A. Se rinde homenaje a un hombre íntegro que no dudó en arriesgar el bien supremo, la vida, sin claudicaciones, siendo coherente con lo que pensaba, decía y amaba.
Hoy con esperanza vemos que somos una de las pocas sociedades que ha llevado adelante una política intensa de juzgamientos a los responsables de crímenes de lesa humanidad, consolidando la idea de que el Estado debe ser el garante de los derechos fundamentales de sus ciudadanos y no su principal violador.
A partir del 2003, el gobierno ejercido por el compañero Néstor Kirchner tuvo la voluntad política de culminar con las leyes y símbolos de la impunidad del terrorismo de Estado. Ejemplo de ello fue la derogación de las leyes de impunidad y del indulto a los genocidas de la dictadura. Eso hizo posible el reinicio de los juicios que se han realizado y se están realizando. Otro acto que debemos valorar, y a no dudar significó todo un símbolo, es el haber descolgado los cuadros de los genocidas Videla y Bignone de las galerías del Colegio Militar, lugar donde estudian los futuros oficiales de las Fuerzas Armadas, así como el de convertir a la ESMA en un centro de la memoria, hechos que cristalizan la lucha que emprendieron las Madres, las Abuelas, los Hijos y todas las demás organizaciones de derechos humanos, sociales y políticas comprometidas con la lucha por la verdad y la justicia.
Sin embargo aún nos queda un largo camino por andar. En el caso particular del asesinato de Bernardo Alberte, a fines del año 2003 su familia solicitó al Juzgado Federal Nº 3 a cargo del Dr. Daniel Rafecas la reapertura del juicio iniciado en el mes de Abril de 1976 que investigaba el homicidio, donde oportunamente se habían dado infinidad de detalles del operativo militar, como también los nombres de dos generales retirados, que ocuparon puestos de relevancia en la División Inteligencia y Operaciones del Estado Mayor del Ejército, cuando el golpe del 24 de marzo de 1976, y que participaron en el operativo. Uno como jefe de la patota, el hoy General ® Oscar Guerrero, y el General ® Jorge O’ Higgins, al que se le encontró parte de la correspondencia de Perón a Alberte que fue robada del domicilio de Alberte por los efectivos militares que consumaron su asesinato.

viernes, 1 de abril de 2011

SIN EL APOYO DE LOS EEUU LOS INGLESES HABRÍAN SIDO DERROTADOS EN LA GUERRA DE MALVINAS

Para los EEUU, sin su ayuda
los ingleses habrían caído en Malvinas

Así lo confesó el ex secretario de Marina norteamericano, Jhon F. LehmanAfirmó que sin el apoyo bélico de su país, el Reino Unido se hubiera visto obligado a replegar la Task Force del Atlántico Sur. Aún hay dudas sobre la verdadera cantidad de bajas inglesas durante el conflicto de 1982

En diciembre de 1988, el ex secretario de Marina de los Estados Unidos, John F. Lehman, hizo pública la ayuda política y militar brindada por los norteamericanos a Gran Bretaña durante la Guerra de Malvinas, sin la cual el Reino Unido se hubiera visto obligado a replegar la Task Force del Atlántico Sur, de acuerdo con la conclusión de expertos militares.
La confesión del ex funcionario de Ronald Reagan fue realizada en Londres, donde blanqueó el respaldo militar a los británicos, que aunque fuera conocido por los combatientes argentinos, dejaba de ser una versión para convertirse en un hecho incontrastable.
A 29 años del conflicto, la guerra del Atlántico Sur aún sorprende cuando se revisan las causas políticas, las acciones bélicas, las alianzas militares y las rupturas de pactos internacionales y, por supuesto, los actos de valentía protagonizadas por lo que estuvieron en el teatro de operaciones.
Los británicos ganaron la guerra, pero a un costo de material y de vidas como no lo sufrían desde el final de la II Guerra Mundial.Después de Malvinas, los ingleses no intervinieron en otra contienda que les haya costado tanto.
Pese a los errores de conducción militar de los generales-dictadores que decidieron ir a la guerra, las tropas argentinas infligieron a los británicos la mayor pérdida de barcos y de aviones y aún hoy hay dudas acerca de las bajas que reconocen los ingleses: 255 muertos y 777 heridos.
La escuadra naval de la corona británica tuvo 24 naves que recibieron los proyectiles argentinos. Siete naves fueron hundidas, cinco resultaron fuera de combate y otras doce quedaron con averías de consideración.
La nave insignia, el portaviones Hermes, donde estaba el puesto de comando del jefe de la Task Force, el almirante Sandy Woodward, fue tocado y el segundo de los portaviones, el Invincible, quedó fuera de combate, no prestó más servicio en lo que era, en 1982, una de las tres flotas navales más poderosas del planeta.
Hay versiones militares argentinas que sostienen que no fueron 24 las naves hundidas, averiadas de los ingleses, sino que, en realidad, sumaron 32.
Una de las naves que los militares argentinos afirman haber tocado fue un buque auxiliar de apoyo clase Tide (RFA Tipedol), que fue entregado por el dictador chileno Augusto Pinochet a la Royal Navy hasta el final del conflicto.
La Task Force perdió entre derribados y averiados por fallas o accidentes 46 aviones y otro número importante de helicópteros.
Según fuentes militares argentinas, intervinientes en el conflicto, los británicos llevaron hasta el teatro de operaciones 171 aviones y helicópteros.
El período más encarnizado de la guerra ocurrió entre el 21 de mayo de 1982 y las jornadas posteriores, batalla que se extendió hasta el 25 de mayo.
El almirante Woodward anotaba en la bitácora de mando a las 9.30 del 21 de mayo. "Si los argentinos van a pelear, hoy es la mejor oportunidad que tienen. Ya veremos".
La intuición del almirante inglés se cumpliría, los argentinos dieron batalla porque ese día, la flota británica se había estacionado en la bahía San Carlos para desembarcar las tropas que debían caminar hasta Puerto Argentino.
El combate aéreo-marítimo fue tan feroz que los británicos quedaron grogui, según lo reconoce Woodward en su libro de memorias "Los cien días", de editorial Sudamericana, pero los argentinos se desangraron en la ofensiva, perdieron la mayor cantidad de pilotos y de aviones, y no consiguieron impedir que los soldados ingleses desembarcaran.
Woodward dice con todas las letras que los argentinos podrían haber ganado la guerra ese día: "los argentinos podrían haberla ganado también".
Antes de sufrir en carne propia la profesionalidad de los pilotos y la valentía de los demás soldados argentinos en la tundra malvinera, los EEUU ya habían enviado misiles sidewinder aire-aire para derribar los aviones de los sudamericanos.
Esa tecnología bélica norteamericana fue decisiva a la hora de establecer la diferencia con la que portaban las naves argentinas.
Entre el 21 y el 25 de mayo, las tropas argentinas perdieron 27 aviones, que equivale a casi el 50 por ciento de los derribos durante el conflicto.
"Nos quedamos sin resto", fue la dolorosa confesión de un alto jefe militar de la Fuerza Aérea a Télam, al describir el corte de la ofensiva argentina sobre la flota inglesa.
A casi tres décadas de la guerra aún hay secretos militares por revelar.
Por eso, una vez terminado el conflicto, el gobierno británico dispuso un acta de secreto militar hasta el 14 de junio de 2072.
Recién a 90 años de la Guerra de Malvinas se producirá la desclasificación militar y los investigadores podrán conocer, con prueba documental, la historia completa del conflicto.

LOS HÉROES SUICIDAS DE JAPÓN - ECOLOGISTAS EN ACCIÓN / PACA BLANCO

Los héroes suicidas de Japón
Mártires, héroes. Así se habla en Japón de los operarios que luchan sin descanso en las entrañas de Fukushima un infierno donde los niveles de radiación son hasta 10.000 veces más altos de lo normal.

Los héroes suicidas de Japón 

Los 700 operarios que trabajan contrarreloj en la central sufren dosis de radiación "letales"
Mártires, héroes, orgullo de todo un país. Así se habla en Japón de los operarios que luchan sin descanso en las entrañas de Fukushima Daichi, un infierno donde los niveles de radiación son hasta 10.000 veces más altos de lo normal, una sala de tortura en la que su esperanza de vida se reduce a cada nuevo segundo que allí pasan.
"Desarrollaban su trabajo en un lugar tan especial yo creo que ellos siempre supieron que éste podría ser su destino, que en algún momento tendrían que luchar contra algo así", suspiraba en Tokio Yasuchika Honda, ejecutiva publicitaria, a la agencia Reuters. "Lo están dando todo y les estoy muy agradecida", insistía.
Todo comenzó en la madrugada del sábado 12 de marzo, en medio de la oscuridad y los escombros sembrados por el tsunami. "Ni siquiera podíamos ver por donde caminábamos, pero empezamos a trabajar para arreglar los reactores, conscientes de que podría costarnos la vida", recordaba días atrás Michiko Otsuki, una operaria de la planta ya evacuada. Ninguno de ellos se rebeló a su destino, ni intentó huir. Se concentraron en la misión que tenían por delante, sin más. Dos semanas más tarde, muchos todavía no han podido hablar con sus familias.
Al principio se les bautizó como "Los 50 de Fukushima" porque trabajaban por turnos y en grupos de 50. Eran, en realidad, 200 operarios. Hoy son más de 700 debido a la magnitud de los escapes radiactivos y la urgencia de una solución. Según Gregory Jaczo, presidente de la Comisión Reguladora Nuclear de EEUU, estos trabajadores de mono blanco que copan portadas en todo el mundo, están sometidos a "niveles de radiación letales". La Compañía Eléctrica de Tokio (Tepco) se niega a revelar sus identidades.
Aún así, las historias personales han ido surgiendo con el pasar de los días. "Mi padre todavía está dentro de la planta y se están quedando sin comida. Creo que las condiciones son realmente duras. Él dice que ha aceptado su suerte", explicó la hija de uno de los operarios en un e-mail enviado a la televisión estatal. Al parecer, la mayoría son trabajadores de rangos bajos, algunos de ellos jubilados que se prestaron voluntarios.
"Estoy orgullosa de mi padre"
La mayoría tiene más de 60 años y cobra menos de 100 euros al día por su misión suicida. El hecho de que sean personas mayores reduce las posibilidades de que padezcan un cáncer, ya que probablemente habrán muerto cuando desarrollen la enfermedad.
"Mi padre se fue a la planta nuclear. Nunca había oído a mi madre llorar tanto. Pero nunca había estado tan orgullosa de él. Por favor papá, vuelve vivo", explicó la hija de otro en un mensaje por Internet, explicando que su padre, ya retirado, había decidido arriesgar su vida para salvar la reputación de la empresa.
"Mis ojos se llenan de lágrimas", postéo en Twitter la hija de otro de ellos (@NamicoAoto), quien se ofreció voluntario a pesar de estar a sólo seis meses de la jubilación. "En casa, no parece una persona que pueda hacerse cargo de grandes tareas, pero hoy estoy realmente orgullosa de él. Y rezo porque regrese sano".
También en Facebook han aparecido centenares de mensajes de admiración: "Rezamos para vuestro retorno sano y salvo. Que Dios os ayude en cada minuto que lucháis desesperadamente por vuestro país y por vuestra gente. Gracias, 50 de Fukushima", pregona uno de ellos.
La central de Fukushima es un "laberinto oscuro en el que hay que trabajar con luces especiales y detectores de radiación, con trajes pesados e incómodos y respirando a través de un tubo", describieron días atrás ingenieros estadounidenses que trabajaron en misiones de contención de emergencias nucleares.
"Como una guerra"
"Esto es como una guerra", resumía un trabajador a su esposa, quien no ha visto a su marido desde que comenzó la crisis. La mayoría de ellos no ha abandona la central nuclear desde que comenzó la crisis porque están demasiado ocupados.
Tal es la importancia de estos operarios para el futuro de Japón, que, según el diario  Asahi Shimbun, el primer ministro Naoto Kan llegó a amenazar sin ningún pudor a Tepco con multas y castigos si los operarios abandonaban la planta de Fukushima, lo que convierte su heroica misión en algo más parecido a una condena a muerte.

2 DE ABRIL DE 2011: MALVINAS Y PETRÓLEO EN EL ESPEJO LIBIO - FEDERICO BERNAL

por Federico Bernal - Causa Popular

No dejaron de resonar los cañonazos británicos en Malvinas durante las pruebas” de fines del año pasado, que el Reino Unido y la OTAN se lanzaron al masivo y genocida bombardeo a Libia. A esta Argentina no se le perdona la profundización de una política económica soberana. Tampoco se le perdona el haberse encontrado con la mejor tradición diplomática y política en relación a Malvinas; mucho menos se le perdona la batalla cultural librada por el campo nacional y que específicamente para los ingleses contó con una reciente y dura derrota: el reemplazo del busto de Canning por el de Scalabrini Ortiz en un acto en el Salón de Cuadros del Ministerio de Economía (18 de octubre de 2010), acto que además contó con la participación de los ministros de Economía, Educación e Industria de la Nación. A Libia, tercer exportador de crudo y gas natural de la UE-27, primera reserva petrolera africana y octava a nivel mundial no se le perdona el reverdecer anti-imperialista de Kadafi. Eslabón débil de una OPEP bolivarizada, en un mundo árabe fragmentado y una Unión Africana inservible a los intereses populares africanos, Libia es presa fácil y un botín imposible de dilapidar. ¿Cómo responder pues, nosotros simples mortales, a los ataques que los demócratas civilizados reparten brutal y copiosamente a la Periferia? Apenas transcurrido un día después del 2 de abril, en plena lluvia de bombas y misiles sobre Trípoli, nada más oportuno que la deslibianización para la desmalvinización del pueblo argentino. Porque si deslibianización significa no creerse la argumentación esgrimida por las potencias invasoras en esta nueva aventura guerrerista, desmalvinización implica tomar conciencia de los móviles políticos, geopolíticos, económicos y energéticos que la Gran Bretaña de Thatcher tuvo a la hora de invadir las islas una vez reconquistadas por la Argentina en 1982. Y más importante aún, implica trabajar objetiva y subjetivamente para terminar con la grave amenaza a la seguridad nacional (argentina y unasurina) implícita en la actual intervención militar británica en nuestro archipiélago. La “novel invasión” a Libia y la “invasión permanente” en las Malvinas convergen espléndidamente en sus móviles como no ocurrió con las últimas tropelías imperialistas en Irak o en los Balcanes.


Malvinas, imperialismo y petróleo

Entre 1960 y 1982, el rumbo de las negociaciones bilaterales entre argentinos y británicos sufrió un claro punto de inflexión. A partir de 1975, la ya ambigua posición de estos últimos devino en una obstaculizadora y progresivamente intransigente de cara a la resolución del conflicto. Ese año el Reino Unido decidió incluir un nuevo factor en las negociaciones: la exploración y explotación de los recursos hidrocarburíferos, mineros y pesqueros del archipiélago malvinense.
Razón no les faltaba: entre 1975 y 1976 una seguidilla de misiones británicas ratificaban importantes niveles de riqueza petrolífera y mineralógica en las islas. Una de esas misiones estuvo dirigida por Colin Phipps, diputado laborista, ingeniero en petróleo y hombre de la Shell. Fue el mismo Phipps quien estuvo en el despacho de la Dama de Hierro cuando ésta le declaró la guerra a la Argentina. Fue asimismo Phipps quien en 1996 creó la operadora Desire Petroleum, ganó las primeras licencias otorgadas unilateralmente por los kelpers y se volcó a la exploración del off-shore malvinense. Hoy por hoy, Desire –junta a otras compañías– se encuentra perforando el subsuelo argentino en búsqueda de crudo. Los resultados preliminares indican cantidades comercialmente viables de hidrocarburos. Con la confirmación del prospecto Sea Lion al norte de las islas (cerca de 242 millones de barriles técnicamente recuperables según informes de la operadora Rockhopper), y en función del ratio producción-consumo, el Reino Unido (RU) se estaría ahorrando 4 años de importaciones de crudo por unos 25.673 millones de dólares (a la cotización vigente del barril). Y esto no es todo. Una producción (ritmo de extracción) en Malvinas que supere los 163.000 b/d (brecha entre la producción y el consumo local del RU a 2009 según el último informe de la BP) podría convertir nuevamente al RU en exportador neto de crudo, beneficio no sólo económico, sino y fundamentalmente geopolítico al colocarse al ambicionado nivel de Dinamarca, el único país de la UE-27 que no importa petróleo para satisfacer sus necesidades domésticas. ¿Y si a estos cálculos le sumamos el aporte que sobrevendrá una vez repartido el botín petrolero libio?


Libia, imperialismo y petróleo

Como fuera analizado oportunamente en el artículo “Libia, Imperialismo y Energía” (Tiempo Argentino 27/03/11), la UE-27 es libia-dependiente en materia hidrocarburífera. La estrategia rebelde-invasora así lo prueba: las fuerzas rebeldes han tomado las ciudades de Ajdabiya, Ras Lanuf y As Sidr, las cuales junto a las ya capturadas Tobruk y Zouiatina dan a la oposición a Kadafi el control de 5 de las 6 terminales petroleras de exportación del país. Sabe muy bien la alianza invasora que sin apropiación del crudo no hay chances de triunfo. La fórmula propuesta es la siguiente: <<la OTAN apoya a las fuerzas rebeldes, pero las fuerzas rebeldes deben comenzar por desnacionalizar el crudo y ponerlo a disposición de Europa y Estados Unidos. De allí saldrán los recursos para derribar a Kadafi>>. Días atrás, el órgano oficial del orden petrolero anglosajón publicaba: “El gobierno británico aceptó desviar a los rebeldes unos 1.100 millones de dólares en concepto de compra de crudo libio que originalmente Londres debía haber pagado a Kadafi” (O&G Journal – 24/03/11). ¿Cómo lograron apropiarse del crudo los rebeldes? La principal subsidiaria de la petrolera estatal libia (CNP), la Arabian Gulf Oil Company (Agoco), está en manos de las fuerzas opositoras. Agoco –que opera el yacimiento petrolero más importante de Libia (Sarir), al sur de la base rebelde de Bengasi– ha cortado lazos con el Estado y se encuentra cerrando los primeros acuerdos para comercializar crudo y gas puenteando a la CNP. Tal como señaló Ali Tarhouni, economista estadounidense ex ministro de finanzas de la CNP hoy devenido en ministro de economía, finanzas y petróleo de la oposición a Kadafi (O&G Journal 29/03/11): “Agoco ya está negociando con Qatar la compra y posterior comercialización de su producción”. Tarhouni es además miembro del flamante Consejo Nacional Libio, que Qatar ha reconocido como “único representante del pueblo de Libia”. El estadounidense Tarhouni explica al mundo sin tapujos: “las exportaciones comenzarán en menos de una semana. Produciremos entre 100.000 y 130.000 barriles diarios (bd), pudiendo llegar fácilmente a unos 300.000 bd. El acuerdo con Qatar nos dará acceso a liquidez en dólares”.

Conclusiones: bombazos, inteligencia pirata y beligerancia

Desmalvinizarse a través de historiadores, políticos y militares de origen inglés constituye, además de una exquisitez, un gran envión a la toma de conciencia nacional. Al respecto, vale siempre la pena recordar el artículo del insigne historiador Eric Hobsbawn “Falklands Fallout” (Marxism Today - enero de 1983), en el cual denunciaba al Falklands Islands Company –el consorcio empresarial isleño fundado en 1852 y hoy operador petrolero en el archipiélago– como el auténtico propiciador del conflicto bélico. En igual sentido, resulta oportuno mencionar el libro “The Role of the Falkland Lobby, 1968-1990” en International Perspectives on the Falkland Conflict. A Matter of Life and Death, 1992. Otro, el reciente del almirante inglés Sandy Woodward “Los Cien Días”. Y como estos, infinidad más, a los que resulta insoslayable sumar las declaraciones de esta semana del ex secretario de Marina estadounidense y banquero John F. Lehman: “Sin la ayuda de los EE.UU. los ingleses habrían perdido en Malvinas”. Pues bien, ocurre que la invasión a Libia vale por mil declaraciones, artículos y libros como los citados. La Presidenta de la Nación ya se refirió al respecto: “Cuando uno ve a los presuntamente civilizados resolver las cuestiones a los bombazos, me siento muy orgullosa de formar parte de los países de esta región”. En Libia como en Malvinas: bombazos, pero acompañados de mucha inteligencia y corporativismo piratas. Con la CIA operando en plena guerra desde la avenida Paseo Colón, la decisiva ayuda bélica estadounidense, el ingeniero Phipps y el consorcio kelper intrigando para dirimir militarmente el conflicto y hacerse del crudo malvinense, igual combinación de bombazos, inteligencia y corporaciones piratas se vislumbra hoy en Libia (reemplacemos a Phipps por Tarhouni y al consorcio kelper por Agoco). Las bombas no impactan en los yacimientos ni en las instalaciones hidrocarburíferas, sino en los civiles y militares indistintamente de si son portadores de los nuevos viejos bríos nacionalistas o anti-imperialistas que sacuden al mundo árabe.

Este 2 de abril de 2011, en plena definición de la gran encrucijada nacional, los argentinos y argentinas debemos convivir con una potencia extranjera que ocupa ilegitima e ilegalmente territorio argentino. La crisis energética, económica y financiera del arrogante y desesperado mundo “civilizado” está más presente que nunca. La seguridad nacional, económica y energética argentina y unasurina están gravemente amenazadas. Libia es una prueba más e irrefutable de ello. Como escribió Jorge Abelardo Ramos en el prólogo a otro imprescindible trabajo sobre la cuestión Malvinas “El Servicio Secreto Británico y la Guerra de Malvinas” (ya mismo a disposición del lector inquieto): “Gran parte de la intelectualidad [local] ha sido formada en una actitud psicológica derrotista según la cual la Argentina no podría medirse con ninguna de las grandes potencias a riesgo de un fracaso bochornoso. La Guerra de Malvinas puso en situación crítica esta subestimación nacional”. Scalabrini Ortiz por Canning, política económica soberana, desendeudamiento y expulsión del FMI; recuperación progresiva y ascendente de la cultura, la conciencia nacional, el trabajo, la producción y la justicia social, etc. van revirtiendo con palpable éxito la psicología derrotista que impidió al pueblo argentino ser artífice de su propio destino. La defensa irrestricta que el Gobierno nacional hace de la soberanía, el desembozado interés petrolero británico, la decadencia de los “civilizados”, la consolidación de Unasur y, por supuesto, el espejo libio aceleran las condiciones objetivas para la recuperación de nuestras islas Malvinas.

FUENTE: MILITANCIA CAUSA POPULAR - WWW.LAIZQUIERDANACIONAL.COM.AR

LA MAFIA INTERNACIONAL CONTRA LIBIA - LUIS ALBERTO TERROBA

Sarkozy debe ser enjuiciado por Crímenes contra la Humanidad

Por Luis Alberto Terroba

Ya suficientemente claro ha quedado, para todos los patriotas de todos los países, o sea para los Pueblos, que en Libia hay una clara agresión política y militar, no contra el Guia de la Revolución, sino contra la Patria delos Libios y su Pueblo.

No necesita defensa Libia, los libios desde los tiempos de Yugurta saben como defenderse y bien. No son los libios el problema, sin la mafia internacional que agrede a Libia con Sarkozy a la cabeza, su complices europeos, árabes y americanos y el alcahuete común: las llamadas Naciones Unidas, que al igual que el pez, por su propia boca a muerto.

El Consejo de Seguridad claramente, con la cobarde abstención de Rusia, China y Brasil, autorizó el control del espacio aéreo a fin de que la Fuera Aérea patriota de Libia no pudiera volar con fines propios, o sea militares, o sea de guerra.

Pero he aquí, que Sarkozy y el imperialismo francés bombardeó en primer lugar, para defender a los civiles libios y en defensa de los derechos humanos, a la población civil de Trípoli, a lo cual no estaba autorizado. Sarkozy y los jefes militares franceses quedarón asi, incursos en el delito de “Crimenes contra la Humanidad” y un ataque directo a los “Derechos Humanos”.

Cabe ante esa situación mirar la situación, como deben mirarla los hombres según el concejo del compatriota José Martí: “El verdadero hombre no mira de qué lado se vive mejor, sino de qué lado está el deber”. En este caso del deber tiene que ser reemplazado, por los que no somos libios, con la palabra justicia, y la justicia está del lado de la Libia agredida, tanto como el crimen le es imputable sin excepciones al agreso: Francia y sus cómplices.
La serie de hipocresias de la mafia internacional política, no tiene límits. Declararon en la reunión de Paris que: “No intervendrán directamente para sacarlo del poder, pero continuarán respaldando a las tropas rebeldes. Así lo resolvieron representantes de 36 países, entre ellos 7 del mundo árabe, liderados por miembros de la OTAN”. Reunión a la que no asistieron ni Rusia ni China. La resolución por otra parte adoptó el “continuar la intervención bélica en Libia hasta que caiga el Muammar Kadafi, para así evitar la muerte de más civiles”. Por supuesto que, tras usar a los rebeldes, le retaceó la ayuda, no sea que aún los rebeldes quieran negociar el petroleo, porque el asunto para los agresores es robar el petróleo, sin pagarle a nadie, ni a los libios patriotas, ni a los libios traidores.
El Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon, declaró que se pondrá a la cabeza de las fuerzas para coordinar una slida para reallizar una “transición a un gobierno y una sociedad democráticas llevará tiempo y necesitará del apoyo de todos nosotros. Naciones Unidas está lista y dispuesta a ayudar a la población de LIBIA en esta transición". La condición para esto es que Libia regale de ahora en más su petroleo. Tal esta nueva cueva de bandidos, heredera de la otra Sociedad de Naciones, que con eso términos, también fue calificada por nuestro ex presidente y jefe del Movimiento Nacional don Hipólito Yrigoyen y por su sucesor en ese mando: el General Perón, que sostendría la misma política internacional.
Ahora la Mafia internacional de franceses, españoles, ingleses, nortemericanos, delegados de la “democrática” Qatar y otros criminales, va a presionar a Libia para terminar una guerra que Libia no comenzó, y cuyo proceso de Paz fuera interrumpido por el accionar de estos criminales con su decisión de atacar, violando incluso la propia decisión en el Consejo de Seguridd.
Cabe el honor esta vez a los gobiernos sudamericanos de haber sido los únicos en manifestarse contra la guerra y a otras asociaciones: el camino de ese honor iniciado por el Canciller de Venezuela, el presidente de Bolivia y el presidente de Ecuador, el gobierno argentino por boca de su presidente (aunque con el retardo en el tiempo que lo caracteriza), la Secretaría de Derechos Humanos de la CGT. Argentina, las manifestaciones del presidente de Uruguay, etc., algunos comentarios certeros en alguna prensa de Chile, nos ponen a la cabeza de la Justicia Internacional en el reclamo contra la agresión criminal contra Libia. El Mundo Árabe, sus Pueblos, se están encaminando hacia la concreción de su Revolución Nacional que el imperialismo quiere ahogar por maniobras en Egipto y por sangre en Libia.
Para nosotros, nacionalistas sudamericanos, no es una cuestión ajena, como diría el viejo Hermingway, “no preguntes por quien doblando las campanas”, porque las campanas que hoy suenan para el Mundo Árabe, son las que también están listas contra la Sudamérica iniciada en el Cuzco. Para el imperialismo está sonando a muerto, y el imperio y sus burguesías parásitas, no se va a despedir del mundo sin dejar un río de sangre. La guerra en la Nación Árabe es el anticipo de lo que sucederá en Sudamérica y es bueno poner las barbas en remojo y aprender en lomo ajeno.
Los gobiernos de Sudamérica deben reclamar inmediatamente el enjuiciamiento de Sarkozy y sus complices por el delito de Crímenes contra la Humanidad y por violación de los derechos humanos en Libia.  Sudamérica tambien tiene que promover crear su propia Corte para juzgar esos delitos, para una verdadera Justicia, en lugar de apoyar a ese nuevo Tribunal de la Inquisición y organimso ejecutorio, como es la justicia internacional instalada en Holanda. Y no hay excusa, ni política detrás de la cual puedan esconder los políticos su cobardía, si tal es su conducta.