miércoles, 17 de febrero de 2010

LA VOZ A TI DEBIDA - PEDRO SALINAS

Tú vives siempre en tus actos. 
Con la punta de tus dedos
pulsas el mundo, le arrancas
auroras, triunfos, colores,
alegrías: es tu música.
La vida es lo que tú tocas.

De tus ojos, sólo de ellos,
sale la luz que te guía
los pasos. Andas
por lo que ves. Nada más.

Y si una duda te hace
señas a diez mil kilómetros,
lo dejas todo, te arrojas
sobre proas, sobre alas,
estás ya allí; con los besos,
con los dientes la desgarras:
ya no es duda.
Tú nunca puedes dudar.

Porque has vuelto los misterios
del revés. Y tus enigmas,
lo que nunca entenderás,
son esas cosas tan claras:
la arena donde te tiendes,
la marcha de tu reloj
y el tierno cuerpo rosado
que te encuentras en tu espejo
cada día al despertar,
y es el tuyo. Los prodigios
que están descifrados ya.

Y nunca te equivocaste,
más que una vez, una noche
que te encaprichó una sombra
-la única que te ha gustado-.
Una sombra parecía.
Y la quisiste abrazar.
Y era yo. 

LA LLUVIA - JORGE LUIS BORGES

Bruscamente la tarde se ha aclarado 
porque ya cae la lluvia minuciosa. 
Cae o cayó. La lluvia es una cosa 
que sin duda sucede en el pasado. 


Quien la oye caer ha recobrado 
el tiempo en que la suerte venturosa 
le reveló una flor llamada rosa 
y el curioso color del colorado. 


Esta lluvia que ciega los cristales 
alegrará en perdidos arrabales 
las negras uvas de una parra en cierto 
patio que ya no existe. La mojada 
tarde me trae la voz, la voz deseada, 
de mi padre que vuelve y que no ha muerto.

DESENGAÑO DE LAS MUJERES - FRANCISCO DE QUEVEDO

Puto es el hombre que de putas fía,
y puto el que sus gustos apetece;
puto es el estipendio que se ofrece
en pago de su puta compañía.

Puto es el gusto, y puta la alegría
que el rato putaril nos encarece;
y yo diré que es puto a quien parece
que no sos puta vos, señora mía.

Mas llámenme a mí puto enamorado,
si al cabo para puta no os dejare; 
y como puto muera yo quemado,
si de otras tales putas me pagare;
porque las putas graves son costosas,
y las putillas viles, afrentosas.

PÁJARO AZUL - CHARLES BUKOWSKI



hay un pájaro azul en mi corazón que
quiere salir
pero soy duro con él,
le digo quédate ahí dentro, no voy
a permitir que nadie
te vea.

hay un pájaro azul en mi corazón que
quiere salir
pero yo le echo whisky encima y me trago
el humo de los cigarrillos,
y las putas y los camareros
y los dependientes de ultramarinos
nunca se dan cuenta
de que esté ahí dentro.

hay un pájaro azul en mi corazón que
quiere salir
pero soy duro con él,
le digo quédate ahí abajo, ¿es que quieres
hacerme un lío?
¿es que quieres joder
mis obras?
¿es que quieres que se hundan las ventas de mis libros
en Europa?

hay un pájaro azul en mi corazón
que quiere salir
pero soy demasiado listo, sólo le dejo salir
a veces por la noche
cuando todo el mundo duerme.
le digo ya sé que estás ahí,
no te pongas
triste.

luego lo vuelvo a introducir,
y él canta un poquito
ahí dentro, no le he dejado
morir del todo
y dormimos juntos
así
con nuestro
pacto secreto
y es tan tierno como
para hacer llorar
a un hombre, pero yo no
lloro,
¿lloras tú?

NO HE DE VIVIR POR SIEMPRE - CORNELIUS CASTORIADIS

LA CONDICION MORTAL EN LA PERSPECTIVA DE CORNELIUS CASTORIADIS
NO HE DE VIVIR POR SIEMPRE 

El hecho de la condición mortal es desestimado en nuestra cultura, señala el autor de esta nota, quien, citando al psicoanalista y filósofo Cornelius Castoriadis, observa que “aceptar la finitud, tanto del individuo como de las instituciones, forma parte del proyecto de autonomía que también caracteriza a la cultura occidental, a partir de los griegos y desde la Revolución Francesa”.

Por Narciso Notrica *

El tema de la mortalidad es tratado poco frecuentemente en nuestro medio: me parece merecedor de mejor atención. También he notado una muy pobre problematización en el ámbito médico y asistencial, lo cual es significativo ya que hoy en día la medicina, como institución, es la encargada, por la cultura, de procesar la muerte; no se concibe fácilmente una muerte sin asistencia médica. Es un tema que en general no existe salvo cuando excede algún encuadre, y entonces ya es un síntoma. Intentaré mostrar los desarrollos que hace al respecto Cornelius Castoriadis.
Un punto nodal es su idea de que la actitud ante la muerte proviene de una significación socialmente transmitida; él rechaza todo endogenismo en esta cuestión: “Nada hay en mí, nada mío y propio, que me diga que he nacido y que moriré, nada ‘psicológico’ y nada ‘trascendental’. El hecho de que nací y moriré es un saber esencialmente social (me lo dijeron o lo vi), que me es transmitido/impuesto; y que, por supuesto, el núcleo más íntimo de la psyché ignora sin más” (El mundo fragmentado, Buenos Aires, Altamira, 1993).
Castoriadis considera el reconocimiento y la aceptación de la mortalidad, tanto en la sociedad y en la cultura como en el individuo, como un requisito para el logro de la autonomía y de su corolario indisociable, la libertad. El desarrollo de la cultura está explicado como una de las principales defensas contra la asunción de la mortalidad, y estas defensas se perpetúan transmitidas por el pensamiento “heredado”.
Castoriadis trasciende los desarrollos freudianos, que habían asignado a la religión el papel más importante ante la mortalidad, cuando llega a concebir la cultura como algo defensivo frente al reconocimiento de aquélla: la cultura, en la que estamos incluidos, prescribe ritos y significaciones cuyo sentido es evitar la aceptación de la muerte propia o de las instituciones y sus significados. Es posible que esta idea se acerque a dar cuenta de la pobre dedicación que recibe el tema.
Aproximándonos más al punto de vista clínico, y para explicar la interminabilidad de los análisis que devienen interminables, Castoriadis enuncia que hay una imposibilidad de ambos, analista y paciente, en aceptar la mortalidad, ejemplificada en el dejar paso al que deviene nueva persona y, como tal, extraño y desconocido. En la cultura actual hay un rechazo, que puede hacerse presente también en un análisis, de los riesgos inherentes a la autonomía, a la libertad y, en consecuencia, al vivir. La aceptación de estos riesgos significa quedar al borde del abismo generado por la pérdida de sentidos, tanto aquellos transmitidos-constituidos por lo histórico social y con los que el sujeto se identifica, como aquellos que ha creado y tienen mayor individualidad. El logro de la aceptación constituye el fin-de-análisis, en los dos sentidos, como objetivo y como terminación del proceso, en que puede usarse esta expresión, y por esa misma razón son la “roca viva” –como la denominaba Freud– en la que puede quebrarse el análisis. Se puede entender con esta base la impasse analítica y las situaciones que se han denominado como reacción terapéutica negativa, ya de otra manera que como expresión más o menos directa de la “pulsión de muerte”.
La asunción de la condición de mortalidad es un requisito previo a la posibilidad de la autonomía, tanto en el nivel individual como para el establecimiento de sociedades autónomas. Castoriadis entiende que las actuales condiciones de desenvolvimiento de nuestra cultura son precisamente las contrarias a tal posibilidad. La idea de progreso ilimitado y las significaciones de seudorracionalidad y seudodominio del hombre y de la naturaleza están básicamente al servicio de negar la mortalidad. Forman parte y se transmiten a través del “pensamiento heredado”.
Pero la cultura occidental, al entender de Castoriadis, es la única que posee, al lado de un proyecto hegemónico capitalista, otro proyecto de desarrollo de la autonomía del hombre y de la formación de sociedades autónomas. Este proyecto es derivado de aquellos momentos de autonomía presentes en la democracia griega y en la Revolución Francesa. Como parte de una ética de la mortalidad, propone crear significaciones y sentidos que reemplacen a los que están perdidos, generar así “tipos antropológicos” complementarios a esas nuevas significaciones, trabajar en función de promover el desarrollo de autonomía. El reconocer obligaciones con generaciones futuras, basadas en la deuda con las que nos antecedieron, es una base para construir posiciones éticas alrededor de este problema. Freud, quien definió al ser humano como “derechohabiente temporario de una institución que lo trasciende”, marca un antecedente para tal postura. Castoriadis le asigna al psicoanálisis, como actividad práctico-poiética (es decir, de creación) un papel en el desarrollo del estado autónomo de subjetividad reflexiva y deliberante que es, a su entender, el funcionamiento mental más desarrollado.
Las sociedades heterónomas postulan significaciones en las que hay algo eterno –Dios, la patria, los laureles, la lengua, etcétera– que funciona como figura identificatoria. Sobre estas figuras rige la “clausura”: una imposibilidad de que sean cuestionadas, en tanto se explican a sí mismas como “causas”. El proyecto social está impregnado de visos de eternidad, porque asumir la disolución y la muerte de ese proyecto, de las significaciones, de la nacionalidad, es rechazado. Resolver esto, es decir, darle otro curso, requeriría instituir nuevas significaciones que permitieran cambiar nuestras relaciones con la vida y la muerte. Se puede así plantear la posibilidad de una “muerte trófica”.
En esta manera de entender, Castoriadis sigue en mucho a Octavio Paz: “Nuestra muerte ilumina nuestra vida. Si nuestra muerte carece de sentido, tampoco lo tuvo nuestra vida. La muerte es intransferible como la vida. Si no morimos como vivimos es porque realmente no fue nuestra vida la que vivimos: no nos pertenecía como no nos pertenece la mala suerte que nos mata. Dime cómo mueres y te diré quién eres. [...] La vida, colectiva o individual, está abierta a la perspectiva de una muerte que es, a su modo, una nueva vida. La vida sólo se justifica y trasciende cuando se realiza en la muerte. Y ésta también es trascendencia, más allá puesto que consiste en una nueva vida. [...] La muerte moderna no posee ninguna significación que la trascienda o refiera a otros valores. En un mundo de hechos la muerte es un hecho más” (“Todos santos, día de muertos”, en El laberinto de la soledad).
En la cultura actual, la muerte juega el papel que en tiempos de Freud ocupaba la sexualidad: algo a ser negado y escotomizado. La sexualidad, en tanto representa y evoca el paso de las generaciones, remite a la muerte, o finitud individual, y por eso también es motivo de defensa. La relación sexo-muerte tiende también a erotizarse al servicio de la defensa.
El aceptar la finitud, tanto del individuo como de las instituciones y significaciones sociales, es una fuerte renuncia narcisística. Para que esta renuncia forme parte del proyecto autonómico debe ser transformada en autolimitación, lo cual requiere un trabajoso esfuerzo elaborativo, vale decir, de creación de nuevas significaciones. La muerte es un sinsentido y nuestra mente no puede aceptarlo fácilmente. Se tolera más y mejor un sentido negativo que un sinsentido.
El valor culturalmente asignado al “progreso” y a la prolongación de la vida ha creado en la sociedad occidental actual un vacío; el progreso como valor ha entrado en crisis, ya no es aceptado, se descree de él y la experiencia ha demostrado que no se traduce en mejores resultados para la humanidad. La situación generada con la cada vez menor provisión de suministros sociales sostenedores, así como las dificultades de inserción e inclusión, plantean el interrogante de cómo se resolverá tal vacío (en términos de Castoriadis: insignificancia).
Parafraseando un modelo freudiano encuentro que, respecto de la muerte, es posible distinguir tres polaridades: vida/muerte, vitalidad/mortalidad e inmortalidad/ mortalidad. La polaridad vida/ muerte es quizá la más transitada por el psicoanálisis, a partir de los términos “pulsión de vida/pulsión de muerte”; representa estados sustantivables, más bien fijos y definibles. Creo, además, que, en este contexto, vida y muerte han adquirido características polisémicas que a veces trivializan su significado.
La polaridad vitalidad/mortalidad se puede relacionar con la melancolía, dado que la identificación con el objeto perdido disminuye la vitalidad y genera un muerto eterno que, paradójicamente, no muere nunca. También forman un par complementario, en tanto estamos hablando del reconocimiento y la aceptación de la mortalidad como requisito para una vitalidad autónoma, de la que la mortalidad es un ingrediente necesario.
La polaridad inmortalidad/mortalidad parece ser la más cercana al punto de vista que nos interesa: se acerca al paradigma que parte de un estado originario, la mónada, primariamente inmortal y omnipotente, que como parte de un desarrollo puede o no llegar a una aceptación de la mortalidad, lo cual será acorde con el logro de otros puntos de funcionamiento autónomo. Pienso también en una inmortalidad secundaria, que aparece en mitos y obras literarias y artísticas. Puede llegarse a ella a través de pactos y está ligada con vivencias de encierro, monstruosidad y castigo. Es el caso de Fausto, en sus distintas versiones. En el caso del Holandés Errante, es más bien un castigo despersonalizante y desvitalizante: un vivir interminable, una condición de muerto en vida que necesita una intervención salvadora para rehumanizarse recuperando la posibilidad y la capacidad de morir.
 
* Fragmento de “Finitud y mortalidad en Castoriadis”, incluido en Insignificancia y autonomía. Debates a partir de Cornelius Castoriadis, por Yago Franco, Héctor Freire y Miguel Loreti (coords.), de reciente aparición (ed. Biblos).

LA MUCHACHA DEL BALCÓN - JUAN GELMAN


La tarde bajaba por esa calle junto al puerto

Con paso lento, balanceándose, llena de olor,
Las viejas casas palidecen en tardes como ésta,
Nunca es mayor su harapienta melancolía
Ni andan más tristes de paredes,
En las profundas escaleras brillan fosforescencias como de mar,
ojos muertos tal vez que miran a la tarde como si recordaran,
eran las seis, una dulzura detenía a los desconocidos,
una dulzura como de labios de la tarde, carnal,
carnal,
los rostros se ponen suaves en tardes como ésta,
arden con una especie de niñez
contra la oscuridad, el vaho de los dancings.

Esa dulzura era como si cada uno recordara a una mujer
Sus muslos abrazados, la cabeza en su vientre,
El silencio de los desconocidos
Era un oleaje en medio de la calle
Con rodillas y rostros de ternura chocando
Contra el "New Inn", las puertas, los umbrales de color abandono.

Hasta que la muchacha se asomó al balcón
de pie sobre la tarde íntima como su cuarto con la cama deshecha
donde todos creyeron haberla amado alguna vez
antes de que viniera el olvido. 

MIENTRAS ESCRIBO - MARCELO SPERANZA

Escribo mientras zozobro absorto en tu mirada,
Recordando las últimas noches.
Insomne, tibio, afiebrado.
Evocando tu voz jamás antes escuchada.
Presintiendo unos ojos que no olvido
Y palabras que en tantos años no acudieron a mí.

Escribo mientas la galaxia prosigue su navegar,
Irreductible a las pequeñas y grandes alegrías.
Quiero dejar sellado “algo” que desde nos “conocemos”
Va sedimentando en este corazón.

¿Hablo yo o habla mi corazón?
Es El quien habla y ordena.
Trastocado en su centro, pierde las dimensiones de lo humano,
Para elevarse hasta Lo Inefable.

Es El quien padece las consecuencias
Del temporal de Amor que lo azota,
De la lluvia de aguzados goterones.
De esta enfermedad mortal
Que vivencia tan gozosamente.

Y hasta aquí llegan tus signos,
Mujer primaveral:
Lo nimio se vuelve sagrado,
Y lo sagrado, cotidiano, cercano.

¿Cuánto tiempo ha pasado desde que acaecimos
En el espacio virtual? ¿horas, años, decenios?
¿O he dibujado un eterno presente
Que creo irreal por su delicada magia?

¿Es real este tiempo?
¿Son reales tus palabras,
Salvíficas, abarcantes, que sanan mis heridas?
¿O es acaso el milagro de tu irredenta primavera
Que nunca va a declinar?

¿Existe verdaderamente este cordón de oro
que cuido como a una paloma,
amenazante de fortificaciones vanamente construidas?

En esa mujer celeste conviven la dulzura y la fuerza,
La alegría y la furia, la certeza y lo imprevisible,
La ternura y los sonidos de la sangre.

¿Existe esa mujer? ¿O la edifiqué en días luminosos,
Cuando el peso del dolor cedió paso a la aurora?

¿Es real este tiempo?
¿Es real esa mujer-ángel cuyos pasos livianos y sus alas
son apenas visibles en el aire?

Si yo la soñara no podría ser más semejante a mi sueño:
Fervor que ha derribado la distancia.
Pasión que avanza al galope de un tropel de caballos.
Sutileza que arrasa el canto melancólico.
Aura dorada que clarea como álamo.
Ternura que destrona antiguas certidumbres. 

FUNERAL BLUES - W. H. AUDEN

Detengan los relojes
desconecten el teléfono
denle un hueso al perro
para que no ladre
Callen los pianos y con ese
tamborileo sordo
saquen el féretro...
Acérquense los dolientes
que los aviones
sobrevuelen quejumbrosos
y escriban en el cielo
el mensaje...
él ha muerto.

Pongan moños negros
en los níveos cuellos de las palomas
que los policías usen guantes
de algodón negro

Él era mi norte mi sur
mi este y oeste
mi semana de trabajo y mi
domingo de descanso
mi mediodía, mi medianoche
mi conversación, mi canción

Creí que el amor perduraría
por siempre.
Estaba equivocado.

No precisamos estrellas ahora...
Apáguenlas todas
Envuelvan la luna
desarmen el sol
Desagüen el océano y
talen el bosque
porque de ahora en adelante
nada servirá

jueves, 11 de febrero de 2010

EL ASOMBRO - MARCELO SPERANZA

EL ASOMBRO
                                         “El verdadero viaje de descubrimiento no consiste en buscar nuevos paisajes sino nuevos ojos”.  Marcel Proust. 

Durante siglos la lluvia ha caído
Sobre nosotros
Lloviendo y lloviendo, hemos visto deambular
Los cuerpos encendidos, las madrugadas y los trenes.
Ellos nos llevaron por caminos de viento.
Partimos hacia donde el llamado de la sangre
Nos convocara.
Prevalecieron el sueño, el dolor, y apenas, la dicha.


Yo lo sé porque he mirado desde el corazón.
Desde el sitio de tus ojos he mirado.
Desde el tibio río de tus ojos he mirado.
Y sigo mirando.
Desde una copa vacía, en albas desoladas
He mirado.
Transitando las calles de una ciudad humana
He mirado.


Y he mirado tu pasado: reconstruyendo los días de lluvia,
Los días de adolescencia y los tiempos del primer amor,
Cuando, ¡oh pasajera!, te dormías en atardeces arbóreos.
Si me preguntaras -porque todo lo preguntás- cómo lo sé,
Te diré: a través de tus ojos lo he mirado.


Desde el tibio río de tus ojos he visto
Antiguos universos en expansión,
Los azules árboles reverdecer,
El viento posarse en las avenidas,
Los trabajos de la existencia humana,
Las edades,
El núcleo de la Tierra enfriándose,
Los asteroides caer a mil corazones de energía.


También visto el llanto.
Abrazar la piedra,
Cubrir la vida con un océano de vida,
Deambular por pasillos y paredes blancas,
Entrar a cuartos asépticos
Y celebrar el bautismo de un nuevo día.


Durante milenios, siglos y días
La lluvia ha caído sobre nosotros.
Lloviendo y lloviendo sobre el alma,
Tantas veces a la intemperie porque no hay
Refugio donde cubrirla,
No hay descanso para concederle,
No existe conjuro que aleje el odio
y las devastaciones.


Como animal herido
Me alimento de mis poderes,
Me nutro del agua del temporal,
Suelo acostarme en los empedrados y en las plazas,
y duermo la vigilia de mis sueños.


Me expongo a la lluvia.
Quiero la lluvia.
Aunque tu luz va poco a poco secando los goterones
Y alejando los aguaceros.
Aunque el resplandor de estos días
Me desnude las excusas.


Por que, con tanta luz ¿cómo guardaré mi
Transfigurada melancolía?
¿qué preguntas fingiré a la desterrada tristeza?
¿Qué canción o elegía recitaré?
¿Cuánta muerte arrojaré en su lugar?


Iluminás mi mirada pluviosa,
Hacés brillar mi espejo nocturno,
Poblás de sol mis jardines abandonados.
Pero yo no te exalto,
Ni creo alrededor tuyo un ídolo
Al cual adorar.


Agradezco que haya amanecido.
Doy gracias por el día
por el equilibrio inestable
de luz y noche,
de alegría y desdicha,
de lo solar y lo lunar,
de lo fasto y lo nefasto.


Agradezco que me ayudes
A mirar por tus ojos,
Descubriendo nuevos abismos
Y horizontes a los que no creí llegar.

jueves, 4 de febrero de 2010

ROBOTS EN LUGAR DE SOLDADOS EN EL EJERCITO YANQUI



Sondas robóticas, detectores de minas y sensores son ya comunes en las guerras. Ahora, Israel y Corea del Sur empiezan una fuerte carrera robótica. Para 2015 dicen que EE.UU tendrá la mitad de su Ejército conformado por robots.
«Las unidades militares estadounidenses serán mitad humanas, mitad robóticas en 2015», es la predicción que Peter Singer, experto en la revolución robótica dentro del Ejército, hizo en el salón de la Tecnología, el Entretenimiento y el Diseño (TED) de California. Esta reunión sobre avances tecnológicos reúne cada año a las personalidades más importantes del sector.
Singer avanzó que los robots irán ganando sitio en los Ejércitos en los próximos años. Esta es una posibilidad que, por un parte, tiene obvias ventajas, como la reducción de las bajas. Pero también tiene características que la hacen inquietante. Los robots no tienen piedad ni compasión. Pueden ser, literalmente, máquinas de matar.
Hay muchas preguntas sin respuesta en esta historia, pero ni eso la hace detenerse. Según Singer, en este momento «EE.UU. está en cabeza del desarrollo de esta tecnología, pero en tecnología no existe la ventaja permanente», afirma. Y añade: «Rusia, China, Pakistán e Irán también están desarrollando robots soldados».
Y hay un aspecto más que a Singer le preocupa, la relación que puede llegar a haber entre robots soldado y terrorismo. «No tienes que decirle a un robot que encontrará 72 vírgenes en el paraíso para convencerlo de que explote», dijo. Sobre cuándo va a suceder todo eso, la respuesta de Singer es que ya está sucediendo (en la guerra de Irak se ha pasado en cinco años de cero a 12.000 sistemas no tripulados).


Terminator


La robótica es el camino hacia el futuro. Pero eso no significa que se utilicen para lograr la apreciada -y por menos, utópica- paz mundial. En Israel y Corea del Sur, los científicos ya piensan en reemplazar a los soldados por robots, quienes se convertirán en los protagonistas de los campos de batalla.

“Mi hipótesis es que los robots inteligentes pueden tener un mejor comportamiento ético en el campo de batalla del que actualmente son capaces los humanos”, indicó Ronald C. Arkin, ingeniero en computación del Tecnológico de Georgia, quien desarrolla software para robots de combate bajo un contrato con el ejército.

Sondas robóticas, detectores de minas y sensores son ya comunes en el campo de batalla, pero son controlados por humanos. Muchos de los artefactos en Irak y Afganistán son operados desde un comando en Nevada (Estados Unidos).

Pero Arkin habla de robots verdaderos operando en forma autónoma, por sí mismos. El y otros científicos señalan que la tecnología para construir robots autónomos letales es barata y está proliferando, y que la aparición de estos androides en el campo de batalla es sólo cuestión de tiempo.

Noel Sharkey, especialista en computación de la Universidad de Sheffield en Gran Bretaña, escribió el año pasado en una revista especializada que “no se trata de ciencia ficción estilo Terminator sino de una triste realidad”. Y agregó: “Corea del Sur e Israel se encuentran entre los países que ya están desplegando guardias fronterizos robotizados. Hay una carrera por desarrollar robots de combate que tomen sus propias decisiones sobre cuándo atacar”.

Randy Zachery, titular de la dirección de Ciencia Informática de la Oficina de Investigación del Ejército, que financia el trabajo de Arkin, dijo que el Ejército espera que esta “ciencia básica” muestre cómo los soldados humanos pueden usar e interactuar con sistemas autónomos y cómo podría desarrollarse un software para “permitir que sistemas autónomos operen dentro de los límites impuestos por el combatiente”.


En un reporte entregado al ejército el año pasado, Arkin indicó que los robots podrían ser diseñados para carecer de instinto de supervivencia y, en consecuencia, de tendencias a hundirse en el temor. Pueden ser construidos sin ira ni imprudencia, agregó. Los robots podrían ser “asistentes de combate” que realicen las labores más peligrosas.

Pero antes tendrían que ser programados con reglas acerca de cuándo es aceptable hacer disparos y en relación con metas más complicadas y emocionales, como distinguir a civiles, heridos o a alguien que se está rindiendo.



FUENTE: EL MALVINENSE