martes, 10 de mayo de 2011

UNA MIRADA SOBRE ERNESTO SÁBATO

Apocalíptico e integrado

Durante más de cincuenta años, desde que abandonó la ciencia para dedicarse a la literatura, la figura de Ernesto Sabato fue tan pública como polémica. Antiperonista, se peleó sin embargo con la revista Sur por su mirada sobre la reacción popular tras el golpe del ’55 en El otro rostro del peronismo. Intelectual del frondizismo, némesis literaria de Borges, autor de la teoría de los dos demonios, presidente de la Conadep, apocalíptico e integrado, además de todo, Sabato publicó tres novelas y un puñado de ensayos bendecidos por el reconocimiento mundial, un notable éxito de público –Sobre héroes y tumbas es una de las novelas más leídas de la literatura argentina– y hasta el Premio Cervantes. A pesar de producirse a los 99 años, su muerte no dejó de reflotar por estos días las polémicas y los debates que lo acompañaron a lo largo de las décadas más agitadas de la política y la cultura argentinas. Por eso, a una semana de su muerte, Radar recorre los múltiples puntos de vista sobre él en el último medio siglo.

Por Claudio Zeiger

Cómo no acordarse en estos días, por lo fresco y por ciertos paralelismos quizás un poco forzados pero paralelos al fin, de la polémica visita de Mario Vargas Llosa con ocasión de la Feria del Libro. Salvando distancias, y adoptando el respeto que aun para sus detractores conlleva la muerte de un escritor casi centenario, algo común atravesó el affaire Vargas Llosa y el subrayado “polémico” que en casi todos los medios –televisión y gráfica– se le adosó a la tarea intelectual de Ernesto Sabato: la necesidad, por no decir la inevitabilidad, de escindir lo ideológico de lo artístico, la cosa pública del intelectual de los textos literarios, la obra. En líneas generales, y no sin bastante razón, se concluyó que a pesar de ser el autor de novelas formidables como La ciudad y los perros o Conversación en la Catedral, Mario es un patán político, un derechista cavernícola que sigue escribiendo textos anticolonialistas como El sueño del celta (repito lo que oí, no lo leí todavía) a sueldo precisamente de los colonialistas.

La muerte de Sabato reflotó a medias la estrategia que tenemos a mano para enfrentar la insatisfacción espiritual que suelen generarnos nuestros ídolos literarios (¡imaginen si hubiéramos estado despidiendo a Céline!): escribió Sobre héroes y tumbas pero fue a almorzar con Videla. O viceversa. La verdad es que al producirse esas brechas nos desencantamos de Vargas Llosa, de Sabato y en general de todos aquellos que sufrieron algún tipo de conversión ideológica a lo largo de su historia, como nos desencantamos de los padres o de los reyes magos (que son los padres). Y aunque nos cueste admitirlo, el desencanto ideológico influye sobre nuestras opiniones literarias, estéticas, porque altera nuestro sistema de valores en la lectura. Por ejemplo, es difícil releer Abbadón con calma después de esbozada la teoría de los dos demonios. Cabe, sí, agregar que más allá de que compartan esa brecha entre lo ideológico y lo artístico (de signos diferentes en ambos, queda claro), Sabato siempre demostró una genuina sensibilidad social hacia los más humildes y desprotegidos (incluyendo a los adolescentes y a los jóvenes militantes de los ’70), sensibilidad de la que evidentemente carece el liberalismo liso y abstracto del más reciente Premio Nobel. Frente a las objeciones, sólo resta defender Sobre héroes y tumbas y seguir mascullando insatisfacción.

La literatura argentina del siglo XX es rica, riquísima, en este tipo de situaciones y polémicas por ser directa heredera de la literatura política, beligerante, propagandística y militante del siglo XIX. Es probable que el ciclo que se inicia en el siglo XXI sea muy diferente y que se encuentre cada vez más lejos de esos sayos polémicos que escritores como Sabato, Borges, Cortázar, Mallea, Martínez Estrada, Victoria Ocampo, Marechal desde otra perspectiva, no sólo cargaron sobre sus espaldas sino que muchas veces ellos mismos utilizaron como estrategia para insertarse como escritores en el campo intelectual de su tiempo. La máscara de Sabato, en definitiva, fue una de las tantas del campo literario de los años ’50 en adelante. Esa seriedad de Sabato que –hay que decirlo– exacerbó hasta rozar la autoparodia a partir de Abbadón, cuando él mismo se convierte en el personaje del escritor atormentado, fue compartida con matices por muchos otros –de Sur y de Contorno– que creyeron que las ideas y las letras son y deben ser cosa seria. La seriedad sabatiana (antes de devenir en la Profundidad de un gesto ceñudo, aunque no hay que olvidar tampoco que era un hombre realmente depresivo), bien puede quedar en el museo de los antídotos contra la pavada insondable que aqueja a buena parte de la literatura de los últimos años.

Es obvio que a muchos nos ha sacudido por estos días caer en la cuenta de que, a pesar del tiempo transcurrido y lo avanzado de su edad, la muerte de Sabato vino a cerrar tardíamente un círculo, vino a confirmar la irremediable muerte física del corazón de la literatura argentina del siglo XX, que ya se presentía y se volvía visible entre 1979 (muerte de Victoria Ocampo) y 1984-1986 con la muerte de Borges, Cortázar y Mujica Lainez y 1993 con la muerte de Silvina Ocampo. Bioy Casares moría al filo del nuevo siglo, en 1999. El caso de Sabato confirma que sólo la muerte física de los escritores libera por fin la obra hacia su total autonomía. Es como si los textos ineludiblemente necesitaran la total separación del cuerpo productor para montar un sentido completo. Se terminó, con la muerte de Sabato, el siglo XX para la literatura argentina. Se terminó el 30 de abril de 2011 en Santos Lugares como había empezado a terminarse en los ’80 en Ginebra, en París, en Cruz Chica Córdoba, en Buenos Aires, en la Recoleta. Se nos hace cuento, se nos hace mito, que existió la literatura argentina del siglo XX protagonizada por esos portentosos (término sabatiano) escritores-personajes.

En este contexto, Sabato es uno de los varios episodios incómodos de esa literatura argentina del siglo pasado. Y en su caso, lo más curioso es que esa incomodidad contrastó con la beatificación que algunos sectores le asestaron, llamándolo Maestro y alabando su sabiduría como la de un sabio, no la de un intelectual crítico. Sin negar que Sabato en cierta forma, y sobre todo en los últimos años, aspiró a encarnar ese sentido común de una clase media que se piensa a sí misma como poseedora de valores éticos de los que carecerían tantos los muy ricos como los muy pobres, es verdad que en sus novelas indagó en los aspectos más oscuros del hombre medio, no en su civismo intachable. Y al fin al cabo, casi todos los escritores son de clase media aunque escupan sobre sus valores, y también, hoy por hoy, la mayoría de los lectores pertenecen a las diversificadas clases medias urbanas, así que los dilemas “medios” de Sabato corresponden a prácticamente todos los escritores en actividad. ¿O es posible llegar a algún otro lector que no pertenezca de una forma o de otra a la clase media?

Nos queda a los que mal o bien persistimos cuesta arriba en la literatura argentina una vez terminado el siglo XX, llegar a descifrar el dilema de la separación entre lo ideológico y lo artístico-literario tal como en estos tiempos, por contigüidad de los hechos, se planteó con Vargas Llosa y Sabato, el sentido más profundo de la escisión que causa malestar. Probablemente, y con todo el ánimo de seguir debatiendo, las respuestas estén más cerca del legado de la seriedad (aunque nos sigamos burlando para siempre de los desbordes sabatianos de la vena hinchada) que del deseo de pureza.

A PROPOSITO DE LA MUERTE DEL AUTOR DE “EL TUNEL”

Carta del Che a Sábato
A pocos meses de instaurada la Revolución Cubana, Ernesto Sábato intentaba equipararla con la llamada "Revolución Libertadora" que en 1955 derrocó al gobierno de Juan Perón elegido democráticamente en nuestro país. El Che le respondió con estas líneas.

12 de Abril de 1960
Sr. Ernesto Sábato 
Santos Lugares Argentina.

Estimado compatriota:
Hace ya quizás unos quince años, cuando conocí a un hijo suyo, que ya debe estar cerca de los veinte, y a su mujer, por aquel lugar creo que llamado "Cabalando", en Carlos Paz, y después, cuando leí su libro Uno y el universo, que me fascinó, no pensaba que fuera Ud. -poseedor de lo que para mí era lo más sagrado del mundo, el título de escritor- quien me pidiera con el andar del tiempo una definición, una tarea de reencuentro, como Ud. llama, en base de una autoridad abonada por algunos hechos y muchos fenómenos subjetivos.
Fijaba estos relatos preliminares solamente para recordarle que pertenezco, a pesar de todo, a la tierra donde nací y que aún soy capaz de sentir profundamente todas sus alegrías, todas sus desesperanzas y también sus decepciones.
Sería difícil explicarle por qué "esto" no es Revolución Libertadora; quizás tendría que decirle que le vi las comillas a las palabras que Ud. denuncia en los mismos días de iniciarse, y yo identifiqué aquella palabra con lo mismo que había acontecido en una Guatemala que acaba de abandonar, vencido y casi decepcionado. Y, como yo, éramos todos los que tuvimos participación primera en esta aventura extraña y los que fuimos profundizando nuestro sentido revolucionario en contacto con las masas campesinas, en una honda interrelación, durante dos años de luchas crueles y de trabajos realmente grandes.
No podíamos ser "libertadora" porque no éramos parte de un ejército plutocrático sino éramos un nuevo ejército popular, levantado en armas para destruir al viejo; y no podíamos ser "libertadora" porque nuestra bandera de combate no era una vaca sino, en todo caso, un alambre de cerca latifundiaria destrozado por un tractor, como es hoy la insignia de nuestro INRA. No podíamos ser "libertadora" porque nuestras sirvienticas lloraron de alegría el día que Batista se fue y entramos en La Habana y hoy continúan dando datos de todas las manifestaciones y todas las ingenuas conspiraciones de la gente "Country Club" que es la misma gente "Country Club" que Ud. conociera allá y que fueran a veces sus compañeros de odio contra el peronismo.
Aquí la forma de sumisión de la intelectualidad tomó un aspecto mucho menos sutil que en la Argentina. Aquí la intelectualidad era esclava a secas, no disfrazada de indiferente, como allá, y mucho menos disfrazada de inteligente; era una esclavitud sencilla puesta al servicio de una causa de oprobio, sin complicaciones; vociferaban, simplemente. Pero todo esto es nada más que literatura. Remitirlo a Ud., como lo hiciera Ud. conmigo, a un libro sobre la ideología cubana, es remitirlo a un plazo de un año adelante; hoy puedo mostrar apenas, como un intento de teorización de esta Revolución, primer intento serio, quizás, pero sumamente práctico, como son todas nuestras cosas de empíricos inveterados, este libro sobre la Guerra de Guerrillas. Es casi como un exponente pueril de que sé colocar una palabra detrás de otra; no tiene la pretensión de explicar las grandes cosas que a Ud. inquietan y quizás tampoco pudiera explicarlas ese segundo libro que pienso publicar, si las circunstancias nacionales e internacionales no me obligan nuevamente a empuñar un fusil (tarea que desdeño como gobernante pero que me entusiasma como hombre gozoso de la aventura). Anticipándole aquello que puede venir o no (el libro), puedo decirle, tratando de sintetizar, que esta Revolución es la más genuina creación de la improvisación.
En la Sierra Maestra, un dirigente comunista que nos visitara, admirado de tanta improvisación y de cómo se ajustaban todos los resortes que funcionaban por su cuenta a una organización central, decía que era el caos más perfectamente organizado del universo. Y esta Revolución es así porque caminó mucho más rápido que su ideología anterior. Al fin y al cabo Fidel Castro era un aspirante a diputado por un partido burgués, tan burgués y tan respetable como podía ser el partido radical en la Argentina; que seguía las huellas de un líder desaparecido, Eduardo Chivás, de unas características que pudiéramos hallar parecidas a las del mismo Yrigoyen; y nosotros, que lo seguíamos, éramos un grupo de hombres con poca preparación política, solamente una carga de buena voluntad y una ingénita honradez. Así vinimos gritando: "en el año 56 seremos héroes o mártires". Un poco antes habíamos gritado o, mejor dicho, había gritado Fidel: "vergüenza contra dinero". Sintetizábamos en frases simples nuestra actitud simple también.
La guerra nos revolucionó. No hay experiencia más profunda para un revolucionario que el acto de la guerra; no el hecho aislado de matar, ni el de portar un fusil o el de establecer una lucha de tal o cual tipo, es el total del hecho guerrero, el saber que hombre armado vale como unidad combatiente, y vale igual que cualquier hombre armado, y puede ya no temerle a otros hombres armados. Ir explicando nosotros, los dirigentes, a los campesinos indefensos cómo podían tomar un fusil y demostrarle a esos soldados que un campesino armado valía tanto como el mejor de ellos, e ir aprendiendo cómo la fuerza de uno no vale nada si no está rodeada de la fuerza de todos; e ir aprendiendo, asimismo, cómo las consignas revolucionarias tienen que responder a palpitantes anhelos del pueblo; e ir aprendiendo a conocer del pueblo sus anhelos más hondos y convertirlos en banderas de agitación política. Eso lo fuimos haciendo todos nosotros y comprendimos que el ansia del campesino por la tierra era el más fuerte estímulo de la lucha que se podría encontrar en Cuba. Fidel entendió muchas cosas más; se desarrolló como el extraordinario conductor de hombres que es hoy y como el gigantesco poder aglutinante de nuestro pueblo. Porque Fidel, por sobre todas las cosas, es el aglutinante por excelencia, el conductor indiscutido que suprime todas las divergencias y destruye con su desaprobación. Utilizado muchas veces, desafiado otras, por dinero o ambición, es temido siempre por sus adversarios. Así nació esta Revolución, así se fueron creando sus consignas y así se fue, poco a poco, teorizando sobre hechos para crear una ideología que venía a la zaga de los acontecimientos. Cuando nosotros lanzamos nuestra Ley de Reforma Agraria en la Sierra Maestra, ya hacía tiempo se habían hecho repartos de tierra en el mismo lugar. Después de comprender en la práctica una serie de factores, expusimos nuestra primera tímida ley, que no se aventuraba con lo más fundamental como era la supresión de los latifundistas.
Nosotros no fuimos demasiado malos para la prensa continental por dos causas: la primera, porque Fidel Castro es un extraordinario político que no mostró sus intenciones más allá de ciertos límites y supo conquistarse la admiración de reporteros de grandes empresas que simpatizaban con él y utilizan el camino fácil en la crónica de tipo sensacional; la otra, simplemente porque los norteamericanos que son los grandes constructores de tests y de raseros para medirlo todo, aplicaron uno de sus raseros, sacaron su puntuación y lo encasillaron.
Según sus hojas de testificación donde decía: "nacionalizaremos los servicios públicos", debía leerse: "evitaremos que eso suceda si recibimos un razonable apoyo"; donde decía: "liquidaremos el latifundio" debía leerse: "utilizaremos el latifundio como una buena base para sacar dinero para nuestra campaña política, o para nuestro bolsillo personal", y así sucesivamente. Nunca les pasó por la cabeza que lo que Fidel Castro y nuestro Movimiento dijeran tan ingenua y drásticamente fuera la verdad de lo que pensábamos hacer; constituimos para ellos la gran estafa de este medio siglo, dijimos la verdad aparentando tergiversarla. Eisenhower dice que traicionamos nuestros principios, es parte de la verdad; traicionamos la imagen que ellos se hicieron de nosotros, como en el cuento del pastorcito mentiroso, pero al revés, tampoco se nos creyó. Así estamos ahora hablando un lenguaje que es también nuevo, porque seguimos caminando mucho más rápido que lo que podemos pensar y estructurar nuestro pensamiento, estamos en un movimiento continuo y la teoría va caminando muy lentamente, tan lentamente, que después de escribir en los poquísimos este manual que aquí le envío, encontré que para Cuba no sirve casi; para nuestro país, en cambio, puede servir; solamente que hay que usarlo con inteligencia, sin apresuramiento ni embelecos. Por eso tengo miedo de tratar de describir la ideología del movimiento; cuando fuera a publicarla, todo el mundo pensaría que es una obra escrita muchos años antes.
Mientras se van agudizando las situaciones externas y la tensión internacional aumenta, nuestra Revolución, por necesidad de subsistencia, debe agudizarse y, cada vez que se agudiza la Revolución, aumenta la tensión y debe agudizarse una vez más ésta, es un círculo vicioso que parece indicado a ir estrechándose y estrechándose cada vez más hasta romperse; veremos entonces cómo salimos del atolladero. Lo que sí puedo asegurarle es que este pueblo es fuerte, porque ha luchado y ha vencido y sabe el valor de la victoria; conoce el sabor de las balas y de las bombas y también el sabor de la opresión. Sabrá luchar con una entereza ejemplar. Al mismo tiempo le aseguro que en aquel momento, a pesar de que ahora hago algún tímido intento en tal sentido, habremos teorizado muy poco y los acontecimientos deberemos resolverlos con la agilidad que la vida guerrillera nos ha dado. Sé que ese día su arma de intelectual honrado disparará hacia donde está el enemigo, nuestro enemigo, y que podemos tenerlo allá, presente y luchando con nosotros. Esta carta ha sido un poco larga y no está exenta de esa pequeña cantidad de pose que a la gente tan sencilla como nosotros le impone, sin embargo, el tratar de demostrar ante un pensador que somos también eso que no somos: pensadores. De todas maneras, estoy a su disposición.
Cordialmente,
Ernesto Che Guevara.

Fuente: Centro de Estudios Che Guevara

viernes, 6 de mayo de 2011

SOBRE LOS EVANGELIOS APÓCRIFOS


Los Evangelios apócrifos
Padre Ernesto María Caro
SC de Evangelización Activa de México



Recientemente apareció en cartelera una película llamada "Estigma" la cual gira en torno a la oposición de la Iglesia de revelar el Evangelio de Tomas el cual, de acuerdo a la cinta, contendría los dichos de Jesús, que es decir "la ipsisima verba Iesu" (las mismísimas palabras de Jesús). Esto, esencialmente es solo producto del escritor, ya que el Evangelio de Tomas se encuentra contenido en cualquier edición crítica de los libros que son conocidos como "Evangelios Apócrifos", los cuales en su mayoría fueron escritos después del siglo II de nuestra era, y que fueron rechazados por la Iglesia por contener material contrario a la fe, esencialmente de carácter Gnóstico o Doscetista. Podemos decir que existen más de 64 escritos, entre fragmentos y obras completas, los cuales han sido considerados apócrifos, la mayoría de ellos, con el fin de ganar popularidad fueron propuestos como escritos por alguno de los apóstoles e incluso por la misma Virgen María. Sobre este particular, el evangelio de Lucas es testimonio de que ya desde los tiempos apostólicos, muchos habían buscado poner por escrito los pasajes relacionados con la salvación realizada por Cristo (cf. Lc 1,1), sin embargo, ya Orígenes (+235-254), comentando este pasaje distinguía, a la lado de los cuatro evangelios inspirados y recibidos como tales por la Iglesia, otros muchos ;compuestos por quienes se lanzaron a escribir evangelios sin estar investidos de la Gracia del Espíritu Santo (Hom. in Lc I; PG 13,1801). De acuerdo a su testimonio, tales libros estaban en poder de los herejes. ;La Tradición apostólica hizo discernir a la Iglesia qué escritos constituyen la lista de los Libros Santos. Esta lista integral es llamada "Canon" de las Escrituras. Comprende para el Antiguo Testamento 46 escritos (45 si se cuentan Jr y Lm como uno solo), y 27 para el Nuevo; CIC 120 


Podemos decir que el termino "apócrifo" fue adoptado por la Iglesia para designar los libros cuyo autor era desconocido y los cuales desarrollaban temas ambiguos, que aun presentándose con carácter sagrado, no tenían solidez en su doctrina e incluían elementos contradictorios a la verdad revelada. Esto hizo que estos libros fueran considerados como "sospechosos" y en general poco recomendables. Se pude decir que los apócrifos más antiguos, los que eran realmente de carácter tendencioso, han desaparecido, siendo remplazados en su mayoría, por escritos modificados que presentan una idea más ortodoxa. La mayoría de ellos se encuentran en la lengua original (principalmente griega, copta o siríaca). Como sería imposible mencionar todos estos escritos en esta sección, solamente mencionaremos los más importantes y los que más han influido en el pensamiento de la Iglesia a lo largo de los años, con el fin de tener una idea sumaria de estos escritos señalando las aportaciones positivas y negativas que han surgido de ellos. El más importante sin lugar a dudas sería el "Proto Evangelio de Santiago". Este escrito es el apócrifo ortodoxo más antiguo que se conserva íntegro y que más ha influido en las narraciones sobre la vida de María y de la infancia de Cristo. Este escrito realizado por un desconocido, lo firmó y atribuyó a Santiago el menor, con el fin de que alcanzara popularidad y prestigio. Parece haber sido escrito en diferentes etapas; la primera de las cuales no es anterior a la mitad del siglo II (ca. 160) y su redacción final, tal como la tenemos ahora no va más allá del siglo IV. 
Podemos decir que "Proto Evangelio de Santiago" pretende ante todo proteger la Virginidad Perpetua de María que se vería amenazada en el siglo II por el ataque de los paganos y de algunas sectas Judaicas. El autor, al parecer sería un cristiano helenista de Egipto o del Asia menor que se propuso tejer una narración novelada y sensacionalista de la vida de María con un fin más apologético que histórico. A pesar de todo, este escrito tuvo una fuerte influencia entre los escritores y oradores de los primeros siglos e impactó fuertemente la teología y la vida litúrgica de la Iglesia. A este documento se debe el nombre de los padre de la Santísima Virgen María y la fiesta de la Presentación en el Templo. Uno de los problemas con los que se enfrenta hoy la teología es el hecho de que por siglos este escrito llegó a considerarse como histórico, llegando a darle credibilidad a muchas de las escenas que en ella se relatan y que no pueden ser sino producto de una amor desmedido por la Madre de Dios y que en nada pudieron estar referidas a la realidad vivida por la Santísima Virgen. 
En este escrito, que como decíamos pretende defender la Virginidad perpetua de María la cual se vería empañada incluso por algunos testimonios de la Sagrada Escritura (como es el hecho de la purificación de María, y la mención de los hermanos de Jesús), propuso historias fantásticas en las cuales se hace ver a la Virgen como una persona que era alimentada por los Ángeles, viviendo en un especie de monasterio en donde sus pies no tocaban el suelo al caminar. 
En su afán de proteger la virginidad, salvando los pasaje en donde se mencionan a los "hermanos de Jesús", el autor del Proto Evangelio de Santiago, presenta a José como un viejito viudo, el cual habría ya tenido familia con su primer esposa, y a quien se le encarga la custodia de María. Esto, aunque protege el pasaje bíblico, desencarna la realidad de la santa Pareja de Nazaret, ya que José, debió de haber sido un joven apuesto de unos 30 años y muy enamorado de la hermosa María. Tanto el nacimiento de Jesús como su infancia es narrada de manera novelesca y rodeada de un sinnúmero de milagros. Este escrito, pues, ha servido para enriquecer la liturgia, pero dado su carácter y su finalidad, ha creado confusión en muchos círculos teológicos por lo que hoy por hoy se ve con mucha cautela y sobre todo se distinguen en él su estilo, genero y sentido literario con el fin de no tener como histórico lo que no es. Sobre Tomas, existe dos escritos: uno llamado "Evangelio del Pseudo Tomás" y otro llamado "Evangelio de Tomas" (que es posiblemente al que se refiere la película Estigma). El primero libro apócrifo, se refiere a la Infancia de Jesús y que no tiene ninguna conexión con el "Evangelio de Tomas". Por la manera en que está escrito, es muy posible que su autor haya sido un cristiano helenista mediocremente versado en lengua y literatura judaica. En él se ven fuertes influencias, del hinduismo, ya que las narraciones de la infancia son muy parecidas a las de Krishna y Buda. No faltan tampoco acentos Gnósticos y mágicos para darle colorido al escrito. A pesar esto no se pueda negar el influjo que algunos pasaje de este escrito han dejado en la leyenda y en la Iconografía. 
En cuanto a la redacción final del Evangelio del Pseudo Tomas, podemos decir que es muy posible que se remonte al final del siglo II. En su escritura podemos ver muchos supuestos milagros realizados por Jesús en su infancia, y de su relación con los fariseos los cuales no son sino una proyección en retrospectiva de lo que fue su vida publica. Por otro lado presenta una imagen de Jesús, rencorosa en la cual, como si fuera un mago, usa de sus "poderes" para vengarse u obtener ventajas personales sobre algunas situaciones de la vida. 
Todo esto hace del escrito en cuestión una fábula que poco puede decir al cristiano, y puede, incluso llegar a crearse una imagen equivocada de la vida oculta de Jesús y con ella del ministerio realizado en su vida pública. Lo pintoresco de los relatos pueden ser un buen aliciente para leerlo, pero en ellos se pude esconder el veneno de la herejía. Por lo que respecta al escrito conocido como "Evangelio de Tomas", este se refiere a un escrito descubierto en 1945 en la Biblioteca de Nag Hammadi, el cual data muy posiblemente del final del siglo IV. Este documento ha traído la respuesta definitiva a una serie de interrogantes suscitados por un supuesto "Evangelio de Tomas" que se usaría en algunas sectas cristianas. De acuerdo a los especialistas, este documento más que un evangelio se refiere a una serie de dichos y parábolas evangélicas que serían usados principalmente por los Maniqueos (secta filosófica que considera un doble principio: uno el bien y otro el mal). Sobre este escrito, san Cirilo de Jerusalén advertía al final del siglo IV que nadie debía de leer este supuesto evangelio pues contenía material contrario a la fe. El documento consta de 114 dichos, distribuidos de manera arbitraria y solo unidos por la frase: 
"Jesús dijo". 
En este evangelio, Tomás aparece como el garante de las enseñanzas, como es común en otros escritos Gnósticos, como son las "Actas apócrifas de Tomas" y la "Pistis Sophia". En este escrito, cuando se habla por ejemplo del Reino, este 
término no tiene el mismo sentido que en los evangelios canónicos en donde indica la soberanía de Dios, sino que hace referencia a un estado espiritual del gnóstico, al conocimiento de sí mismo y del universo. Por ello la salvación, más que un acto de fe y obediencia, es un acto de conocimiento. En algún tiempo los investigadores se preguntaron si los pasajes que tiene parecido a las parábolas y enseñanzas de Jesús en los evangelios Canónicos, podrían ser la base sobre la que luego se construirían los evangelios. Sin embargo hoy la mayoría de los investigadores están de acuerdo que estos dichos recopilados en el evangelio apócrifo de Tomás, corresponden a un desarrollo bastante posterior a los escritos canónicos, por lo que no pueden ser fuente de éstos. Es sin embargo posible que pertenezcan a una tradición paralela a la de los Sinópticos y en buena parte independiente de ella, posiblemente proveniente de una comunidad Judeo-cristiana radicada en Siria a mediados del siglo II. Sin embargo el texto que llega a nosotros es mucho posterior y refleja la influencia de los diferentes redactores. 
Podemos decir, en suma, que la mayorías de estos escritos, o contienen material de carácter gnóstico o docetista, y que en sus orígenes buscaron explicar algunos de los misterios del cristianismo, o fueron redactados para proteger algunas verdades de la Iglesia pero sin un fundamento teológico o histórico sólido. Por ello, aunque su lectura ha dado luz en algunas áreas de la Iglesia, el uso de estos por el común del pueblo, ha creado confusiones, mitos y creencias que en nada se acercan a la realidad histórico o evangélica, por lo que su lectura deberá ser hecha siempre bajo la guía de alguna persona versada en su contenido a fin de no desvirtuar ni su contenido ni la verdad revelada por Cristo en la Sagrada Escritura. 
"El oficio de interpretar auténticamente la palabra de Dios, oral o escrita, ha sido encomendado sólo al Magisterio vivo de la Iglesia, el cual lo ejercita en nombre de Jesucristo, es decir, a los obispos en comunión con el sucesor de Pedro, el obispo de Roma." CIC 85. Sin embargo, "el Magisterio no está por encima de la palabra de Dios, sino a su servicio, para enseñar puramente lo transmitido, pues por mandato divino y con la asistencia del Espíritu Santo, lo escucha devotamente, lo custodia celosamente, lo explica fielmente; y de este único depósito de la fe saca todo lo que propone como revelado por Dios para ser creído". 

EL PACHAMAMISMO - HUGO BLANCO


Nuevamente Stefanini y el pachamamismo 

por Hugo Blanco



La vanguardia en el desarrollo de la lucha contra el sistema en el continente indudablemente la ocupa el movimiento indígena

A pesar de la educación que todos hemos recibido: Que son culturas primitivas que hace mucho tiempo fueron superadas con el desarrollo de la humanidad, cada vez más gente de la que lucha contra el sistema constata esta realidad irrefutable.
El sistema, sabiendo el peligro que implica para él la extensión del respeto y solidaridad que estas luchas despiertan en los pueblos no indígenas del mundo, hace esfuerzos por combatirlo, apelando a los prejuicios sostenidos por él. No nos sorprende que así lo haga ni que la población domesticada por él nos desprecie.
Pero sí me alarmó cuando vi en páginas rebeldes de internet el artículo racista del “progresista” Stefanoni.
Comencemos por el título: “¿A dónde nos lleva el pachamamismo?”
El término Pachamama (Madre Tierra o Madre Naturaleza) tiene profundas implicancias para nuestra cultura. En los últimos años, repito, los pueblos indígenas se han puesto a la cabeza de la lucha contra la depredación de la naturaleza que hace el sistema gobernado por las grandes empresas multinacionales, del cual la mayor parte de los gobiernos no son sino sus sirvientes.
Viendo eso, quienes actúan contra el sistema, apoyan nuestra lucha, precisamente usando el término de naturaleza en mi idioma que no es más que uno de los muchos de nuestros pueblos: Pachamama.
Cito a la célebre ecosocialista catalana Esther Vivas: “Asimismo, hay que integrar las demandas de los pueblos originarios, el control de sus tierras y bienes naturales, y su cosmovisión y respeto a la “pachamama”, la “madre tierra”, y la defensa del “buen vivir”. Valorizar estas aportaciones que plantean un nuevo tipo de relación entre humanidad y naturaleza es clave para enfrentar el cambio climático y la mercantilización de la vida y del planeta.”
Esa palabra es nuestra bandera de lucha.
Y es esa palabra la que él usa en términos despectivos, denigrándola. Que funcionarios gubernamentales y ONGs la usan para fines contrarios a los nuestros, es cierto, precisamente la usan sabiendo la gran implicancia que tiene para nuestros pueblos. Estoy de acuerdo en denunciar ese uso espurio, esto no implica denigrar algo sagrado para nuestros pueblos.
Pero ese es sólo el comienzo del combate de Stefanoni a nuestros movimientos. Luego viene el desprecio por nuestra lucha, por nuestra agricultura ecológica, por lo que se ha dado en llamar “buen vivir”. La lucha por la recuperación de nuestra identidad es calificada como construcción de un gueto y por último nos descalifica en la lucha por un cambio de sistema.
La respuesta de Stefanoni a mis críticas es una no respuesta.
Él dijo
“Muchos de los errores oficiales en la cumbre no son ajenos a haberle entregado a los pachamámicos la temática del cambio climático”
Le respondí:
“Nadie ha entregado a los indígenas la temática del cambio climático, son ellos quienes día a día vienen luchando y muriendo como en Bagua, Perú, en defensa de la Madre Tierra y contra la contaminación ambiental que produce la acción de las grandes empresas multinacionales. En estos momentos los indígenas ecuatorianos han pasado a la oposición al “Socialismo del Siglo XXI” de Correa por su política extractivista.”
Si se refiere al presidente
“Morales luego de su correcta intervención en Copenhague, que precisamente concordaba con el sentimiento de los 100, 000 que protestaban ante la inacción de los gobiernos, fue el único presidente que convocó a la cumbre no sólo a los indígenas sino a la población mundial.”
No responde si insiste en que alguien les entregó la temática de la defensa de la naturaleza o reconoce que fueron los indígenas quienes con su lucha ganaron ese lugar o si Morales fue o no el único presidente que convocó a una reunión sobre el cambio climático.
Critico que no señala la importancia de las luchas indígenas en defensa de la naturaleza y que opina que más autoridad que ellos para encabezar la defensa de la naturaleza son quienes reciclan la basura:
“En Europa hay mucha más conciencia del reciclado de basura (incluyendo los plásticos) que en nuestro país, donde en muchos sentidos está todo por hacer, y un ecologismo informado –y técnicamente sólido- parece mucho más efectivo que manejar el cambio climático desde una supuesta filosofía originaria, a menudo una coartada de algunos intelectuales urbanos para no abordar los problemas urgentes que vive el país.”
No responde si continúa considerando que en la lucha por la defensa del medio ambiente el reciclado de la basura es más importante que batallas como la de Bagua.
Él señaló:
“Yo nunca vi, pero quizás me equivoque, un bloqueo por el “vivir bien”.
Le respondí:
“En el Perú las batallas mencionadas en defensa del medio ambiente, son dadas por el “buen vivir” en contra de la escuela que nos da el capitalismo de “ganar más dinero en el menos tiempo posible”, hace poco una mujer combatiente declaró: “no voy a comer oro”.”
Es a lo único que me contesta:
“Otras críticas (Hugo Blanco) apuntan a que sí hay luchas por el “vivir bien”, por ejemplo, frente a la minería tóxica. Y es cierto, pero también es cierto que en Argentina esas masivas y combativas luchas contra las transnacionales y el modelo extractivista son protagonizadas también por comunidades modernas y occidentales que no quieren que sus pueblos sean envenenados con cianuro.”
Afortunadamente reconoce que “es cierto” y señala que esas luchas también son desarrolladas por comunidades “modernas y occidentales”. No desconocemos eso, no dije que eso no fuera así; considero, por ejemplo, que indígenas y no indígenas tenemos mucho que aprender de la inteligente y creativa lucha de la población de Andalgalá en Catamarca, Argentina.
Él dijo:
“El debate sobre la descolonización no puede dejar de lado la tensión entre la supervivencia del gueto (bajo la forma de la preservación de la identidad y la cultura ‘ancestrales’ o de las teorías del indio ‘buen agricultor’………
Le respondí que el reivindicar nuestra identidad indígena no implica “la supervivencia del gueto” y señalé varios ejemplos, él no contesta, no dice si insiste en que reivindicar nuestra identidad implica o no la supervivencia del gueto.
También le respondí que efectivamente somos buenos agricultores, que trabajamos la tierra sin deteriorar el medio ambiente a diferencia de la “moderna” agricultura usada por las grandes empresas agrícolas multinacionales que asesinan el suelo con la monoproducción, los transgénicos, el uso de agroquímicos y que han inventado el “terminator”, la maravillosa semilla que no germina.
No dice ninguna palabra al respecto, no se sabe si reconoce que la agricultura indígena (y del pequeño campesino no indígena) es mejor para la naturaleza o considera que lo es la agricultura “moderna” de las multinacionales.
Afirma:
“La pose de autenticidad ancestral puede ser útil para seducir a los turistas revolucionarios en busca del “exotismo familiar” latinoamericano ….. pero no parece capaz de aportar nada significativo en términos de construcción de un nuevo Estado, de puesta en marcha de un nuevo modelo de desarrollo, de discusión de un modelo productivo viable o de nuevas formas de democracia y participación popular.”
“su generalidad “filosófica” no da ninguna pista sobre la superación del capitalismo dependiente, el extractivismo o el rentismo, ni sobre la construcción de un nuevo Estado”
Refuté esta afirmación, pues las luchas indígenas no son sólo en defensa del medio ambiente sino también en defensa de su organización colectivista, auténticamente democrática, lo que precisamente significa defender los embriones de lo que en occidente se denomina socialismo, pero que los indígenas no le dan ese nombre pues a veces están luchando en esa defensa contra gobiernos denominados “socialistas” como lo fue el de Bachelet y ahora lo es el de Correa, puse el ejemplo de Chiapas (donde desde hace más de 15 años están construyendo un poder alternativo al capitalismo) y otros.
¡Ni una palabra de respuesta a esto, ni negativa ni positiva!
Es necesaria una respuesta que sea verdaderamente respuesta.

BEBA BALVÉ, FIEL A SI MISMA - ROXANA SANDA

BEBA BALVE, FIEL A SÍ MISMA


Militante socialista desde los 15 pero sólo consecuente con sus ideas –lo que le valió más de una disidencia–, Beba Carmen Balvé colaboró con la resistencia peronista, analizó la marginalidad antes de que se impusiera como categoría y tuvo tiempo de aprender a pilotear aviones, lanzarse en paracaídas y manejar armas. Su voz sigue levantando polvaredas a su alrededor mientras ella sonríe plácida: -Estoy acostumbrada, por donde paso se arma escándalo.

Por Roxana Sandá
Viernes, 22 de febrero de 2008

Dicen de ella quienes la conocen que es fuego.
Sólida como una roca. Imposible discutirle sin salir herida.
Mujer de lengua filosa y pensamiento capaz de estallar en ideas que conmueven o pulverizan.
Mejor cultivar su alianza.
No teme ni a la sombra de quienes la persiguieron durante años.
Ya es mayor, sí, pero no se detiene; su carrera fue demasiado vertiginosa como para que de golpe paralice su ímpetu.
La mujer, llamada Beba Carmen Balvé en la Rosario de 1935, por un padre nativo de Normandía que apelaba al respeto absoluto de su hija tanto como al frío de una 38 calzada en la cintura, fue cuadro del socialismo y colaboradora de la Resistencia peronista.
Pasó por todas las cárceles de Buenos Aires; ocultó casi con pasión religiosa a Joe Baxter y al sable corvo de San Martín.
Es aviadora, paracaidista, socióloga, militante del desprejuicio y fundadora del Centro de Investigaciones en Ciencias Sociales (Cicso), de donde surgió el imprescindible Lucha de calles. Lucha de clases, editado por La Rosa Blindada en 1973.
Sus principios no le permitirían mentirse sosiego. 
-Llegué a este mundo para armar quilombo y darme cuenta también de que estamos llenos de contradicciones, aunque a los errores prefiero llamarlos problemas tácticos, explica con una sonrisa amplia sobre su cutis envidiable, apenas opacado por el humo blanco de los incontables Parisiennes que fuma cada día.
Ella sabe hacerle honores a la reputación.
Su última conferencia, Inteligencia y contrainteligencia, volcada durante una cena de la Agrupación Oesterheld, provocó la ira de Eduardo Anguita y una maraña de trompis partidarios que siguen dando cuenta de la ríspida amplitud del peronismo.
"Nunca me quedo callada. Hablé de las elecciones nacionales como un caos organizado, y algunos se pusieron nerviosos. Igual, estoy acostumbrada. Por donde paso, siempre se desata el escándalo".
De niña, Beba (no es apodo, sino nombre propio tras un juicio iniciado por su padre al Estado, que ganó con el apoyo del Partido Demócrata Progresista y hasta la intervención de Lisandro de la Torre) se debatió, como sor Juana, entre el amor divino y el amor humano.
-Aunque a los cinco años quedó claro que mi inclinación no sería tan divina. Era un contrasentido creer en lo que no se entiende. Mi madre había muerto y mi padre me inscribió pupila en el colegio del Sagrado Corazón, de Rosario, donde no dejaban ir a orinar de noche porque decían que en la terraza había un tipo agazapado que nos iba a castigar. Y en invierno, a las que inevitablemente se hacían encima, las monjas las obligaban a lavar sus sábanas a las seis de la mañana, con temperaturas bajo cero. No toleré esa situación, así que decidí investigar.
La osadía terminó develando que la sombra de la terraza era una estructura de ventilación y que las vejigas de las niñas no tenían por qué sufrir más punzadas de dolor. La pequeña Beba fue la primera alumna expulsada de la institución.
-Mi padre no dijo palabra, salvo que mi nuevo destino sería el colegio Madre Cabrini, que dependía del Vaticano y que en uno de sus salones colgaba el cuadro gigantesco de un Benito Mussolini de rostro dulce. Imaginá mi confusión, entre un padre que colaboraba desde la Argentina con los aliados franceses y vomitaba furia contra el fascismo, y mi saludo diario de cada día al presidente de Italia. Una locura en la que me vi envuelta hasta que el cura me eligió para ser cuadro laico, porque era muy estudiosa. Leí la fe, empecé a hacer muchas preguntas y él decidió que yo no servía para eso, lo cual era una obviedad.
Así de conflictiva fue su afiliación al Partido Socialista de Rosario a los 15 años.
Su tarea era la organización de pic nics de la juventud, -porque era la única actividad que nos delegaba el partido a los más chicos, mientras portuarios y ferroviarios comunistas, socialistas y anarquistas mixturaban a voz en cuello las melodías de los himnos Quinto Regimiento y Bandera Rossa.
En aquellas jornadas, -el partido nos decía a los jóvenes que debíamos estar junto a los obreros, pero con el tiempo observamos que los obreros estaban en otro lado, y ese lugar era el peronismo. Había algo, entonces, que estaba fallando.
-Cierto día, mi padre desapareció, cuenta Beba sobre siete meses de ausencia de los que nunca pudo hablarse -porque él lo prohibió terminante.
El episodio derivó en un contacto con Luis Armando Roche, amigo de la familia y delegado clandestino de la Dirección de Propaganda del Estado durante 1945, que realizó en el sur de Santa Fe un minucioso trabajo de base para generar adhesiones a Perón, entonces en la Secretaría de Trabajo y Previsión.
-Luego de aquella desaparición misteriosa, creo que mi padre temió por mí y me presentó a Roche. Yo escuchaba sus charlas y por él conocí a gente del peronismo y de la Resistencia. Así que terminé siendo socialista pero amiga de los peronistas. Jamás gorila.
Que haya elegido 1954 para hacer un curso de piloto de aviación y paracaidismo es casi una ironía.
–¡ Pero no sé por qué se me ocurrió! Bah, sí: siempre me gustaron los aviones y las motos. Era fierrera por naturaleza, de estos fierros y de los otros (risas).
En esa época no había aviación civil y prácticamente tuve que hacer el servicio militar. Mi instructor era de la aviación naval; me sacó buena.
Claro, al año siguiente intentó convocarme para volar los aviones Catalina (los que sobrevolaron la Plaza de Mayo en el golpe del ’55) y evitar el ascenso de la gente en Rosario. Por supuesto, yo no iba a hacer el trabajo de botonear a las masas.
Encima, muchos de los que tomaron el curso de piloto eran delegados del Sindicato Unidos Petroleros del Estado (SUPE), de la refinería petrolera de San Lorenzo (hoy en manos de Petrobras).
-Todos peronistas y amigos.
¿Qué ocurrió en Rosario el 16 de septiembre de 1955?
–Apenas iniciado el golpe contra el gobierno constitucional, los resistentes de Rosario soportaron el embate durante siete días.
El general León Bengoa, comandante del III Cuerpo de Ejército con sede en Paraná, sitió la ciudad con armamento y tanques Sherman provocando una guerra civil.
Sin alimentos ni armas, las fuerzas leales a Perón, el Regimiento Militar II de Infantería de Rosario, los trabajadores del cordón industrial y el pueblo pelearon contra los sectores civiles enemigos y las Fuerzas Armadas.
El enfrentamiento se cobró 500 muertos entre niños, mujeres y hombres, además de cientos de heridos.
Vi fusilar a diez pibes; ví cuando desde los tanques ametrallaban a jóvenes que se tiraban al lago del Parque Independencia.
Había toque de queda y por las noches sonaban las balas de los francotiradores.
Los militares entraban a las radios mientras se emitían los programas: todo el pueblo escuchaba apersonarse al capitán de fragata tal o cual y luego el rugido de la ametralladora.
Mataban a todos en el marco de esa insurrección.
-Ahí me curé de espanto.
Y cómo resolvió su militancia en este contexto?
–Permanecía en el partido pero discutiendo con los socialistas. Cuando llegó la orden de intervenir los sindicatos no la acatamos, por tanto nuestra relación con los peronistas era muy particular, no por su condición ideológica sino por obreros. Hice contacto con el ala sindical cuando la Resistencia estaba en Empalme Graznero y Arroyito, que era la zona más fuerte, y Villa Manuelita, y colaboré en una serie de acciones. ¡Casi terminé siendo una doble agente!
La relación con el PS se erosionó hasta hacerse trizas, en 1961, con la ruptura de la Dirección Nacional de la Juventud con Alfredo Palacios y Alicia Moreau.
-Para nosotros eran fósiles. Además, Palacios se oponía a la acción cubana ¡y habíamos trabajado con la Revolución Cubana! Si el propio directorio revolucionario era recibido por el partido en Buenos Aires cuando tenía que esconderse de Fulgencio Batista. Estábamos con ellos desde antes de la revolución. Entonces hicimos la revista Che y sacamos un documento sobre el proyecto de liberación nacional y social y la lucha armada, con eje en el peronismo. Fuimos los primeros que planteamos esta cuestión.
En el universo de los sesenta, Beba Balvé cultivó relaciones políticas con Salvador Allende, Raúl Sendic, las FAP, John Cooke, Alicia Eguren, el abogado Ricardo Rojo –autor de Mi amigo el Che– y Facundo Larguía, -rosista, amigo de Perón y aristócrata de la más rancia estirpe patricia y ganadera.
Comenzaba a trabajar como investigadora en el Instituto Di Tella, donde integró el equipo dirigido por Alan Touraine y Eric Hobsbawm, para relevar el desarrollo industrial en América latina, y junto a Fernando Enrique Cardozo, del Cepal, en el Proyecto Marginalidad, un polémico estudio de campo financiado por la Fundación Ford.
-Se nos acusó de marxistas y también de colaboradores de la CIA, porque sosteníamos que la marginalidad no existía como categoría, y que debía hablarse de ejército industrial de reserva. Pero me encargué de decirles a muchos que yo había estado en todas las luchas y que a sus huevos no los había visto en ningún lado. No nos jodieron más.
Beba, como cualquier chica de su generación, había tolerado que le enseñaran modales apropiados para cuando tuviera edad de casarse.
Algo que ella se juró que jamás cumpliría. Ni esposa ni madre, no era para ella.
Cumplió su juramento durante años, ensayando parejas con compañeros de izquierda, -pero era inútil. Discutíamos de política y al tipo lo perdía, porque ganaba yo. Además, siempre viví sola, nunca se me ocurrió decir buen día. A la mañana me levantaba, hacía mi café y leía el diario. Punto.
Hasta la tarde de 1967, en el lobby de un hotel de Córdoba, plena Guerra de los Seis Días. -Revisaba papeles de la investigación de Touraine sentada en un sillón, con un vaso de whisky en la mano. Levanté la vista y frente a mí alguien sostenía un diario con los titulares sobre la guerra; los resultados habían sido desastrosos para el pueblo palestino. Me indigné, empecé a gritar y le arranqué el diario. El hombre observaba espantado la pelea que mantenía conmigo misma. Resultó ser empresario, representante de una firma norteamericana que fabricaba cosas para la Nasa, campeón de velero y de golf. No teníamos nada que ver. Preguntó qué pasaba y me indigné más. ¿Cómo qué pasó? ¡Perdieron la guerra los palestinos!. El colmo fue cuando me dijo ¿Qué guerra?
-Así conocí a Miguel, y sé que fui la aventura de su vida. Desde entonces nos encontramos varias veces, hasta que un día le suelto ‘Nosotros no podemos seguir, porque somos enemigos (risas).
¿Qué cosa?’, me preguntó horrorizado.
-No puedo decirle mucho más, pero sus relaciones no tienen nada que ver con las mías.
-Terminamos viviendo juntos, pero era una locura. Yo estaba todo el día afuera, a veces volvía a las cuatro de la mañana, otras no aparecía. Estaba harto, y aun así llegó a proponerme matrimonio. Mi respuesta siempre fue un ataque de nervios, agarrar el auto y dormir afuera, pero al otro día terminaba volviendo para darle de comer a mis dos perros.
El calendario de 1970 la encontró en Puerto Península, siguiendo un programa de colonización de la Facultad de Agronomía de la Universidad de La Plata, junto a un equipo multidisciplinario que se instaló en esa región de bosque virgen hasta 1974.
Durante cuatro años, Beba trató con yararás, corales, avispas, aguas contaminadas, falta de hielo para su whisky, un jefe del destacamento policial que era de la Side y otro a cargo de esa delegación de la subprefectura castigado, -porque había estado en el Cordobazo y no reprimió. Todo era desopilante.
En medio de esas travesías se desarrolló el Cicso, que desde 1966 y hasta la fecha -se dedica al estudio de las relaciones de clase y grupos socioeconómicos.
Son imprescindibles las publicaciones.
Acerca de los movimientos sociales y la lucha de clases, Movimiento social y enfrentamiento social: el Santiagueñazo, Lucha de calles. Lucha de clases. Insurrección popular e insurrección proletaria, y El ‘69. Huelga política de masas (Rosariazo, Cordobazo, Rosariazo).
Nunca se dejó de articular investigaciones y cursos, aun con la dictadura sobre los talones y los exilios accidentados de su directora, -a México, Estados Unidos, Francia, Canadá. Pero volvía, no soportaba estar fuera de mi país. Por eso me banqué a los milicos que cada dos por tres se metían en el Centro, a servicios como Alfredo Astiz, que un día se inscribió con nombre falso en un curso pagado con cheque sin fondos, y a mujeres canas tan groseras que en vez de pedirme los programas de estudios me solicitaban los prontuarios.
-Fue una época de dolor.
–No sé si ese período o el preludio de lo que fue la ruptura con la generación del setenta.
Porque en los sesenta habíamos articulado un frente social en la alianza de clases, a través de una política de unidad con el movimiento obrero en la lucha, en un proceso de liberación nacional y popular.
Pero en los setenta se montó la oleada impresionante de una pequeña burguesía ilustrada, y ya no podías contrariar eso.
No quiere decir que no haya sido solidaria y hasta compartido ciertas cosas con grupos que se estaban armando, como los Montoneros; en definitiva formaban parte de la izquierda.
Pero creo que se trató de una generación que rompió raíces con lo anterior y con la historia del país.
El problema de Montoneros es que se olvidaron de que Perón era un general de la Nación, y ése era un dato fundamental.
Pero, ¿sabés qué?, toda esta historia de desastres y puntos suspensivos también me enseñó algo: nunca nadie podrá arrancar al peronismo de este país, porque su esencia se transmite por familias.
No solamente porque de él comieron, estudiaron y trabajaron, sino porque por él lucharon.

ALGUNOS DATOS: 
Beba C. Balve investigadora y socióloga. Fundadora de CICSO en 1966. Se han reeditado dos libros de los que es autora: Lucha de calles. Lucha de clases (1971'1969); El '69 Huelga Política de Masas (Rosariazo, Cordobazo, Rosariazo) Editorial Contrapunto ( 1989 ). Bs As; Hegemonía proletaria y hegemonía burguesa; serie Estudios Nro.73 Centro de Estudios en Ciencias Sociales, Buenos Aires y De protesta a Rebelión (Rosario, mayo de 1969) (Beba Balvé y Beatriz Balvé. Buenos Aires: CICSO, 1985). Miembro Comision Directiva del Consejo Latinoamericano de Investigación para la Paz- CLAIP- Mexico; del Comite nacional del Servicio Universitario Mundial-WUS-(Londres) 1980-83; de la Asociación Latinoamericana de Sociología -ALAS- vicepresidente l979-198l -1988-1993, siendo miembro del Comité Directivo del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales CLACSO- 1987-1991