miércoles, 3 de febrero de 2010

LA ALBORADA DEL MOVIMIENTO NACIONAL Y POPULAR - MARCELO SPERANZA

LA REVOLUCIÓN DE LOS CORONELES

El 4 de junio, el movimiento militar encabezado por el general Rawson asumió el gobierno y éste fue proclamado como presidente provisional.

La falta de apoyo de los coroneles -donde tenía predicamento el GOU que apoyaba al general Ramírez- lo llevó a renunciar dos días después. Había cometido el error de ofrecer a José Maria Rosa y Horacio Calderón -el primero germanófilo, y el segundo, aliadófilo, ambos conservadores-, las carteras de Hacienda y Justicia, respectivamente, en el marco de un golpe anticonservador y antialiado. Otras designaciones, también fueron duramente cuestionadas por la logia.

Rawson fue reemplazado por el general Pedro Ramírez, secundado por el general Edelmiro Farrell como ministro de Guerra y por el coronel Juan Domingo Perón como jefe de esa Secretaría.

En octubre de ese año, Farrell fue nombrado vicepresidente de la Nación.

Por un decreto presidencial del 26 de enero de 1944, con la excusa del descubrimiento de una vasta red de espionaje organizada por los agentes del Eje en territorio argentino, el gobierno argentino rompió relaciones diplomáticas con Alemania y Japón.

Se opusieron a la medida, los civiles nacionalistas y el ala profascista del GOU. Juan D. Perón se manifestó abiertamente a favor de la ruptura.

El 23 de febrero, Perón y sus camaradas declararon disuelto el GOU. Con esa maniobra, liberaron a los jefes superiores del juramento de apoyo al presidente Ramírez. El 24 de febrero, Ramírez le solicitó a Farell la renuncia a su cargo de ministro. Ese mismo día, Perón reunió a los coroneles de las guarniciones de Campo de Mayo y Buenos Aires en la Secretaría de Trabajo. De esas deliberaciones surgió una generalizada oposición al Presidente.

Las discusiones continuaron durante el resto de la jornada y, finalmente, en la madrugada del día 25, Ramírez, sin sustento militar, “delegó” el mando en el general Farrell. Ante la opinión pública se explicó que Ramírez se alejaba del poder fatigado por la intensidad de sus tareas de gobierno.

La gestión del general Ramírez fue favorable, aún sin ser conciente de ello, a los intereses de la logia. En poco tiempo ingresaron en el gobierno, sobre todo en los ministerios de Guerra e Interior, varios tenientes coroneles o coroneles del GOU: Enrique P. González., Miguel A. Montes, Domingo Mercante y el coronel Perón, quien pronto se destacaría por sus condiciones de organizador y ejecutor.

Acerca de los meses iniciales de la Revolución de los Coroneles escribe el historiador Cristián Buchrucker:

“No cabe duda de que la primera etapa de la Revolución de Junio estuvo visiblemente influida por las ideas del nacionalismo restaurador. La represión policial de comunistas e izquierdistas fue intensificada, la enseñanza religiosa introducida en las escuelas (decreto nº 18.497, del 31-12-1943), la censura de la prensa escrita y radial legalizada (decreto nº 18.496); los profesores y estudiantes liberales perseguidos; las asociaciones israelitas acusadas de actividades masónicas (octubre de 1943), y todos los partidos políticos disueltos (decreto nº 18.498). Más tarde sufrieron igual destino, las organizaciones nacionalistas”.
Buchrucker, Cristián. Nacionalismo y Peronismo. Edit. Sudamericana. Buenos Aires, 1989, pág. 281.

Farrell contaba con una fuerte base de sustentación: por lado, los sectores del GOU favorables a Perón, por el otro, los grupos de oficiales que acompañaron la caída de Ramirez. Perón, por su parte, contaba con el apoyo ideológico de notorias figuras del nacionalismo como Diego Luis Molinari y José Luis Torres y de los forjistas Arturo Jauretche y Homero Manzi. Se acercan al coronel, José María Rosa (hijo) y Ernesto Palacio, ambos provenientes del nacionalismo restaurador. En agosto de 1943 Manzi y Jauretche se reúnen con Perón.

Dirá luego Jauretche:

".. llegamos a la convicción de que Perón, por su orientación, por sus ideas y por su aptitud de captación del ambiente, era el hombre indicado para darle un contenido parecido al que nuestro pensamiento deseaba a la revolución".

En octubre de 1943 Farell nombró a Perón director del Departamento Nacional del Trabajo. Uno de los principales colaboradores en Trabajo sería otro miembro del GOU, el teniente coronel Domingo Mercante, hijo de un trabajador ferroviario del sindicato La Fraternidad.

Creado en 1907, el Departamento Nacional del Trabajo era una oficina que hasta 1934 llevaba material estadístico. En la década del 30 intervenía en la represión de la actividad sindical.

Superada la etapa inicial de la Revolución, cuando las organizaciones gremiales fueron intervenidas y los medios policiales estaban al orden día, la política laboral de Farell, diseñada y orientada por Perón, constituyó un giro nunca visto en la historia argentina.

Un hecho, sucedido en agosto de 1943, cuando todavía Perón no había asumido como titular del Departamento Nacional del Trabajo, fue representativo del cambio que se avecinaba: la huelga en los frigoríficos. Conducido por José Peter, dirigente comunista, quien había construido desde abajo la organización gremial de la carne en Berisso y alrededores, la medida se realizó para pedir por su libertad.

Perón intervino activamente en el conflicto, logrando el levantamiento del paro, la liberación del dirigente y el aumento salarial para los obreros del sector.

En sus primeros mensajes dirigidos a los trabajadores exaltará la unidad nacional, la solidaridad social y el orden socioeconómico, a la vez que repudiará el accionar de los "agitadores sindicales" e "ideólogos extranjeros".

En noviembre de 1943, el Departamento Nacional del Trabajo se convirtió en Secretaría de Trabajo y Previsión Social. Para ese entonces, Perón se encontraba generando una nueva e inédita política social y sindical.

El propio coronel difundió la premisa de que había comenzado “la era de la política social argentina”.

El 4 de mayo de 1944 el Coronel Perón fue designado ministro de Guerra; sin dudas, un cargo estratégico, a pesar de la oposición del ministro del Interior, general Perlinger, quien tenía como aliados a líderes del GOU como los coroneles Julio Lagos y Arturo Saavedra, el teniente coronel Severo Eizaguirre y el mayor León Bengoa. En julio, un choque verbal entre Perón y Perlinger, se dirimió a favor del primero.

La estrategia de Perón hacia el frente interno militar era conseguir la confianza y adhesión a su programa político, apelando a valores patrióticos y profesionales del sector.

En una conferencia, el coronel Perón, explicó la Doctrina de la Defensa Nacional, partiendo del concepto de la "Nación en armas" y de la necesidad de lograr autonomía económica.

Como ministro de Guerra, Perón se ocupó de equipar a las FF. AA., además de impulsar las bases de industrias estratégicas, como la industria siderúrgica.

Los gastos militares, en esos años representaron un 6 % del PBI. El cuerpo de oficiales aumentó un 40% sus efectivos. El Ejército dispuso del mayor plantel de su historia: 138.000 hombres, entre ellos, 104.000 conscriptos.

Hombre de confianza y consulta de Farrell, quien sentía respeto y admiración por el subordinado (unos años antes Perón estuvo bajo sus órdenes organizando la infantería de montaña), el 7 de junio de 1945, el presidente designa a Perón vicepresidente de la Nación, con retención de sus otras dos funciones: ministro de Guerra y secretario de Trabajo.

En reconocimiento a su papel histórico, hay que mencionar que Edelmiro J. Farrell fue un activo protagonista de un proceso histórico que cambió el rumbo de la Argentina, siendo el primer general enterado de los propósitos del GOU y el principal apoyo de Perón dentro del Ejército.

El gobierno militar empezó a golpear los nodos del poder oligárquico: intervino la compañía de electricidad CADE y la Corporación del Transporte, la que luego nacionalizó, al igual que la Compañía Británica de Gas. Comenzó una investigación que dio a conocer los negociados realizados durante la Década Infame.

Las exportaciones no tradicionales a los países de América Latina aumentaron considerablemente y las importaciones en 1943 representaban una tercera parte de lo importado en 1937.

La industria nacional aprovecha muy bien las consecuencias de la guerra interimperialista. En el período 1939-1944, el producto bruto nacional crece casi un 20 %. Entre 1929 y 1938, lo había hecho a un promedio de 1,45 % por año.

Jorge Abelardo Ramos ofrece estos datos significativos:

Producción e importación de manufacturas
Período        Producción nacional       Importación   Demanda fija total
1900/1904               41,4 %                       58,6 %             100 %
1944                       80,5 %                      19,5 %               100 %

En 1935 había 437.816 trabajadores ocupados en la industria manufacturera. En 1946, el sector estaba compuesto por 1.056.673 obreros.
Respecto a participación del capital nacional y extranjero, exhibe los siguientes guarismos:

Evolución del capital nacional y extranjero en la economía argentina
(en millones de dólares corrientes)

Año    Total         Nacional    Extranjero   % capital extranjero sobre total

1913  6568              3423              3136                               47,7 %
1945  17209           14558              2651                              15,4 %
Ramos, Jorge A. La era del peronismo. Ediciones del Mar Dulce, Buenos Aires, 1981.

Las tarifas aduaneras, por otra parte, se revaluaron a los fines de la protección de la industria local. En 1943, lo que era apenas una oficina, la Dirección de Industria y Comercio se convierte en la Secretaría de Industria con jerarquía de ministerio. Aparece la Dirección de Política Económica, conducida por discípulos del economista Alejandro Bunge. En 1944 se crea el Banco de Crédito Industrial para fomentar la industria nacional con préstamos a largo plazo.

Ya en 1936, el londinense The Economist advertía:
“El verdadero peligro en la Argentina está en que el país evoluciona cada más hacia el nacionalismo industrial”
Scalabrini Ortiz, Raúl. Política británica en el Río de la Plata. Pág. 146, 1957.
Si bien en el plano económico la revolución de junio desplegó una política con sentido nacional, en el campo de la educación y la cultura habían campeado, como se mencionó, los sectores nacionalismo retrógrado, herederos del uriburismo, hombres con mentalidad del medievo (piantavotos de Felipe II, los llamaba Perón) como los sucesivos ministros de Instrucción Pública: el general Elbio Anaya, el escritor antisemita Gustavo Martínez Zuviría, Alberto Baldrich y el doctor Rómulo Etcheverry Boneo.

Sobre la primera etapa de política cultural del gobierno de los coroneles dirá Abelardo Ramos:

“En este período oscuro de la revolución juniana, ocuparon cargos claves en el aparato cultural del Estado el inefable Carlos Obligado (interventor en la Universidad de Buenos Aires), el presbítero Juan R. Sepich, el doctor Héctor Saénz y Quesada, Ignacio B. Anzoátegui, (…). Nombres característicos serán asimismo los del doctor Ignacio B. Olmedo, Ricardo Font Ezcurra y Héctor Llambías. ¡Los intelectuales del 6 de setiembre!”
Ramos, Jorge A. La era del peronismo. Ediciones del Mar Dulce, BuenosAires, 1981.

Tal fue el caso de la Universidad, donde la organización universitaria forjista emitió un muy duro documento contra el Interventor de la Universidad del Litoral, Jordán Bruno Genta y el propio Jauretche polemizó con este personaje extraído de las cruzadas que había declarado que “el problema de la salvación del país es principalmente el problema de la inteligencia, porque sólo por la inteligencia conocemos los fines y somos capaces de obrar ordenados por ellos”.

Los hombres de FORJA le replicaban con un manifiesto:

“Alabanza máxima al bandidaje universitario que ha traficado con todos los bienes de la nación, formado por inteligencias conocedoras de los fines que nunca han sido capaces por la inteligencia de obrar en orden a los fines superiores de la existencia, porque la inteligencia no es fuente de virtudes. (…) ¡Que la cultura greco-romana salve a Europa y vengan después sus portavoces a proclamar su vigencia y su excelencia! (…) Y aquí, terreno más familiar para nosotros y menos conocido por los intelectuales greco-romanos ¿no es la inteligencia la que ha brillado en el régimen, en sus católicos cultísimos, en sus judíos cultísimos, en sus ateos cultísimos, sus mercaderes y gobernantes cultísimos?¿y qué han significado?. Por sus frutos los conoceréis. En la acción del Estado, ahí están sus leyes, decretos, sentencias, tratados, en que toda justicia fue subordinada a los intereses más abyectos”.
Jauretche, Arturo. Op. Citada.

Sin embargo, el ala del nacionalismo sin pueblo se queda sin aire ante el peso de la orientación emancipadora que avanza en todos los planos: el laboral, el económico y en la política exterior.

Hacia el frente interno militar, se desarrollaron acciones desde el ministerio de Guerra, en beneficio de las condiciones profesionales: se reformaron los estatutos de las Fuerzas Armadas, se amplió el número del cuerpo de oficiales y se promovieron ascensos. Una clase completa se incorporó al servicio militar obligatorio. Se ponen las bases del arma más joven de los militares, la Fuerza Aérea. Se prioriza el desarrollo industrial militar, al que se le da un fuerte respaldo, sobre todo, como se vio, a Fabricaciones Militares.

Atrás van quedando la censura a las publicaciones de izquierda, la persecución a los sindicatos, la disolución de los partidos políticos, si bien la política sindical del gobierno militar, en manos de Perón y su fiel colaborador, el teniente coronel Domingo Mercante, combinó presión contra los sindicalistas recalcitrantes; neutralización de las organizaciones opositoras mediante su división y cooptación de dirigentes afines al nacionalismo popular, mientras que por otro lado impulsó la creación de nuevos gremios (del azúcar, vitivinícolas, de la carne, metalúrgicos), la sindicalización de los trabajadores y la formación de grandes federaciones por rama, con lo que unió a centenares de miles de trabajadores hasta ese momento dispersos por oficios. Los viejos sindicalistas desplazados se sumaban a las filas de la oposición, si bien muchos de ellos fueron desacreditaron por sus bases que contemplaban y juzgaban la actitud negativa con que recibían las reformas.

Angel Perelman, sindicalista del socialismo revolucionaria, retrata así aquel clima epocal:

“En nuestro trabajo sindical advertíamos a partir de 1944 cosas increíbles: que se hacían cumplir leyes sociales incumplidas hasta entonces (…) otras disposiciones laborales, tales como el reconocimiento de los delegados en las fábricas, garantías de que no serían despedidos, etc., tenían una vigencia inmediata y rigurosa (…). Los patrones estaban tan desconcertados, como asombrados y alegres los trabajadores”.
Pavón Pereyra, Enrique. Perón, el hombre del destino. I, pág. 256-259


El conjunto de medidas emanadas de la Secretaria de Trabajo y Previsión Social mejorarían de manera evidente la situación laboral de la masa trabajadora nacional, la que en 1943, sólo un 12 % de la fuerza laboral activa estaban afiliados a organizaciones sindicales (400.000 trabajadores).

El aumento general de salarios, la fiscalización de las condiciones laborales, la creación de estatutos de diversos gremios y de los Tribunales del Trabajo, la reglamentación de las asociaciones profesionales, la unificación del sistema de previsión social y la extensión de los beneficios de la ley 11.729 a todos los trabajadores, fueron algunos de los logros, aunque un aspecto fundamental lo constituyó el contacto directo con los trabajadores: obreros sin jerarquía alguna, delegados, comisiones internas y dirigentes de las organizaciones sindicales hasta ese momento olvidados por distintos gobiernos.

La relación con los gremios progresó notablemente.

Sobre el particular expone el historiador Buchrucker:

“(…) la Secretaría se convirtió rápidamente en el centro de una sorprendente actividad, que puede ser resumida en las siguientes líneas directrices:
1º) En el transcurso de dos años surgió un cuerpo de legislación laboral que colocó a la Argentina en un puesto de vanguardia en lo referente al área de política social latinoamericana.
2º) El organismo estatal propulsó enérgicamente el desarrollo de las antiguas y la fundación de nuevas entidades sindicales.
3º) Perón se vio forzado, por la lógica natural de los hechos, a justificar sus acciones tanto ante reuniones de trabajadores como ante foros empresarios. Esta tarea discursiva lo convirtió, a poco andar, en una especie de “predicador” o “agitador” como él mismo llegó a autocalificarse. Así, el 17 de junio de 1944 ensayó una audaz reinterpretación del hecho revolucionario de junio, declarando que:
Esta Revolución encierra un contenido social. Sin contenido social sería totalmente intrascendente y no habríamos hecho otra cosa que una de las veinte revoluciones que han tenido lugar en este país”.


(…) Basta aquí con recordar brevemente las reformas más importantes:
a) El Estatuto del Peón, que fijó salario mínimo y mejores condiciones de trabajo, vivienda y alimentación para un amplio sector de la población (…)
b) La creación del Instituto de Previsión Social.
c) La introducción del seguro social y la jubilación que terminó por beneficiar a dos millones de personas en situación de dependencia.
d) El establecimiento de los Tribunales del Trabajo, en cuyo personal Perón fomentó una actitud positiva hacia los reclamos obreros.
e) El reconocimiento oficial de las “asociaciones profesionales”, con lo cual el sindicalismo adquirió una nueva y más ventajosa posición jurídica en la sociedad.
f) Las mejoras salariales en relación con los años de servicio y el “aguinaldo”.
Buchrucker, Cristián. Nacionalismo y Peronismo. Ed. Sudamericana. Buenos Aires, 1989, pág. 286-287.

Durante todo este período, y hasta las elecciones del 24 de febrero de 1946 que lo consagraron Presidente constitucional, Juan Domingo Perón realizó una obra impar, con su red de apoyos en el GOU, algunos sindicatos (en especial los nucleados en la CGT nº 1 conducida por el gremio ferroviario) y la militancia proveniente de FORJA y de sectores del radicalismo, del nacionalismo, del socialismo y del laborismo.

Contra cierta izquierda que ve en el apoyo creciente de los sindicatos hacia la política del coronel Perón como una “capitulación” de la clase obrera, hay que decir que el proceso no fue lineal, que los trabajadores venían librando luchas desde 1942.

En opinión de Jorge Abelardo Ramos:

“Perón se sumergió en esa gran corriente en marcha y la canalizó con la ayuda del aparato del Estado. Al levantar una estructura de leyes sociales, mejorar los convenios, establecer profundas modificaciones en las condiciones de trabajo en el interior de las fábricas y promover a la acción sindica la miles de nuevos dirigentes, el conjunto de la clase obrera tomó las conquistas en sus manos y se dispuso a defenderlas. (…)

Observaron con mirada penetrante la estupefacción del patrón ante el triunfo rápido y decisivo de una huelga; los fallos sistemáticos de Trabajo y Previsión a favor de los trabajadores; la insolencia del capataz que veja a una obrera, inmediatamente reprimida por la actitud amenazante de sus compañeros; la readquisición de la dignidad personal de los trabajadores en la vida cotidiana en la fábrica, las leyes sociales audaces y su riguroso cumplimiento (…). El proletariado se hacía “peronista” sin emplear ese vocablo, cada hora que pasaba, correlacionando sus ideas con los datos de la realidad inmediata y concentrando la defensa de su existencia en la persona de un hombre. No de otra manera nacen los grandes movimientos populares que hacen historia. Una sustancia real yace en el origen del mito”.
Ramos, Jorge A. La era del peronismo. Ediciones del Mar Dulce, Buenos Aires, 1981.

En cuanto a la política exterior, el gobierno se había apartado del estricto neutralismo por una postura más pragmática, materializada en octubre de 1944 (Unión Panamericana) y en febrero-marzo de 1945 (Chapultepec, México.

No estaba muy lejana la actitud de un secretario de Estado estadounidense, Cordell Hull, hacia el canciller argentino de la primera etapa juniana, el almirante Segundo V. Storni, cuando respondió con dureza una carta del ministro de Relaciones Exteriores argentino referida a la neutralidad del gobierno militar frente a la guerra, burlándose de sus argumentos. .

La derrota del Eje era inminente y el 27 de marzo de 1945, el gobierno argentino declaró la guerra a Alemania y Japón, luego de que, por iniciativa del Departamento de Estado, se iniciaran negociaciones para que Argentina aceptara ingresar en las Naciones Unidas.

El 25 de abril de 1945, con el objeto de mantener la paz y la seguridad, Estados Unidos, Gran Bretaña y la Unión Soviética convocaron a una "Conferencia Internacional sobre Problemas de la Guerra y la Paz de las Naciones Unidas", a realizarse en San Francisco. De allí salió una Carta firmada por 51 países que se convirtieron en los miembros fundadores de las Naciones Unidas. La Argentina estaba entre esas naciones.

LA CONTRAOFENSIVA DE LA REACCIÓN

El 18 de mayo de 1945, el presidente Farell tomó dos medidas: levantar el estado de sitio y devolver a las Universidades su autonomía.

El 19 de mayo de 1945 llegaba a Buenos Aires el nuevo embajador de los Estados Unidos, Spruille Braden. A su alrededor comienzan a nuclearse la oposición al gobierno “nazifascista” (la UIA, la Sociedad Rural, los universitarios de la FUBA, los partidos Conservador, UCR, Socialista, Demócrata Progresistas y Comunista).

Unos meses antes, el 18 de noviembre de 1944, Perón había anunciado la promulgación del Estatuto del Peón, un hito en el camino hacia la justicia social, lo que le granjea el repudio y la resistencia, como era obvio, de la Sociedad Rural Argentina, las Confederaciones Rurales y otras entidades de productores. El Estatuto del Peón le otorgaba al hombre de campo beneficios similares a los otorgados a los obreros industriales.

La implementación del Estatuto del Peón, además de hacer justicia con un sector olvidado por sectores de la dirigencia sindical, implicaba un enfrentamiento con el grupo de terratenientes más poderosos, tanto en el plano político como económico. Con poco más de 2000 miembros, la Sociedad Rural había dado al país cinco presidentes entre 1919 y 1943, más de la mitad.

Perón no desconoce que para llevar adelante sus planes debe fortalecer el frente que se va agrupando tras su figura. Debe encontrar nuevos aliados. Convoca a antiguos militantes radicales que incorpora al gabinete: Juan I. Cooke, Hortensio Quijano, Armando Antille, Ramón del Río.

“Es natural que contra esa reforma se hayan levantado –explica Perón en el Colegio Militar – las “fuerzas vivas”, que otros llaman “los vivos de las fuerzas”, expresión tanto más acertada que la primera. ¿En qué consisten esas fuerzas? En la Bolsa de Comercio, 500 que viven traficando lo que otros producen; en la Unión Industrial, 12 señores que no han sido jamás industriales, y en los ganaderos, señores que, como bien sabemos, desde las primera reunión de ganaderos vienen imponiendo al país una dictadura (…).¡ Mucho honor en ser combatidos por esos bandidos y traidores (…)”.

En la búsqueda de nuevos aliados a la Revolución, el coronel Perón intenta convencer a una corriente del radicalismo de raigambre nacional que responde a Amadeo Sabattini, ex gobernador de Córdoba, a socialistas y comunistas.

De abril a agosto de 1945, a través del almirante Tessaire o del mismo Perón, se suceden las reuniones con la dirigencia del PC, que encarga a José Katz y Rodolfo Puiggrós la representación. El 17 de julio, Arnedo Alvarez proclama: “Derrocaremos a la dictadura militar-fascista”.

El 13 de agosto de 1945 con la rendición de Japón, luego de las bombas atómicas lanzadas sobre Nagasaki e Hiroshima por los Estados Unidos, la oposición se lanza a derrocar al gobierno revolucionario. La consigna era que la Corte Suprema se hiciera cargo de los destinos del país hasta que aquella convocara a elecciones.

Braden, por su parte, intervenía abiertamente en la política nacional. Participa en giras por el país, pronuncia discursos hostiles y amenazantes, encabeza actos contra las autoridades, reuniendo a los partidos políticos opositores en una Unión Democrática, coalición que abarcaba desde conservadores hasta comunistas.

Respecto a la línea norteamericana hacia la Argentina, un funcionario británico, J. V. Perowne escribía que:


“Uno no puede eludir la sensación de que el “fascismo” del coronel Perón es tan sólo un pretexto para las actuales políticas del Sr. Braden y sus partidarios en el Departamento de Estado: su verdadero objetivo es humillar al único país latinoamericano que ha osado enfrentar sus truenos. Si la Argentina puede efectivamente ser sometida, el control del Departamento de Estado sobre el hemisferio occidental será total. (…)”

Escudé, Carlos. “Así hablaron los ingleses, investigación en el Public Record Office, Londres en “La Opinión”, 17 de setiembre de 1978 y Rapaport, Mario, “Gran Bretaña, Estados Unidos y las clases dirigentes argentinas”, 1940-1945, Editorial de Belgrano, 1981.



El gobierno avanza en la normalización institucional y promueve un Estatuto de los Partidos Políticos. El Partido Comunista, después de 15 años, es legalizado.



Poco antes, la Suprema Corte había declarado inconstitucional la justicia del Trabajo. Cada vez se hace más nítida el antagonismo entre los “democráticos” y los defensores de las realizaciones del gobierno surgido en junio del 43.



Polarizados, los bloques de clases se vuelven más nítidos.



Las declaraciones de personeros de la oligarquía y sus partidos satélites de izquierda y derecha, se vuelven cada día más desafiantes.



Perón les responde, en ocasión de un ataque a la política laboral de la Secretaria de Trabajo y Previsión que preside:

"Estas fuerzas que firman el manifiesto han representado dentro del país la eterna economía que ha manejado la oligarquía política, que era su instrumento y que verdaderamente no gobernaba el país, de acuerdo a lo que nosotros entendemos por democracia, que asegura la justicia igual y distributiva para todos. Yrigoyen tenía razón y la atacó incansablemente. Y fue la reacción de esa oligarquía la que volteó a Yrigoyen”.
La Nación, 17 de junio de 1945.



En la contraofensiva conservadora, la Unión Industrial Argentina manifestaba su solidaridad con la declaración de las “fuerzas vivas” que habían apuntado con franco odio de clase que:

“Durante 25 años, desde la semana trágica de enero de 1919, el país ha vivido una casi perfecta tranquilidad social”.

La Nación, 17 de junio de 1945.



Un día después, la Sociedad Rural Argentina lanzaba otro ataque verbal, esta vez contra el intervencionismo estatal en el campo económico. La conspiración avanza en forma resuelta.



Los abogados de empresas extranjeras, las damas de la aristocracia, los dirigentes comunistas, los intelectuales cipayos, los políticos de los vieja partidocracia, el Club Americano, el Jockey Club, el Círculo de Armas, los carcamanes de la oligarquía se unen en su prédica contra el naciente Frente Nacional.



El 12 de julio Perón habla ante miles de obreros. Se escuchan las consignas: “¡Perón Presidente!” y “Ni nazis ni fascistas: peronistas!”.



El 19 de septiembre, a instancias de los militares “democráticos”, la reacción se concentra en la Marcha de la Constitución y la Libertad, con una concurrencia multitudinaria que habría concentrado a 200.000 personas. El objetivo era forzar la renuncia del gobierno militar.



Unos días antes, el PCA organizaba su acto en el Luna Park, bajo las imágenes de Rooselvelt, Churchill y Stalin.



Abelardo Ramos retrató ese encuentro en forma magistral:



“En la platea se sentaban figuras de nombradía en la política argentina. Presenciaban el mitin stalinista, artífices del fraude electoral, ganaderos ultrareaccionarios, agentes británicos, burócratas envejecidosen la docencia universitaria de la oligarquía, abogados de compañías extranjeros, enemigos mortales de Hipólito Yrigoyen transformados en “radicales nuevos”, políticos del Bario Norte, “petit caporales” de parroquia, damas elegantes de la Junta de Victoria, la variada fauna del cipayaje antinacional de todas las épocas”.
Ramos, Abelardo. Op. Cit. pág. 106.



También días antes de la movilización de los sectores de la vieja Argentina, en la Bolsa de Comercio, la Asamblea Permanente del Comercio, la Industria y la Producción se reunía en forma secreta para instar a sus asociados a cerrar los establecimientos para colaborar con la marcha.



Luego de la Marcha de la Constitución y la Libertad, de la que participó, Spruille Braden, dejaba el país, creyendo que su misión estaba cumplida y el gobierno derrotado.



El día de la marcha, el jurista Carlos Sánchez Viamonte hizo una presentación ante la Corte solicitando que declarara acéfalo el Poder Ejecutivo y que el superior tribunal asumiera las responsabilidades de conducir el país.



Después de aquella marcha, se profundizaron las divisiones dentro del frente antiperonista entre los nacionalistas antiperonistas y los defensores del anciano régimen.



Cinco después del 19 de setiembre, el general Rawson intenta levantar a guarniciones de Córdoba sin encontrar eco alguno.



Entre los primeros, se encontraba el general Avalos, con centro en Campo de Mayo quien buscó apoyo en el sector del radicalismo conducido por Amadeo Sabattini.



Precisamente allí, en Campo de Mayo, un grupo de oficiales jóvenes había planeado cometer un atentado contra Perón. Pocos días después el mayor Desiderio Fernández Suárez proponía matarlo ante varios centenares de oficiales (durante la llamada “Revolución Libertadora” sería quien daría la orden de asesinar en el basural de José León Suárez a los militantes populares plegados al movimiento del Gral. Valle, en su carácter de jefe de Policía de la provincia de Buenos Aires).



El otro sector contrarrevolucionario tenía como referente al almirante Vernengo Lima, con base en el Círculo Militar. Estaban por la opción de entregar el poder a la Corte Suprema, medida a la que Avalos se oponía.



Otro eterno conspirador, el general Rawson, participante de la marcha, debió comparecer ante un tribunal de honor en el Ministerio de Guerra. Absuelto, partió hacia Córdoba, donde fue detenido mientras intentaba organizar una sublevación.



En octubre, la contraofensiva escalaba hacia un punto sin retorno. El general Ávalos, jefe de la guarnición de Campo de Mayo, exigió a Farell a dimisión de Perón, su procesamiento y detención.



El 8 y 9 de octubre, el coronel del pueblo era despojado de sus cargos de Vicepresidente de la Nación, ministro de Guerra y Secretario de Trabajo y Previsión. A fin de ganar tiempo, Farell designó a Ávalos, ministro de Guerra, y a Vernengo Lima, ministro de Marina.



Perón, el verdadero estratego del gobierno fue detenido el 12 de octubre, confinado a la Isla Martín García y puesto bajo la vigilancia de la Armada.



A partir de ese momento se intensificaron los contactos entre los enviados del coronel del pueblo, los militares Russo y Mercante con los gremialistas, en especial Libertario Ferrari y Cipriano Reyes, quien había dezplazado a Meter del gremio de la carne. A ellos se les iba a sumar una figura poco conocida, la actriz Eva Duarte.



El diario Crítica titulaba el 13: “YA NO CONSTITUYE UN PELIGRO PARA EL PAÍS”.



Entre el 8 y el 17 de octubre el clima político y social era exasperante.



Luis Monzalvo, un antiguo dirigente obrero de orientación socialista tuvo, junto a otros líderes sindicales, una larga charla con el general Avalos, la tarde del del martes 16, que evocó así:



"Procuré darle a la conversación el carácter de un informe. Describí la situación lo más fielmente que me fue posible: la efervescencia incontrolable, en todo el ámbito del país, de las bases de las organizaciones gremiales que por propia determinación comenzaban a actuar(...) Le dije que los directivos eran absolutamente incapaces para contener la energía de la protesta y el avance avasallador y masivo de las bases que ya estaban en la calle; que en Tafí Viejo los ferroviarios habían abandonado a mediodía los talleres y que habían iniciado una marcha de protesta, de Tafí Viejo a Tucumán, y que exigían la inmediata libertad del coronel Perón. Yo agregué que sabíamos que en el caso de que ese objetivo no se pudiera lograr, se proponían hacer arder el país por los cuatro costados (...) El general Avalos empalideció”.

Monzalvo, Luis. Testigo de la primera hora del peronismo. Ed. Pleamar, 1975.


Faltaban pocas horas para que la situación se diera vuelta por completo

17 DE OCTUBRE: EL SUBSUELO DE LA PATRIA SUBLEVADO



En medio de una situación confusa, donde en las jornadas previas se habían sucedido tiroteos, manifestaciones, enfrentamientos con la policía y violencia entre grupos antagónicos, un solo sector todavía no había hecho escuchar su voz: la clase obrera nacional, atenta espectadora de los acontecimientos.



Con clara conciencia de lo que estaba en juego (las importantes conquistas obtenidas durante la gestión del coronel y la dignidad recuperada), frente a la misma caterva que había gobernado durante la década infame, ese mismo 16 de octubre, la CGT realizó una reunión para tratar una propuesta de huelga general para el 18 de octubre con el objeto de repudiar la detención de Perón. Libertario Ferrari (ATE), militante de FORJA, fue el principal defensor de la posición favorable a la huelga. Tras 10 horas de discusión, la posición por la huelga triunfó por 16 votos a 11.



Los trabajadores que apoyaban a Perón, como dijimos, no esperaron la decisión de sus dirigentes. El 16 ya hay movilizaciones de los trabajadores tucumanos. El 17, en la ciudad de Buenos Aires, La Plata, Rosario, Córdoba y Salta, los obreros comienza a converger sobre las principales plazas.



En la capital de la República, desde muy temprano comienzan a marchar hacia la Plaza de Mayo desde los suburbios. Nutridos grupos, que terminan siendo columnas de trabajadores llegan en camiones, colgados de los colectivos, en trenes, en los techos de los tranvías para solicitar la libertad y el regreso de Perón. El objetivo es ocupar la Plaza. Gritan: ¡Mueran los oligarcas! ¡Los que sean de Perón que se vengan al montón! ¡Queremos a Perón!. Son consignas elementales, pero claras. Dos países se enfrentan: el país real y el país formal.



Demostrando a los factores de poder -sobre todo a las Fuerzas Armadas-, un apoyo contundente a Perón, el presidente Farell, aduciendo razones de salud del coronel Perón, ordena su rápido traslado al Hospital Militar. De allí no le resultó difícil trasladarlo a la Casa Rosada.



El enorme empuje popular y la decisión de luchar, lleva al gobierno a disponer su libertad y a los intereses oligárquicos a retroceder. El pueblo se niega a abandonar la Plaza de Mayo sin ver antes libre a su líder.

Raúl Scalabrini Ortiz dirá :


"Era el subsuelo de la patria sublevada... Lo que yo había soñado e intuido durante muchos años estuvo allí presente, corpóreo, tenso, multifacetado, pero único en el espíritu conjunto".


Son las 11 de la noche cuando Perón aparece en los balcones de la Casa Rosada. La ovación es impresionante. Se dirige a los trabajadores para agradecerles el apoyo, anuncia su retiro del Ejército y su lanzamiento a la acción política. Los hechos pasarán a la historia social de los argentinos como el Día de la Lealtad.



Sin embargo, los generales Avalos y Rossi se resisten a reconocer que se ha producido un punto de inflexión. Antes de que puedan movilizarse, el sector más resuelto de los militares que siguen al líder popular, al mando de los coroneles Velazco, Molina y Mugica se adelantan: Molina y Velazco toman la jefatura de Policía. Mugica detiene a Rossi y se pone al frente de la Guarnición Buenos Aires del Ejército.



Semanas más tarde se casa con Eva Duarte, adopta el programa del Partido Laborista y se afilia a éste. Las elecciones están cerca, el 24 de febrero de 1946.



El armado electoral de lo que va a ser llamado peronismo, una nueva y original síntesis ideológica, pivotea sobre el mencionado Partido Laborista -al que pertenecen los sindicalistas Luis Gay (telefónicos) y Cipriano Reyes (industria de la carne)- y UCR-Junta Renovadora (Hortensio Quijano).



A estas fuerzas hay que sumarles la trayectoria y el prestigio de FORJA (disuelta en noviembre de 1945), el trabajo en todo el territorio nacional de los Centros Cívicos Coronel Perón y la presencia de la Alianza Libertadora Nacionalista, grupo de choque proveniente del nacionalismo restaurador y quien tributa el primer caído peronista: el joven de 17 años, Darwin Passaponti, asesinado de un disparo en la cabeza desde un balcón del diario Crítica cuando volvía de la Plaza de Mayo.



La figura del coronel del pueblo había concitado la adhesión de sectores del radicalismo, del nacionalismo, del socialismo y del conservadorismo. Tenía el apoyo de un sector importante del Ejército, de la Iglesia y de los industriales nacionales. También lo apoyaban los trabajadores urbanos industriales -sin nexo con los partidos tradicionales- y los obreros del campo, históricamente relegados.



En noviembre de 1945 es proclamada la fórmula de la Unión Democrática: los radicales unionista (alvearistas) José Tamborini- Enrique Mosca, que se convierte en el eje de la contrarrevolución. Integran la Unión, además de la UCR, el Partido Socialista, la Democracia Progresista, el Partido Comunista, el conservadorismo y sectores del liberalismo católico que formarán, en 1954, la Democracia Cristiana (Manuel Ordoñez, Carlos Pereira Iraola, Justiniano Allende Pose, Horacio Sueldo, entre los más notorios). Representan a los sectores medios y altos de la sociedad.



Para todos ellos, el peronismo es mencionado como el “nazi-peronismo”.



El Partido Comunista Argentino, en un manifiesto del 21 de octubre de 1945 lo describía como:

“El malón peronista con protección oficial y asesoramiento policial que azotó al país, ha provocado rápidamente, por su gravedad, la exteriorización del repudio popular de todos los sectores de la República y millones de protestas. Hoy la Nación en su conjunto tiene clara conciencia del peligro que entraña el peronismo y de la urgencia de ponerle fin (…) En el primer orden, nuestros camaradas deben organizar y organizarse para la lucha contra el peronismo hasta su aniquilamiento. Perón es el enemigo número uno del pueblo argentino”.

Ramos, Jorge A. La era del peronismo. Ediciones del Mar Dulce, Buenos Aires, 1981. pág. 83.



Opuesta era la visión del socialismo revolucionario, que se manifestaba por medio de los periódicos Frente Obrero y Octubre:

“La misma masa popular que antes gritaba ¡Viva Yrigoyen! grita ahora ¡Viva Perón! Así como en el pasado se intentó explicar el éxito del yrigoyenismo aludiendo a la demagogia que atraía a la chusma, a las turbas pagadas, a la canalla de los bajos fondos, etc., así trata ahora la gran prensa burguesa y sus aliados menores los periódicos socialistas y stalinistas de explicar los acontecimientos del 17 y 18 de octubre en iguales y parecidos términos (…)”

Ramos, Jorge A. La era del peronismo. Ediciones del Mar Dulce, Buenos Aires, 1981. pág. 84.


El 21 de diciembre el gobierno de Farrell firma la norma que instituye el salario anual complementario (aguinaldo) y las vacaciones pagas para todos los trabajadores en relación de dependencia. Antes había implementado el régimen de jubilaciones para el personal de servicios, industria y actividades civiles y el Instituto Nacional de Remuneraciones.



La reacción de la Asamblea Permanente del Comercio, la Industria y la Producción, la Bolsa de Comercio y las distintas cámaras empresarias va del estupor al odio. El 15 de enero de 1945 organizan un lock out patronal en protesta por el aguinaldo. La Unión Obrera Local, comunista, también rechaza el aguinaldo al que considera “una dádiva”.



El 12 de febrero de 1946, el Departamento de Estado yanqui da a conocer el Blue Book on Argentina (Libro Azul sobre Argentina), según el cual, Perón y el gobierno argentino colaboraron con el derrotado nacionalsocialismo alemán.



Al día siguiente, miércoles 13, el diario La Prensa dedica cinco páginas completas al libelo, oficialmente titulado "Consulta entre las repúblicas americanas sobre la situación argentina".



El libro, de tapas azules y 130 páginas no fue entregado al embajador argentino en Washington, si bien todos los diplomáticos latinoamericanos recibieron una copia encuadernada. Su promotor era el ex embajador en Buenos Aires, Spruille Braden, secretario para Asuntos Latinoamericanos del Departamento de Estado.



Perón por su parte replicó con la consigna que terminaría de darle la victoria: Braden o Perón, denunciando la intromisión de otro país en los asuntos internos de la Argentina. Y redobla la apuesta revelando que el Libro Azul había sido redactado por Durán, secretario privado de Braden y agente del stalinismo en la guerra civil española.



Once días después, Perón lanza el Libro Azul y Blanco, donde refuta los argumentos del gobierno norteamericano. Impreso en papel de diario y una portada sencilla se editaron más de 80.000 ejemplares.



El 24 de febrero de 1946, en elecciones inobjetables, triunfa la fórmula Perón-Quijano con el 52,4 % (1.487.866 votos) sobre la Unión Democrática, que obtiene el 42,5 % (1.207.080 votos).

MIGUEL CANTILO HABLA DEL P. CARLOS MUGICA - MARCELO SPERANZA

CARLOS MUGICA, LA FIGURA MAS POPULAR DEL MOVIMIENTO DE SACERDOTES DEL TERCER MUNDO, CURA VILLERO Y MILITANTE POLÍTICO Y SOCIAL, FUE ASESINADO UN 11 DE MAYO DE 1974 POR UNA BANDA PARAPOLICIAL CUANDO SALIA DE LA PARROQUIA SAN FRANCISCO SOLANO, DEL BARRIO DE MATADEROS, LUEGO DE OFICIAR MISA.
ASI LO RECORDABA EL CANTAUTOR MIGUEL CANTILO EN LA ENTREVISTA QUE NOS CONCEDIO EN BAR DE PARAGUAY Y MONTEVIDEO UN 17 DE DICIEMBRE DE 1991

“DESCUBRÍ EN CARLOS QUE HABÍA UN ACERCAMIENTO CON EL HOMBRE, QUE ERA LO QUE MÁS ME IMPRESIONÓ Y APASIONÓ DE ÉL”

P: Cómo y cuándo conociste a Carlos Mugica?
R: Lo conocí a través de una hermana mía, que era muy amiga de Marta, la hermana del P. Mugica. Primero, de oído, “por mentas”, como se dice. Un día sucedió algo muy particular. Yo estaba por casarme y solía escuchar hablar del P. Mugica como una persona evolucionada, no sólo en el aspecto político sino en el espiritual, que a mi siempre me interesó mucho. Mi familia me presionaba para que me casara por iglesia, pero yo a los 17 años había abandonado la práctica religiosa. No las creencias básicas pero sí la práctica religiosa. Tenía 21 años y con mi futura esposa pensabamos que no eramos católicos practicantes y estaba esa especie de conflicto de aceptar la presión de la familia . Entonces decidimos consultarle al P. Mugica para resolver nuestro conflicto, que era aceptar la presión de la familia o no. Lo consultamos considerando que era la autoridad sacerdotal más confiable que había en ese momento.
Fuimos a verlo a un cuartito, arriba de la casa de su familia, en el ático del edificio. Nos atendió en muy cancheramente, como era su manera de vivir, contra lo convencional que uno espera de un sacerdote, vestido de civil. Me impresionó mucho el color de sus ojos, su mirada, su actitud...Le confiamos la situación que viviamos con mi novia y luego de hablar de temas generales, de política, temas sociales, recuerdo que nos preguntó concretamente si creía en la religión, si creíamos en el rito, en el matrimonio como sacramento. Yo le dije que no y mi mujer también. Entonces nos dijo: “No se casen por iglesia. Es inútil, no se gasten”. Eso me dio un alivio muy grande, me resultó un esclarecimiento porque era tan sencillo y venía de la boca de un sacerdote que me desató muchos nudos que tenía en relación con la religión. A partir de ese momento comencé a seguirlo en su actividad y después me acerqué al trabajo que él efectuaba en las villas.

P: Lo conociste más profundamente trabajando con él en las villas?
R: Mi actual esposa, Silvina, trabajó con él ayudándolo en las villas, efectivamente en la villa de Retiro. A través de esa relación y del predicamento que tenía su trabajo, acerqué la parte musical a su villa. Llegamos a realizar dos o tres festivales inolvidables para mí para los que participaron. Recuerdo especialmente uno que se realizó un dia patrio de los bolivianos (en la villa había una gran cantidad de bolivianos). Se habían vestido con ropas típicas. Habíamos subido para cantar al techo de una de las pocas casas de material que había en la villa, habíamos improvisado un escenario. Cantaron, si la memoria no me falla: Roque Narvaja, Pedro y Pablo y el trío que hizo una zapada rockera: Spinetta, Pappo y Pomo. Piero estaba relacionado con el P. Mugica, pero no había asistido. Me acuerdo de ellos y de otros que quizás omita.
Después de ver bailar a los bolivianos con sus gorros tan típicos, el P. Mugica tomó el micrófono y les dijo que siempre se mantuvieran juntos, unidos porque el pueblo unido jamás será vencido.
Yo lo veía esporádicamente. Mi trabajo se “tocaba” con el de él, en ese tipo de ayuda que podíamos darle actuando, haciendo música para algún evento. Era la ayuda que le acercabamos. No tengo un contacto cercano personal como para un anecdotario más útil

P: Porqué decís que Carlos Mugica era un cura no convencional ?
R: Yo te estoy hablando del año ‘70-’71. Yo había estudiado en un colegios de curas convencionales, con sotana, actitud sacerdotal convencional, lo contrario a Carlos Mugica.
El P. Mugica era un sacerdote que estaba cerca del hombre. Vestía como hombre. Se movía como hombre y no como sacerdote.
En ese momento el sacerdote convencional estaba separado del hombre. Yo me había acostumbrado a ver -en mi infancia jugaba al fútbol en una sede de la Acción Católica- a sacerdotes detrás de sus sotanas, un poco como marginados de la actividad social, como unos personajes con una categoría aparte.
Descubrí en Carlos que había un acercamiento con el hombre que era lo que más me impresionó y apasionó de él. Lo tomé como modelo en su ‘profesión’, como un modelo del aggiornamiento, de la capacidad de situarse dentro de la realidad histórica del momento y de abandonar poses y tics que eran propias de cierta categoría clerical muy impuesta en el país, que era parte del pasado. Su actitud era revolucionaria, políticamente y en su diario vivir..
Eso fue lo que mas me impresionó del P. Mugica y fue también lo que me empujó a escribir una de las canciones más importantes de mi repertorio y que suele pedirme la gente, una canción que ya tiene veinte años: "Padre Francisco" inspirada en el P. Mugica. La canción habla de un sacerdote, no porque el personaje fuera Carlos sino que era lo contrario de él, pero que había que estimular para que se jugara al modelo. Haber visto a Carlos era como el paradigma de lo que tenía que ser un sacerdote tercermundista, un sacerdote de nuestro tiempo.
En "Padre Francisco" yo me refería a todos los sacerdotes jóvenes que yo había conocido en la Acción Católica. Era un modelo obsoleto de sacerdote, con sotana larga, ajeno a los cambios de nuestro tiempo y a las luchas sociales. La canción los instaba a transformarse en un Carlos Mugica.

P: Además de modelo de sacerdocio, que representó para vos Carlos Mugica?
R: Además de modelo de sacerdote, representó un ejemplo de lo que se logra cuando la fe se transforma en un arma de lucha práctica, real, cotidiana y no una entelequia filosófica o una especie de ideología inaplicada. Para mí, lo más meritorio del trabajo de Carlos Mugica fue la aplicación del Evangelio en lo cotidiano, el realizar tareas de ayuda al necesitado, organizarlos. Tal vez sea discutible desde distintas corrientes de opinión, los medios, los caminos políticos que eligió. Tal vez sean debatibles. A lo que no puede restarse méritos es a la aplicación práctica que él le dio a la palabra del Evangelio. A esa realidad operativa de poner manos a la obra, de organizar a la gente más necesitada y darles una satisfacción a sus necesidades postergadas: reparto de ropa, medicamento, alimentos, elementos inalcanzables para quienes no tienen posibilidades económicas.
La facilitación del acceso a todo eso, fueron ítems que supo manejar de una manera muy eficiente. Yo lo sé porque mi esposa estuvo cerca de él y solemos recordar la manera operativa con que se manejaba. El P. Mugica ponía en práctica lo que otros hablan en teoría y muere en una mesa de café o en un púlpito o en un libro, pero que no se hace realidad.

P: Qué sentiste en el momento de su muerte?
R: Sentí algo parecido a lo que sentí -paradójicamente- diez años después con la muerte de John Lennon aunque no tenga nada que ver un personaje con el otro. Sentí esa sensación de que hay gente que tiene una calidad humana que a veces no corresponde a la realidad planetaria en que vivimos; excede los límites de lo permitido en un planeta como este.
Lo primero que sentí fue una asociación con el martirio, con un mártir. Que su muerte era la de un mártir más en la historia de las religiones. Un mártir que abogó por una idea que en ese momento era demasiado jugada y tuvo sus consecuencias.
Me dolió mucho. Pero creo que cuando un mártir muere siempre es un poco como Cristo, que muere sabiendo que tenía que morir. El era conciente que estaba permanentemente acechado y creo que vino a cumplir una meta, enviado más allá de nuestros mezquinos parámetros históricos, a cumplir una función que no solo cumplía en vida, sino que sigue cumpliendo a través del trabajo como el de ustedes , que lo hace vigente y que va a seguir a través de las décadas, porque ya es un personaje histórico,como tantos próceres de nuestra historia.

P: No sentiste que con su muerte se cerraba una etapa?
R: El sembró una simiente. Eso es lo importante. A veces no se ve la consecuencia inmediata, el crecimiento, pero tanto en los laicos como en el clero joven, su trabajo ha ido fermentando. Lo que parecía que podía haberse interrumpido, en un momento en que sentimos que muchas cosas se marchitaban y se interrumpían, yo se que hay sacerdotes que siguen su ejemplo y continúan su línea de trabajo.
Lo rescatable es la actitud de Carlos: el sacrificio, la entrega, la abnegación con la que trabajó. Y eso es lo que lo hace más vigente, lo que lo eterniza.
Se agiganta más su trabajo el haber muerto mártir de las Tres A y lo proyecta hacia el futuro.

P: Tantos años después de su muerte, que ocurre con la figura de Carlos Mugica?
R: Creo que se ha ido acrecentando su imagen en la medida que las enormes sordinas y mordazas que impone el sistema, por conveniencias, han hecho de su imagen histórica algo marginal. Creo que está saliendo de la marginalidad para insertarse en la historia cercana más próxima.
Esa historia se va escribiendo todos los días, no es una historia que esté autorizada ni revisada. Es una historia muy cercana.
Su figura se va agigantando sobre todo si vemos los problemas reales que tiene la Iglesia Católica para acercarse a su pueblo; la interferencia de iglesias ‘intermedias’, desprendidas del Evangelio y saliendole al cruce al catolicismo y ‘secuestrandole’ feligreses como una respuesta a una falta de acercamiento de la Iglesia Católica . El vacío que tendían a llenar sacerdotes como Mugica y otros tantos que intentaron seguirlos y quedaron en el camino, también mártires. El trabajo de Carlos acercaba la iglesia al pueblo. Al escindirse esa aproximación se produce la presencia de sectas, de cultos alternativos, algunos hasta grotescos que llena vacíos que tiene el hombre común. La iglesia necesita ahora de sacerdotes como Carlos Mugica para recuperar la feligresía perdida.
Tal vez haya que revisar muchas de las actitudes clericales porque lo que todos creemos es en el acercamiento del hombre a Dios, del hombre común a la palabra de Dios, no a una ideología ni a un partido. Hay que revisar lo que se hizo con la imagen de Mugica y lo que todavía se puede hacer para reinvindicarlo.

P: Querés agregar algo, una última reflexión...
R: No, simplemente decir que los poetas y los cantores tratamos de sintetizar los sentimientos y las ideas a través de textos y canciones. Yo no puedo a través de este libro cantarte una canción, pero sí puedo dejarte unas palabras que me surgieron al enterarme que él había muerto. Escribí esta Elegía para Carlos Mugica, que es mi homenaje más sentido para alguien que me enseño mucho y que creo dejó huellas imborrables en su pueblo.

PRÓLOGO AL LIBRO EVITA: TESTIMONIO DE UN "EXTRA", DE AGUSTÍN CASTRO

LA MIRADA DE UN “‘EXTRA”
por Marcelo Speranza*

Con su habitual sencillez y bonhomía, Agustín Castro me solicitó, hace unas semanas, sobre las fiestas de fin de año, la no fácil tarea de escribir una suerte de prólogo al testimonio sobre su experiencia vital en ocasión de participar como “extra” en la película Evita, la versión cinematográfica de la ópera de Andrew Lloyd Webber, dirigida por Alan Parker.
En el momento de sentarme a escribir estas líneas la prensa anuncia la llegada de un equipo de la NHL -Nippon Hoso Kyokai-, la TV estatal japonesa, que viene a filmar un largometraje semidocumental sobre Eva Perón.
Entre ellos llega Akiko Kuno, una popular actriz nipón. También informa que en los EE. UU. setecientas salas están proyectando Evita, interpretada por Madonna y que el público, en su mayoría, es de extracción latina.
Mientras tanto, en España, esperan con ansiedad el estreno de la cinta Eva Perón, interpretada por Esther Goris.
Sin pretensiones de objetividad, el autor deja constancia de su experiencia como ‘extra’ en Evita, con el saber y el sabor de la autenticidad.
Autenticidad que se manifiesta en lo imborrable que ha sido para él la vivencia de actuar, compartir y asumir -con total independencia de sus convicciones y de su práctica política y social- los roles encarados desde su condición de ‘extra’.
Y digo independientemente, con toda intencionalidad, porque su participación en esta película está más allá de las consideraciones artísticas, ideológicas y políticas que el producto final de Alan Parker le merece, de acuerdo con lo que hemos conversado, café de por medio, en una de estas excesivamente calurosas tardes estivales de la gran urbe.
Castro va dejando fluir a través de la narración, sentimientos, ideas e impresiones, no obedeciendo más que a su voz interior.
Con una mirada candorosa, irónica por momentos, perspicaz siempre, el cronista trae hacia nosotros acciones y hechos de los que fue testigo.
Sus palabras son, en sentido estricto, relato, es decir evocación testimonial y se convierten también en crónica, con el sello del observador atento, del espectador desprejuiciado y del ansioso devorador del mundo que se le presenta.
EVITA, EL TESTIMONIO DE UN “EXTRA”, además, constituye un tributo a la labor sacrificada y anónima de los “extras”, ese oficio sin reconocimiento por parte gran público y considerado un trabajo ‘menor’ por ciertos sectores y concepciones actoriles.
Evocación y reinvindicación, entonces, que el novel autor vuelca en páginas breves y sentidas.

Buenos Aires, 16 de enero de 1997.

* Marcelo Speranza (1957) es periodista. Derechos humanos, movimientos políticos y sociales, pensamiento mágico -sectas, mitos, símbolos- son los temas sobre los que ha enfocado su labor investigativa en los últimos años. También escribió un Diario Poético (1989).

LA TIERRA ES REDONDA PINO - HUGO PRESMAN

Tengo afecto por Pino. Desde que veíamos como estudiantes y militantes universitarios su ópera prima “La hora de los Hornos”. Las largas charlas filmadas con Perón en Puerta de Hierro de actualización doctrinaria. O más tarde “Los hijos de Fierro”. O ya en democracia “Tangos: el exilio de Gardel”. Su oposición al menemismo que le costaron algunos balazos en sus piernas. Sus diversos intentos políticos con suerte adversa. Sus documentales sobre el vaciamiento de los noventa. Se pueden realizar algunas críticas sobre algunas apreciaciones pero indudablemente en eso Fernando, el cineasta, transita el vasto, contradictorio y apasionante campo de lo nacional y popular. Pino, el político, el que abrevó en Raúl Scalabrini Ortiz y Arturo Jauretche, en cambio como esos centrodelanteros menos dotados, cuando se acercan al arco, se les nubla la vista, erran el remate o suelen quedar en posición adelantada. Le sucedió con el conflicto entre el gobierno y la Mesa de Enlace, representante de franjas significativas de los sectores agropecuarios. El hombre y su partido que se proponen como una superación radicalizada del kirchnerismo, el que hace de la recuperación de los recursos naturales su caballito de batalla, llegado el momento decisivo, su hombre en el Congreso, el economista Claudio Lozano, votó en contra en diputados y realizó lobby sobre los senadores de Tierra del Fuego para orientarse en la misma dirección del voto no positivo del vicepresidente Cleto Cobos en el Senado. Quedar ubicado en la misma vereda que la Sociedad Rural y el Diario La Nación, más allá de los errores y limitaciones del gobierno, y cuando se estaba discutiendo el poder en la Argentina y la intervención del Estado en la economía es desplazarse del campo nacional y popular a directamente “el campo”. Luego vino un tímido arrepentimiento expresado en el programa radial EL TREN de Radio Cooperativa, donde al ser llevado contra las cuerdas recordándole a Scalabrini Ortiz, Jauretche, Manzi, Forja, y la posición de su partido en el tratamiento legislativo de la Resolución 125, el cineasta admitió: “En esos momentos de un debate de tantas horas… Yo hubiera optado, en un momento de división de aguas como ese, por una abstención.”
En ese mismo reportaje se le preguntó si en el futuro era invitado por Mariano Grondona a su programa televisivo, delimitaría las veredas señalándole su actitud golpista en el increíble diálogo que sostuvo con el presidente de la Sociedad Rural, en el cual ambos manifestaron sus dudas sobre la continuidad del gobierno luego del 28 de junio. Solanas contestó que si fuera invitado, no lo trataría porque su objetivo era exponer sus posiciones y no pelearse con Mariano Grondona. Cuando eso sucedió, luego del buen resultado electoral, y concurrió acompañado por la también diputada electa, la socióloga Alcira Argumedo, el ex compañero de Bernardo Neustad celebró su triunfo y dispenso elogios estruendosos a la profesora universitaria como aquél ¿ De dónde sacó esta mujer extraordinaria? ¿ Dónde la tenía escondida? El notable dirigente sindical Germán Abdala solía afirmar: “Cuando el patrón elogia a un dirigente sindical conviene que se pregunte ¿Cuando cagué a los compañeros?”
En el debate televisivo, previo a las elecciones, llamó la atención que mientras al gobierno nacional le arrojaba misiles, al de Mauricio Macri, en la Capital, sólo le disparaba balas de fogueo.
Justo es reconocer que en la estatización de los Fondos de Pensión, Claudio Lozano fue uno de los expositores favorables más brillantes y que se apoyó con críticas razonables la estatización de Aerolíneas.
y ahora con el proyecto de Ley de servicios de medios audiovisuales, se vuelve a posiciones dubitativas y esquivas. Lo único contundente y positivo fue que debía discutirse ahora. Por supuesto que hay objeciones lógicas que pueden y deben formularse para que mejoren significativamente la enviada por el Ejecutivo. Pero hay posturas inadmisibles en un hombre de la experiencia y los referentes que menta Pino Solanas. Invitado al programa “ A dos voces” conducido en Todo Noticias por dos empleados enfervorizados del multimedios Clarín, criticó duramente el proyecto omitiendo toda referencia a los propietarios, mientras se dispensaban un trato de amigos con los dos periodistas. Eso fue gratificado por el diario ariete del imperio mediático y de múltiples negocios, quienes el día jueves 10-09-2009 anunció su película en tapa y le dedicó la página central del suplemento de espectáculos. Semejante timidez provoca un fuerte signo de interrogación sobre la fortaleza del hombre que propone medidas radicales sobre los recursos naturales y no se atreve a realizar la mínima crítica sobre el principal conjunto mediático que lo invita en su papel de opositor.
Vuelve a tener una posición tenue sobre el gobierno de Macri que califica de regular o mediocre mientras que al gobierno nacional la artillería verbal llega hasta la traición.
Con relación a la increíble situación de un vicepresidente de la Nación que actúa como cabecera de playa de la oposición, Solanas sostiene en La Nación del 12-09-2009: “Cobos formó parte de la fórmula de un gobierno, de una alianza, que si bien se rompió, él también fue elegido por el voto ciudadano y no hay nada que diga que tenga que renunciar e irse". Sin embargo, el diputado electo admitió que "es una situación rara que Cobos sea el vicepresidente y al mismo tiempo aparezca como la figura que agrupa a un sector grande de la oposición". En cambio, el editorialista estrella del diario mitrista, Joaquín Morales Solá, con una agudeza y comprensión que falta en el análisis conífero, escribe el 13-09-2009: “El jueves último (Cobos) provocó un hecho institucional tan importante como su famoso desempate de hace más de un año, cuando empujó al Gobierno hacia la irreversible derrota en el conflicto con los ruralistas. Ahora juntó a casi todos los opositores al kirchnerismo peronistas y no peronistas para anticiparle al Gobierno que ellos rechazarán el proyecto oficial de ley de radiodifusión. Fue la primera vez desde el 28 de junio pasado que la oposición mostraba una estrategia frente al dominante kirchnerismo y exhibía una voluntad de poder.” Es mucho más que una “situación rara” Pino.
En síntesis: explosivo sobre un futuro lejano, pólvora mojada sobre la realidad inmediata.

LA TIERRA ES REDONDA PINO

En política, estimado Pino, como nos enseñara Jauretche, hay que saber distinguir el enemigo. Si nos confundimos los que pertenecemos a la clase media, los que somos propensos a ser sensibles a la intensa colonización cultural, los que tenemos una inserción especial en el aparato productivo y somos susceptibles a confundir los intereses, una brújula para discernir sobre nuestras posiciones es saber quién nos elogia. Si el aplauso viene de los que decimos combatir, si Clarín y Grondona te aplauden, si un periodista más que conservador como Martín Pittón se le caen los adjetivos superlativos sobre Claudio Lozano, si Mauricio Macri sólo te considera “pintoresco”, al Proyecto Sur se le descompuso la brújula. La tierra es redonda, Pino. Eso se sabe desde hace muchos siglos. Pero en política, muchos se olvidan y la consideran cuadrada. Como sostenía Armando Tejada Gómez, si uno se corre mucho a la izquierda termina abrazado a la derecha. Eso a veces pasa con tu discurso general. Últimamente, desde que obtuviste un meritorio segundo puesto en la ciudad de Buenos Aires, el triunfalismo te acortó la mirada.
Alineaste al voto antikirchnerista visceral por derecha y el voto progresista por izquierda. Como diría el genial Enrique Santos Discépolo: “Mezclao con Stavisky va Don Bosco y" LaMignón", / DonChicho y Napoleón,/ Carnera y San Martín...”
Atrajiste al volátil electorado porteño. Que está bien agruparlo para castigar a Macri. Pero no hay que hacerse demasiadas ilusiones, que con esa base de sustentación, que posiblemente ya no confluya en una próxima elección, se pueda tomar La Bastilla de Repsol y las Mineras. ¿Sabes una cosa Pino? El diagnóstico político debe hacerlo un clínico y no un especialista. A estos últimos lo definió muy bien un notable pediatra, el Dr. Florencio Escardó, que como humorista firmaba como Piolín de Macramé. Los definía como: “ Una persona que sabe cada vez más de cada vez menos. Al final sabe tanto de tan poco, que sabe casi todo de casi nada. Hacia él van los que saben casi nada de casi todo”. Vos miras todo por la cerradura de los recursos naturales, Jorge Rulli del Grupo de Reflexión Rural lo hace a través de la soja, los transgénicos, el glifosato y los pueblos fumigados, Elisa Carrió por el metro del honestismo y el ADN de la corrupción. Podría suscribir la mayor parte de lo tuyo y lo de Rulli. Y coincidiría con las aspiraciones teóricas de Carrió. Pero gobernar y calificar a los que gobiernan, además de contar con los actores sociales para impulsar los discursos, debe ser un todo. Y si uno no ve EL TODO, termina tirando el agua con el bebé. Tengo cierto pudor de señalarte, a vos consumado y prestigioso director cinematográfico, que una cosa es una foto y otra, muy otra, una película.
Los que hoy te aplauden y te elogian, los que te pasan el brazo por la espalda, son los que detestan al gobierno por lo que hizo bien (política de derechos humanos, no al ALCA, renegociación de la deuda, alejamiento del Fondo, alineamiento latinoamericano, retenciones, estatización de las AFJP, Aerolíneas, recuperación del espacio radioeléctrico, Correo, convenciones colectivas, ocupación del espacio público por las protestas sociales, sin represión, proyecto de medios de servicios audiovisuales, entre otros hechos positivos). Y es criticable, por limitaciones tan serias como la minería, el veto a los glaciares, el modelo sojero, la primarización del modelo productivo, el incremento de la desigualdad, los grandes bolsones de corrupción. Ahora bien: en el 2011, las alternativas triunfadoras posibles son Reutemann, Cobos, Carrió, Binner, Macri, Solá, De Narváez. Con una mano en el corazón, querido Pino: ¿Que quedará de lo que se avanzó? Los Grondona, Clarín, La Nación, los beneficiarios del modelo sojero, desmontarán uno a uno los pasos dados y te colocarán en la lista de indeseables. Si seguís con tus propuestas y te ven como un peligro, te quitarán los micrófonos y cámaras que hoy tan “generosamente” te ofrecen. Y no creo que pienses que estas “alternativas avancen sobre los usufructuarios de los negocios mineros y petroleros.
Somos grandes y sabemos que los preservativos se usan una vez y luego se tiran. Y hasta son capaces de acusarte por esperma derrochado.
Una cosa es ser la izquierda del campo nacional y popular y muy otra es ser la izquierda del establishment. Hay demasiados ejemplos en nuestra historia en donde la izquierda arrastró sus banderas colocándose del lado de los opresores. Esa que quedó asociada a la adjetivación de cipaya.
Hay que criticar al gobierno en sus errores y limitaciones, sin ser funcional a lo que lo detestan por sus virtudes. Agarrá de nuevo a Arturo Jauretche y Raúl Scalabrini Ortiz. Agregá a Abelardo Ramos y Jorge Spilimbergo. A Juan José Hernández Arregui y Rodolfo Puiggrós. A Manuel Ugarte y a Norberto Galasso. Y nunca está de más repasar a Perón y Marx. Y aunque te asuste también a León Trotsky. La idea de la unión latinoamericana, la gran propuesta de los libertadores del siglo XIX, pendiente en el siglo XXI, sobre la cual se han dado algunos pasos históricos, y que difícilmente siga avanzando sin Argentina. Pensá si en “La próxima estación” baja en la Casa Rosada vos o Mauricio Macri, con quién te manifestás tan moderado. Si, el que reivindica y se referencia en el presidente colombiano Álvaro Uribe, el preferido de Estados Unidos.
El colorado Ramos decía: “América Latina no está dividida porque es subdesarrollada, sino que es subdesarrollada porque está dividida”. ¿Crees que Clarín que hoy te elogia y que aborrece a Chávez, se sumará al proyecto latinoamericano?
La tierra es definitivamente redonda, Pino. Cuidado de confundir el cine con la realidad.
En tus documentales viajas inspirado por Jauretche y Scalabrini. Cuando tomas el tren de la realidad atravesada por las patéticas miserabilidades de las que hablaba Hipólito Yrigoyen, tenés como compañeros de viaje a Hugo Biolcati y Ernestina Herrera de Noble.
En la ficción, la trama la escribe el autor. En la realidad, los poderes económicos hasta que irrumpe el pueblo. Con la resolución 125 estuvieron en “La Nube”. Hay posiciones que pueden ser “Un (El) viaje” pero sin retorno al campo nacional y popular. “La mirada de los otros”, la que importa, no es la de La Nación, Clarín, Perfil o Crítica, la de Marcelo Bonelli o Gustavo Sylvestre, sino la de “Los hijos de Fierro”
Y cuando llega “La hora de los hornos”, no se debe equivocar el enemigo, ni se deben quemar los libros leídos que mantienen su vigencia, padecer una súbita amnesia para quedar bien con los que ponen el escenario mediático y son los dispensadores de prestigio.

lunes, 1 de febrero de 2010

METHOL FERRÉ: EL HEGEL DE CALLE BRECHA - JULIO FERNÁNDEZ BARAIBAR

Alberto Methol Ferré
por Julio Fernandez Baraibar - Causa Popular 

La hermosa tarde de este domingo se ha sacudido con una noticia infausta. Ha muerto Alberto Methol Ferré. Se nos ha ido el hombre que desde el Uruguay, desde la antigua Banda Oriental, iluminaba con su potente pensamiento la política del Plata.

Conocí a Alberto Methol Ferré en el año 1971, gracias a su amistad de hierro con Jorge Abelardo Ramos. El viejo Partido Socialista de la Izquierda Nacional hacía su congreso en el Hotel Rama de Río Ceballos, Córdoba, y Ramos lo invitó a hablar en una de sus sesiones. Todos nosotros habíamos leído ya su libro fundamental, El Uruguay como problema, y conocíamos, obviamente, su revelador artículo sobre la Izquierda Nacional en la Argentina.

Ese mismo año, habíamos hecho conocer sus reflexiones sobre la reunión del Episcopado Latinoamericano en Medellín, cuyas conclusiones sacudieron el polvoriento edificio de la iglesia católica de este continente. Con un grupo de amigos -Juan Carlos Bertinci, Luis María Cabral, Juan Carlos Ursi, entre otros- habíamos creado en la Facultad de Derecho de la muy reaccionaria Universidad Católica Argentina, la Agrupación Estudiantil Nacional y Social (AENYS) y el folleto de Methol fue nuestro bautismo de fuego.

Alberto Methol Ferré, el Tucho, fue un hombre singular. Nacido en Montevideo en un hogar de clase media, tuvo de compañero en la universidad al propio Jorge Batlle, lo que no impidió que sus convicciones políticas lo acercasen al partido Nacional, a los blancos y, dentro de ellos, al ala liderada por quien fuera el último caudillo de ese partido, don Luis Alberto de Herrera.

Al mismo tiempo, se convirtió al catolicismo y comenzó a desarrollar su admiración -que lo acompañó hasta hoy mismo- por el entonces presidente de la Argentina, el general Juan Domingo Perón. Él mismo ha contado el impacto que le produjo la publicación en Montevideo del célebre discurso de Perón ante los oficiales del alto mando del Ejército, el 11 de noviembre de 1953, en el que expone su concepción del Nuevo ABC. Por primera vez en la región, un presidente argentino, contra todas las teorías de los estados mayores, proponía una alianza estratégica con el Brasil y con Chile, como paso necesario para la integración del continente.

A partir de ello, el pensamiento político de Methol Ferré estuvo dedicado a consolidar, profundizar y extender en toda su arquitectura, la propuesta de Perón. Sus incursiones en la historia española y latinoamericana, sus análisis sobre el Uruguay y su historia, su abordaje a la Geopolítica, su frecuentación a Hegel y a Ratzer no tuvieron otra finalidad que abarcar en toda su extensión e implicancias la potencialidad que se encerraba en esta alianza estratégica.

En un país signado por un origen vinculado a las intrigas de Lord Ponsomby y a la irreductible estolidez rivadaviana, caracterizado por un laicismo raro en la región y en el que el imperio inglés permitió una suave democracia urbana y una fuerte miseria rural, Alberto Methol Ferré fue católico, federal, artiguista y blanco. Encontró en la prédica de Herrera contra el establecimiento de bases norteamericanas, en la década del 50, una vinculación entre las viejas banderas de Oribe de los tiempos del sitio de Montevideo y las nuevas tareas patrióticas exigidas por el reemplazo definitivo de aquel Lord Ponsomby por el nuevo Mr. Ponsomby, como, con gracia, definía la aparición del nuevo imperialismo norteamericano en las playas de Pocitos. Junto al viejo caudillo blanco, participó Methol Ferré de la campaña electoral que permitió el triunfo de Herrera junto a quien fundara el movimiento ruralista, Benito Nardote, conocido por su seudónimo radial “Chicotazo”. De esos años es el libro que publicara en nuestro país don Arturo Peña Lillo en la memorable colección La Siringa, “La crisis del Uruguay y el imperio británico”, de lectura aún hoy reveladora del Uruguay profundo, más allá del Cerro de Montevideo.

Compartió con Washington Reyes Abadie y Roberto Ares Pons la creación de la revista Nexo, en 1958. Desde ella comenzó a desarrollar aquellas tesis aprendidas del general argentino derrocado en 1955 y a concebir la función de su pequeño país, alguna vez Banda Oriental y alguna otra Provincia Cisplatina, como el nexo y la clave capaz de articular la unidad de la Cuenca del Plata. Justamente con este concepto dará inicio a la más trascendente y luminosa reflexión que se haya escrito sobre el papel histórico y el destino del Uruguay, su admirable “Uruguay como problema”. Así comienza el libro: “El Uruguay es la llave de la Cuenca del Plata y el Atlántico Sur, y la incertidumbre de su destino afecta y contamina, de modo inexorable y radical, al sistema de relaciones establecido entre Argentina, Brasil, Paraguay y Bolivia”.

Alberto Methol Ferré estaba dotado de una prodigiosa capacidad para la reflexión filosófica e histórica. En su cabeza los países, las naciones y los continentes eran protagonistas de una marcha contradictoria y agónica hacia la realización de su ser. Al modo de un Hegel contemporáneo, desde su mirador de la calle Brecha oteaba el horizonte americano, a la vez que prometía a su interlocutor que su misión en esa calle, llamada así porque fue por donde entraron los invasores ingleses de 1806 abriendo una brecha en el muro del fuerte, era impedir que, ya no los ingleses, sino los angloamericanos volvieran a ocupar la ciudad platina. Su poderosa mirada atravesaba las décadas, los siglos y las distancias. Era capaz de descubrir en el papel jugado por la isla de Cuba durante la colonia española, la importancia y el peso que la misma lograra en términos de geopolítica a partir de la Revolución. Frente a sus ojos se extendía un gigantesco mapa de nuestro continente que le permitía reflexionar sobre la necesidad del Brasil de sostener la revolución bolivariana de Chávez a efectos de impedir que la frontera de los EE.UU. se acerque peligrosamente a la Amazonia.

Al modo de Demóstenes, el orador paradigmático de la antigüedad, Alberto Methol Ferré había logrado una admirable capacidad de comunicación verbal que superaba por lejos la contumaz tartamudez que lo aquejaba desde la infancia. A poco de comenzar y después de su habitual chiste de ser un orador que se interrumpe a sí mismo, sus interlocutores quedaban hipnotizados por el prodigioso despliegue conceptual, la abrumadora capacidad de asociaciones y una erudición que se ocultaba en un lenguaje popular y llano.

A partir de la instauración de la dictadura en su país, perdió su alto cargo en la administración del puerto de Montevideo y se convirtió en uno de los más importantes intelectuales laicos del Episcopado Latinoamericano. Esa tarea le permitió recorrer nuestro continente en toda su extensión, conocer de cerca las distintas realidades de nuestros pueblos e investigar en su historia política y económica.

Lentamente su pensamiento comenzó a abrirse paso en el Uruguay, en la otrora llamada “Suiza del Plata”. A medida que bienestar de la semicolonia inglesa comenzaba a desaparecer y miles y miles de uruguayos emigraban a Europa y a Australia, cuando el país no podía ofrecerles un lugar bajo el sol, la prédica de Alberto Methol Ferré, su intransigente continentalismo, su desprecio a la “argentinidad”, a la “uruguayidad”, a la “chilenidad”, comenzaron a demostrar su valor y trascendencia. Fundador del Frente Amplio uruguayo, antes de la dictadura, la hegemonía que durante mucho tiempo ejercen el partido Comunista y los sectores liberales, lo alejan del mismo recluyéndose en su identidad blanca. La aparición de Pepe Mujica como caudillo del Frente y su candidatura presidencial lo acercaron nuevamente a aquellas filas y son muchos los comentarios acerca de sus reuniones con Pepe, hablando de lo que más sabía: la unidad continental, el Mercosur, la Unasur y el futuro de la Patria Grande.

Tuvo con la Argentina una relación más que fraternal. En el fondo Tucho Methol Ferré se consideraba un argentino oriental, como aquellos a los que estaba dirigido el llamamiento del general Lavalleja: “Argentinos Orientales: las Provincias hermanas sólo esperan vuestro pronunciamiento para protegeros en la heroica empresa de reconquistar vuestros derechos. La gran nación argentina, de que sois parte, tiene gran interés de que seáis libres, y el Congreso que rige sus destinos no trepidará en asegurar los vuestros”. Cultivó la amistad con grandes argentinos, como Arturo Jauretche, Jorge Abelardo Ramos o Fermín Chávez. Cuando sus viejos amigos se fueron retirando, mantuvo una activa y generosa relación con quienes formábamos parte de una generación más joven. Y hasta los últimos días mantuvo una enorme capacidad de trabajo y una incansable voluntad de transmitir sus conocimientos y sus reflexiones.

Los viajes a Montevideo no tendrán ya ese hálito de visitar la ciudad santa de Qom que tenían cuando aún vivía Alberto Methol Ferré. No volveremos a recordar con respeto a los monjes escoceses que inventaron esa exquisita agua de vida a la que llamaron, en su abstruso idioma, whisky. No volveremos a homenajear a la vida como lo hacíamos cada vez que terminábamos la velada. Ni volveremos de Montevideo con la cabeza llena de ideas, de luminosas metáforas, de las inesperadas asociaciones con que Methol nos devolvía a un Buenos Aires, que ha comenzado a extrañarlo.

Pero quienes lo hemos sobrevivido tenemos el compromiso de que ese sueño de unidad y justicia por el que luchó toda su vida pueda ser realizado en el espacio de una generación. Su inteligencia preclara y su lealtad nunca abjurada a esa causa nos dieron algunos de los instrumentos más preciosos para lograrlo.

Buenos Aires, 15 de noviembre de 2009

Diez lecciones estratégicas de la experiencia de Faluya

Todas las ciudades y aldeas iraquíes pueden levantarse contra las tropas de ocupación como se ha levantado Faluya [1]. Y no solo como se levantó Faluya en la primavera de 2003 [2], sino también como lo ha hecho en la primavera de 2004. El potencial y la capacidad del [presente] levantamiento es al menos igual que el de 2003, si es que no fue mayor hace un año. No es verdad lo que han afirmado dos [ex] altos oficiales de la Guardia Republicana [iraquí] en el canal al-Jazeera de que el levantamiento de 2003 no fue posible debido al severo desequilibrio de poder respecto a las fuerzas de la ocupación.
En realidad, la lección más importante que hay que extraer de la última batalla de Faluya es que las posibilidades del levantamiento contra el eje estadounidense-sionista -superior tecnológicamente y poseedor de la supremacía aérea- están presentes en todas las ciudades y pueblos árabes, como [ocurrió] en el Beirut de 1982 o en el campamento de Yenín en 2002. Pero transformar lo posible en realidad, lo probable en certeza, exige una resuelta voluntad por parte de quienes tienen que tomar las decisiones en la batalla, a fin de afrontar este reto y fundirse y formar un sólido bloque que no divida a la calle [árabe] ni a sus organizaciones armadas. Esto es lo que no ha sucedido en la mayoría de las batallas árabes, que han concluido en derrotas y fracasos.

Colapso de los Estados árabes y levantamiento popular

Una lectura mesurada de la resistencia permite ver que el denominador común en los casos en los que se ha producido un levantamiento exitoso contra el eje estadounidense-sionista en nuestra historia árabe es el colapso previo del aparato del Estado local de los países que han sufrido una invasión, desde Somalia a principios de los noventa, pasando por Líbano en los ochenta o [el colapso de] la Autoridad Palestina que favoreció la Intifada, hasta el Iraq de hace un año. Por lo tanto, es viable que el movimiento popular lleve las riendas de las iniciativas sin que exista autoridad local. Aún más, de hecho observamos que la vida política de la calle árabe ve debilitada su fuerza cuanto más fuerte es el aparato del Estado local ya que [esa fuerza] representa un peligro para la seguridad nacional. El papel del Estado local en el control de la iniciativa popular y de su desactivación tienen sus razones objetivas que van más allá incluso de la eventual voluntad de la cúpula del sistema por resistir, como ocurrió en Iraq.
En cualquier caso, hay capacidad de actuar para resistir; se han producido casos en los que el levantamiento contra el eje de EEUU y del sionismo ha tenido éxito y de ellos cabe destacar lo siguiente:
1. Confiamos en la fuerza de la calle árabe y no en los ejércitos organizados; en las armas ligeras y en los explosivos para hacer frente a las fuerzas enemigas organizadas que disponen de tecnología militar avanzada. La victoria es posible; no es verdad que quien dispone de la supremacía aérea gana los combates no convencionales. Por lo tanto, debemos evitar los enfrentamientos tradicionales donde no es posible vencer la superioridad tecnológica y aérea.
2. Nuestros combatientes son gente de la zona en que se desarrollan los combates y aunque hay varios voluntarios ajenos al área, no son mayoría. [A los combatientes] Se les facilita la integración entre los ciudadanos y vuelven a la acción cuando es necesario. Esto no lo pueden detectar los satélites, ni son [objetivos] fáciles de bombardear como se bombardean tropas estándar de tierra o aire. De esta manera, el árabe se convierte en un espectro político-militar que persigue al enemigo como una pesadilla.
3. Cuando el enemigo se adentra en las zonas urbanas y en calles y callejones estrechos pierde mucha de la ventaja tecnológica que le proporciona sus avanzados instrumentos militares. Ello concede ventaja a los que viven desde siempre en la zona y la conocen a fondo por lo que se mueven con una mayor flexibilidad. No es necesario inflingir al enemigo pérdidas mayores de las que tenemos que soportar nosotros para vencer. Lo que hay que lograr en que sus pérdidas estén por encima del listón que pueden soportar, tal como reza el principio de "pérdidas inaceptables"
4. El principal punto que nos debilita es la falta de organización y la débil planificación estratégica. Esto no sucede en los enfrentamientos con el enemigo, en la guerra de guerrillas, ni en las acciones suicidas, o de infiltración, o caza y muerte de grupos pequeños. En general son llevadas a cabo por iniciativa de un combatiente individual mediante su valor personal y su determinación. Esto nos sitúa por encima del enemigo, ya que cien mil árabes pueden vencer a diez mil soldados enemigos; cinco de los nuestros dejan fuera de combate a una brigada enemiga en la guerra de guerrillas o en los enfrentamientos urbanos. Esta es la diferencia entre nuestros combatientes y los altos estamentos militares [árabes] corruptos y faltos de credibilidad.
5. Es preferible una descentralización de las decisiones militares. Los enfrentamientos y largas operaciones de desgaste contra las fuerzas del enemigo se han sostenido porque se trata de zonas donde había una presencia de fuerzas locales implicadas en los combates, lo que les brinda la posibilidad de aumentar su popularidad porque cuentan con la decisión del entorno local facilitado por el apoyo popular que se les brinda. Este es el caso de Faluya y del campamento de Yenín. Ello significa que es preferible una descentralización de las decisiones militares dado que no existe un movimiento popular árabe organizado dirigido por una cúpula política y militar sólida y experimentada. Así, en estas circunstancias, el colapso del centro no lleva al colapso de las extremidades.
6. El enemigo no dispone de los medios necesarios para la guerra de guerrillas o los enfrentamientos urbanos o para luchar contra acciones suicidas; sólo puede vengarse en inocentes habitantes de una manera repugnante, poniendo así de manifiesto su derrota política y militar. Este hecho provoca: a) la radicalización y el reforzamiento de la posición de los habitantes [locales] indecisos y tibios; b) posiciona a la opinión pública árabe, musulmana e internacional en su contra; c) aumenta el apoyo a nuestros combatientes en su lucha; d) genera una situación de inestabilidad de sus intereses regionales e internacionales; e) [favorece] la pérdida de la iniciativa mediática fruto del empeoramiento de su imagen.
7. No todos los instrumentos de los que se sirve la ocupación tienen naturaleza militar. Sería estúpido rechazar la posibilidad de golpear los puntos débiles o los menos fortificados del enemigo como sus aparatos no militares, económicos o los que denominan civiles cuando en realidad tienen una naturaleza política o securitaria hostil. No todos los instrumentos de la ocupación tienen naturaleza militar, ni es inteligente que permitamos al enemigo que decida las reglas del juego cuando pretende delimitarnos la naturaleza de los objetivos que debemos elegir, mientras ellos [el enemigo]golpean como quieren. Esto es aplicable a los objetivos civiles sionistas en la Palestina ocupada, a todos los trabajadores árabes o extranjeros de empresas u organizaciones civiles que trabajan para la ocupación en Iraq. Estos objetivos le duelen al enemigo y le desconciertan en gran medida y hacen aumentar la presión de la opinión pública en su contra. El caso de los extranjeros secuestrados en Iraq ha hecho aumentar las movilizaciones exigiendo la retirada de [las tropas de] Iraq y obliga a los colaboracionistas de la ocupación a replantearse su posición o por lo menos a sus relevos.
8. El secreto del logro de la victoria es honrar las pequeñas victorias en los enfrentamientos con un enemigo superior tecnológica y logísticamente. Ello significa: a) mantener la consideración de que una larga lucha requiere una larga determinación; b) explotar sus puntos débiles [del enemigo], el más importante, el ser humano; c) movilizar los efectivos humanos y materiales disponibles para los intereses de la resistencia; d) mantener la firmeza del principio y la unidad de todas las fuerzas sobre la base de expulsar a los ocupantes; y e) consolidar el concepto del mutuo enfrentamiento en la lucha contra el eje de EEUU y el sionismo que no puede solucionarse sino mediante la fuerza.
9. El discurso idóneo para ganarse a la opinión pública enemiga es el discurso del principio firme y claro que exija el fin de la ocupación sin concesiones o condiciones. La forma de ganarse a la opinión pública del bando enemigo es aumentar sus bajas humanas hasta el punto que sea insostenible, y no mediante la súplica y la imploración o renunciando a los principios o estableciendo relaciones normalizadas o sospechosas [con el enemigo]. La retirada sionista del sur de Líbano sin condiciones ni exigencias es la mayor prueba de ello. Igualmente, la oposición a la ocupación en EEUU, incluida entre las filas de soldados y sus familiares, como manifestó el diario The New York Times en su edición de 11 de abril de 2004, aumenta según se incrementan las pérdidas estadounidenses en Iraq -y no a medida que se reitera la petición de una solución "justa y global al problema de Oriente Medio". Por lo tanto, el discurso idóneo para ganarse a la opinión pública enemiga es el discurso del principio firme y claro que exija el fin de la ocupación sin concesiones o condiciones, apoyado en las acciones militares.
10. Mientras la coacción nos divide, las diferencias doctrinales o regionales [árabes] aumentan las posibilidades de la derrota y debilitan la resistencia contra EEUU y contra el sionismo. Los hijos del pueblo que están dispuestos a inmolarse son un arma secreta que puede vencer muchos ingenios militares modernos. Nuestro pueblo árabe está dispuesto a prestarse a ello sin ambages pero requiere ver previamente una oportunidad o una referencia por la que sus sacrificios se conviertan en algo útil para la nación; que el sacrificio popular pueda anular los efectos de la tecnología militar; que la bomba humana sea la bomba atómica de los oprimidos; que la resistencia una a la nación. Mientras la coacción nos divide, las diferencias doctrinales o regionales [árabes] aumentan las posibilidades de la derrota y debilitan la resistencia contra EEUU y contra el sionismo. Las cúpulas políticas de la oposición árabe que coinciden en esta visión todavía no están al nivel de los retos a que tiene que hacer frente la nación.
Todo nuevo frente contra EEUU y contra el sionismo devuelve con insistencia aquella importante premisa que viene planteándose ante nuestros ojos desde hace décadas: la creación de un movimiento popular árabe organizado que sea capaz de asumir la responsabilidad de proteger la seguridad nacional [árabe] desde Marruecos a Bahrein, que sea capaz de prestar apoyo efectivo a todos los focos de resistencia, desde Faluya hasta Yenín. Una vez que el régimen local ha perdido su razón de ser, incluso para los que lo crearon hace un siglo, la batalla entre nosotros -los hijos e hijas de esta nación- y el eje estadounidense-sionista se ha trasformado en un enfrentamiento directo excepto para algunos esbirros. Ahora, o asumimos nuestra responsabilidad, o nos sumimos como esclavos en las tinieblas del [proyecto del] "Gran Oriente Medio" durante otro siglo.